La Doctrina Social de la Iglesia ante la realidad económica actual

La Doctrina Social de la Iglesia ante la realidad económica actual

Guillermo CasasnovasDurante las últimas semanas ha tenido lugar en el Palau Macaya un seminario-debate de cuatro sesiones con el título “Realidad Económica y Desarrollo Humano Integral”, co-organizado por Justícia i Pau, Fundació Joan Maragall y Cristianisme i Justícia. El objetivo era poner sobre la mesa los retos que plantea el actual sistema económico y ver qué orientaciones o criterios nos da la Doctrina Social de la Iglesia para entender mejor y afrontar estos retos. Tuvimos el lujo de contar entre los ponentes con catedráticos de Economía y de Teología, representantes de los trabajadores y del mundo empresarial, así como políticos, periodistas y activistas de primer nivel.

A la hora de hacer una radiografía de la situación económica actual, la mayoría de ponentes coincidían en los efectos negativos del sistema y también en algunas de las causas subyacentes. A nadie se le escapa el incremento de las desigualdades en nuestras sociedades, donde un puñado de mega-ricos acumulan un porcentaje cada vez mayor de la riqueza; tampoco la alarmante combinación de altas tasas de desempleo con la precarización de aquéllos que conservan su puesto de trabajo; el recorte constante de los fondos para la cooperación internacional; el peligro que nuestro modelo económico supone para el medio ambiente, o la subordinación de la política al poder de los mercados. En cuanto a las causas que hay detrás de esas tendencias, se apuntaban, entre otras: la globalización, que ha propiciado una reducción de las diferencias de renta entre países (sobre todo con algunos como China o la India) pero a la vez ha hecho aumentar las desigualdades internas; los cambios tecnológicos, que han dejado obsoletas muchas de las tareas realizadas por trabajadores poco cualificados; los cambios regulatorios, sobre todo en materia fiscal, que han permitido una mayor concentración de la riqueza y una reducción del papel de los estados, y la financialización de la economía, donde la especulación y las ganancias a corto plazo se han vuelto más importantes que la sostenibilidad de las empresas y su arraigo en el tejido social.

Ante esta situación tan compleja, la posición de la Iglesia -tanto desde la tradición de su doctrina social como desde las palabras y publicaciones del papa Francisco- es clara en dos sentidos: denuncia y orientación. Por un lado, se destacan los efectos negativos que el actual sistema económico tiene sobre la dignidad de las personas, sobre todo aquéllas que quedan descartadas del propio sistema, y también sobre la sostenibilidad del planeta, la ‘materialización’ de nuestra existencia y la idolatría del dinero. Por otra parte, la Doctrina Social de la Iglesia propone principios como el destino universal de los bienes, el de la economía al servicio del bien común, o la dignidad del trabajo. Podríamos decir que, cuando estos principios pasen por delante de otros principios como el de la propiedad privada (también importante para la DSI, pero menos), entonces el sistema económico dejará de tener una ‘opción preferencial por los ricos’ y estará al servicio de las personas.

La pregunta es, pues, cómo ponemos en práctica estos principios, cuestión que también se trató en las diferentes sesiones del seminario. Para las empresas, aumentando la transparencia e introduciendo la responsabilidad social en el centro de su negocio, así como rigiéndose por objetivos que vayan más allá del beneficio a corto plazo para los accionistas. Para las administraciones públicas, haciendo políticas fiscales más redistributivas y armonizadas a nivel global, haciendo políticas sociales más selectivas o ‘personalizadas’ y poniendo límites a la propiedad privada (por ejemplo, limitando los sueldos máximos, incrementando el rol del sector público en sectores estratégicos, o haciendo políticas que garanticen el acceso a la vivienda). Para la sociedad civil, apoyando las iniciativas (empresariales, políticas o ciudadanas) que trabajan por un sistema económico más justo e inclusivo. Y para la propia Iglesia, poniendo el altavoz en el trabajo de denuncia y servicio de organizaciones de su ámbito como Cáritas, Arrels, Oxfam Intermon y tantas otras, y no tanto en otros temas de moral sexual y familiar que causan más revuelo pero probablemente no están tan conectados con la esencia del mensaje cristiano.

Doctrina Social

Fotografia de Helena Martí.