Cristianismo y nueva derecha en Europa

Cristianismo y nueva derecha en Europa

Hans SchelkshornEn numerosos estados los partidos de la nueva derecha (ND) determinan de manera creciente el acontecer político. Los movimientos de Le Pen, el bloque flamenco, el FPÖ austriaco y, más recientemente, la AFD alemana cuestionan la democracia liberal y el proyecto de paz de la Unión Europea. Estos partidos no han surgido de la nada sino del vacío moral que la ideología neoliberal ha dejado tras de sí en los últimos treinta años. En este periodo se ha vaciado la sustancia moral tanto de la socialdemocracia como de los partidos de la democracia cristiana. En resumen: así como el fascismo fue una reacción al liberalismo desenfrenado, la ND es una respuesta al neoliberalismo.

A esto se ha sumado la masiva llegada de refugiados que huyen del derrumbamiento del Próximo Oriente y del Medio Oriente y de la inestabilidad de numerosos estados africanos, lo que ha alimentado aún más el ascenso de partidos de la ND, algunos de los cuales han sido los más votados en sus países.

Sobre la ideología de los movimientos de la ND

Tanto la opinión pública como la ciencia política los califican despectivamente de “populistas”. Una denominación que, por muy bien establecida que haya quedado, considero sin embargo problemática. En efecto, la palabra “populismo” sugiere una política ampliamente desideologizada, que se adapta a las opiniones cambiantes del “pueblo”. En otras palabras, la ideología del populismo consiste en no tener ninguna ideología firme. Ahora bien, creo que tal diagnóstico es una peligrosa minimización de lo que estos partidos representan.

Muchos analizan el fenómeno a la luz de categorías psicológicas (resentimiento contra los extranjeros y contra los partidos “establecidos”, miedo a la decadencia de la clase media, etc.). De vez en cuando, son percibidos como correctivos de las estructuras enquistadas de los partidos establecidos en la democracia, de tal manera que, como movimientos de protesta, no tendrían ambiciones de gobierno. Aunque no sean análisis falsos, minusvaloran la visión ideológica que tienen del mundo.

De acuerdo con Jan-Werner Müller, percibo en la ND una determinada ideología ciertamente flexible pero que mina peligrosamente los principios y valores de las democracias del estado de derecho, tal como se han construido en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

La concepción fundamental de la ideología de la ND ha surgido en Francia, en el círculo del movimiento presidido por Le Pen. Y ha sido sobre todo Alain de Benoist, uno de los ideólogos de la Nouvelle Droite, el encargado de formularla: una concepción que diferencia estrictamente la ND del antiguo fascismo de entreguerras que se construyó sobre dos pilares. En primer lugar, eran abiertamente antidemocráticos. Tenían por meta derrocar la democracia, recurriendo a la violencia si fuera necesario. En segundo lugar, se fundamentaban en el racismo. La ND prescinde de estos dos principios fundamentales del fascismo y adopta los derechos civiles y la democracia. Renuncia, por tanto, a la toma de poder empleando la violencia y se somete a los resultados de las elecciones democráticas. Además, sustituye el “antiguo” racismo por un “etnopluralismo”, promoviendo el reconocimiento de las diversas etnias y culturas, cada una en su correspondiente territorio. Un concepto clave de la ND es la preservación de la “unión étnica” de una nación. Desde 1986, junto al movimiento de Le Pen, el FPÖ austríaco se ha convertido en uno de los más importantes protagonistas de la ND europea. Jörg Haider, su líder, expresó de manera precisa el núcleo de este pensamiento: «si la política no se construye sobre principios étnicos, no le aguarda ningún futuro a la humanidad».

Aún así, entre los mismos partidos que defienden los principios mencionados, la cuestión de cómo se determina la etnia desde el punto de vista conceptual es todavía objeto de controversia. De Benoist, por ejemplo, representa un punto de vista anticristiano, decididamente “pagano”, de la nación francesa. Mientras que otros, entre ellos el FPÖ, se han vuelto hacia el cristianismo, erigiéndose en defensores del Occidente cristiano en su lucha contra el islam.

El peligro de los planteamientos de la ND consiste en que la interpretación étnica de “nación” o de “pueblo” es prioritaria, poniéndola por encima de los derechos humanos. De Benoist habla precisamente de la «ideología de los derechos humanos», criticándola como una secularización de la moral cristiana. El ideal de fraternidad, que juntamente con el de libertad y el de igualdad, es una de las tres columnas de la Revolución francesa, debe limitarse, según él, a la nación. Por ello, los partidos de la ND cuestionan la universalidad de los derechos humanos.

Más todavía, consideran que su interpretación étnica de “pueblo” o “nación” es el fundamento del Estado, y por tanto debe asegurarse con medios estatales. Debido a ello, el FPÖ ha promocionado transitoriamente en su programa electoral un “derecho a la patria”, que debería añadirse a la lista de los derechos humanos. Así se abre de golpe un resquicio para una política autoritaria. Ahora bien, el “derecho a la patria” no es ningún derecho humano que deba imponer el Estado ni que pueda reclamarse judicialmente. En una democracia pluralista, los conceptos “patria” o “identidad nacional” son más bien objeto de debate público y se basan en determinados derechos humanos, sobre todo el de la libertad de opinión y de reunión. En el “derecho humano a la patria”, que parece tan inofensivo, se esconde una carga explosiva extremadamente peligrosa que, a largo plazo, mina las democracias del estado de derecho, transformándolas en sistemas autoritarios. De hecho, Jörg Haider reivindicó el establecimiento de una “tercera república”.

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Imagen extraída de: La Vanguardia