A más calor, menos aire acondicionado

A más calor, menos aire acondicionado

José EizaguirreLa ola de calor de este mes de junio ha disparado las ventas de ventiladores y aires acondicionados en España (Expansión/Europa Press), “sobre todo en los distribuidores que disponen de entrega rápida”. La reacción de los consumidores es refleja e inmediata: a más calor, más gasto en refrigeración. Así, sin detenerse, sin más consideraciones: a más calor, más aire acondicionado. Así de simple. Así de suicida. En el capítulo primero de la Laudato si, “Lo que le está pasando a nuestra casa”, hay un epígrafe titulado “la debilidad de las reacciones”, en el que el papa Francisco se lamenta y advierte:

“Hay más sensibilidad ecológica en las poblaciones, aunque no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo, que no parecen ceder sino que se amplían y desarrollan. Es lo que sucede, para dar sólo un sencillo ejemplo, con el creciente aumento del uso y de la intensidad de los acondicionadores de aire. Los mercados, procurando un beneficio inmediato, estimulan todavía más la demanda. Si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida” (Laudato si, 55).

El título de este artículo es deliberado. A más calor… deberíamos ser más conscientes de lo que está pasando. «Hola, soy el Cambio Climático y os envío 40º a principios de junio porque ya no sé cómo deciros las cosas», es el texto de una ácida viñeta que ha circulado estos días por las redes electrónicas. A más calor… más forzados deberíamos estar a pararnos, tomar aliento, secarnos el sudor… y ser conscientes de qué es lo que está pasando. Y tal vez entonces recordemos que desde hace una década cada año es el más caluroso de la historia desde que se tienen registros. Y tal vez recordemos lo que los científicos llevan décadas advirtiendo: que existe un cambio climático producido por la emisión de gases de efecto invernadero debidos a la actividad humana. Y tal vez nos venga a la memoria el dato de que desde hace años cada vez es más frecuente que el pico de demanda energética en España no se produce en invierno, como venía ocurriendo desde siempre, sino en verano, debido a ese “creciente aumento del uso y de la intensidad de los acondicionadores de aire”.

Semejante comportamiento parece suicida… Bernardo Pérez Andreo, en La sociedad del escándalo. Riesgo y oportunidades para la civilización (DDB 2016, p. 40), lo expresa en términos dramáticos:

“Los científicos del IPCC han dado la voz de alerta ante el aluvión de datos que confirman que el cambio climático se acelera y resulta ya imparable. Han constatado que sus previsiones quedaban obsoletas nada más publicarlas y que el deterioro del planeta es irreversible. (…) Sin embargo, y pese a todo lo que los científicos puedan decir, seguimos buscando petróleo que quemar; seguimos consumiendo como si no hubiera mañana; quizás para que no haya mañana; continuamos con nuestro criminal modo de vida como si no debiéramos nada a nadie, como si no tuviéramos hijos, como si después de nosotros se extendiera la nada más pavorosa. Y todo, todo, sometido al dictado de la férrea ley del productivismo capitalista más burdo. Somos incapaces de atender a la razón y no queda más remedio que atendamos al palo. No será un castigo impuesto por ninguna divinidad vengativa, será el resultado de nuestros propios excesos“.

“Somos incapaces de atender a la razón y no queda más remedio que atendamos al palo”. En un sentido parecido, y cambiando de rango térmico, se expresaba Mikkel Larsen, Agregado de Comunicación en la Embajada de Dinamarca, en una entrevista publicada a principios de mayo de este año en la que explicaba el largo camino que se ha hecho en su país hasta llegar a un pacto entre todas las fuerzas políticas para prescindir de los combustibles fósiles. Decía:

“Todo esto empezó con la crisis del petróleo del año 73. Dinamarca entonces dependía en un 93% de la importación de combustibles fósiles, sobre todo de petróleo. La crisis nos golpeó muy fuerte y tuvimos que repensar todo el sistema energético. Se tomaron medidas muy drásticas para ahorrar en consumo, como por ejemplo prohibir la circulación en coche los domingos, (tanto es así que la policía buscaba infractores), y en invierno se sufrió racionamiento de combustibles para la calefacción. Se pasó frío, se pasó angustia, y eso despertó al país. Fue una alarma. Así que de depender tanto del exterior se pasó a crear una política a lo largo de los años de consenso político con dos patas principales: generar y consumir energías autóctonas, como el petróleo y el gas del Mar del Norte además de la energía eólica, y por otro lado, desarrollar la eficiencia energética”.

“Se pasó frío, se pasó angustia, y eso despertó al país”. En España, pasamos calor… e inmediatamente se disparan las ventas de aire acondicionado. ¿Necesitamos, como los daneses, pasar angustia para reaccionar? Un artículo reciente de Jesús Alonso Millán, Presidente de la Fundación Vida Sostenible, da una voz de alarma: “Se acerca la sequía: ¿estamos preparados?“. Es posible que nos encontremos ante una de las sequías más graves de las últimas décadas. ¿Necesitamos pasar sed, pasar angustia, para despertar?

A más calor y más sequía, más conciencia. Y a más conciencia, más sobriedad y responsabilidad. Menos aire acondicionado. ¿Estamos preparados?

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Imagen extraída de: Pixabay