Comunidades de resistencia y esperanza

Comunidades de resistencia y esperanza

José María Segura“Si estáis escuchando esto, sois la Resistencia”.

Es una frase que, con algunas variantes, suele aparecer en películas de acción americanas… tienen en común que ante el avance de la invasión (ejército exterminador, aliens, máquinas, vampiros…) hay un grupo humano que se distingue por su esperanza en que, a pesar de todo, la humanidad resurgirá, sobrevivirá… Suelen ser pocos, animosos/as, con líderes, con credos propios, con símbolos y rituales que alimentan su cohesión, su identidad comunitaria. En definitiva, elementos que sustentan su capacidad de resistencia. Y son comunidad: cuidan unos de otros, se contrastan cuando se vienen arriba y se animan cuando se vienen abajo. Comunidades de #resistencia y #esperanza.

Y esta gente existe. Les he visto. En Zaragoza llevaban una silla roja en alto. Lo hacían por 61 millones de niñas y niños que no pueden volver al cole como explica la campaña de Entreculturas por la educación. Se organizaron en grupos de voluntarios/as, corredores, madres y padres de apoyo, con profes del colegio del Salvador… y empezaron a salir a la calle con una silla en alto. Primero las 5k; “sin humo”, “del roscón”, “la San Silvestre” luego, las 10ks, y la “carrera de la mujer” ¡Hasta que la comunidad de la #SillaRoja corrió por relevos el maratón de Zaragoza! Y la gente los/as reconocía, roja la camiseta, roja la cara en pleno esfuerzo. ¡Ya están ahí los de la silla roja! Una comunidad unida por una pasión: ningún niño sin cole. Un símbolo y un ideal que sumó a colectivos diversos, Comunidades de Vida Cristiana, Antiguos Alumnos, Cofradías de Semana Santa, y corredores de élite: la imagen de Carlos Mayo Nieto (Medallista internacional y Campeón de España) ganando la San Silvestre y la 5k Sin Humo, corriendo los últimos 61m con la silla roja de Entreculturas en alto, ha hecho historia, y es parte de ese imaginario colectivo. Comunidades de resistencia y esperanza que se entretejen con personas que sueñan un futuro distinto, que van estirando el presente metro a metro, bocanada a bocanada…

“Póngalo (en la denuncia): Mario Berges está aquí y dice que no se mueve de este círculo” le decía un resistente Mario Berges a un policía que quería desalojarlo de una plaza pública en República Dominicana, donde se manifestaban para denunciar la financiación irregular del candidato presidencial. En sus manos, como un ancla de resistencia y esperanza una “sombrilla amarilla”, la misma que no suelta en una concentración frente a la Junta Central Electoral el jesuita Mario Serrano entonces director del Centro Bonó a pesar de que lo arrastran por el suelo. La misma sombrilla amarilla que viajará a Nueva York a recoger un premio a la campaña del 4%. Campaña que movilizó a la ciudadanía para reivindicar que se cumpliese la constitución y que el 4% del PIB se destinase a la educación. La Sombrilla Amarilla se convirtió así en un poderoso signo que sostuvo y alimentó las voces amarillas, y las marchas amarillas, un símbolo que comenzó con unos pocos que congregaron a miles de dominicanos/as que  se movilizaron por el derecho a un mundo mejor.

En Ayacucho (Perú) la comunidad de las/os “constructores de Paz” se forma para acompañar a los familiares de los desaparecidos durante los años de terrorismo de Sendero Luminoso. Miles de desaparecidos, unos víctimas de los terroristas y otros del ejército. Esta comunidad de pacificadores acompaña, consuela, y mantiene viva la memoria y la esperanza de los familiares de los represaliados que siguen  barrancos… una constancia que pide esperanza… y resistencia.

#Resist, claman las pancartas que activistas de Greenpeace descuelgan desde enormes grúas, estratégicamente colocadas, para que Trump las vea desde el despacho oval. #Resist, proyectan sobre el Vaticano durante la visita del mandatario americano a la Santa Sede. #Resist, pide Amnistía Internacional, mientras enumera los nombres de los héroes y heroínas de la resistencia civil en favor de los derechos humanos, e invita a coger el testigo para que mantengan viva la esperanza de una sociedad más humana.

Hay muchas otras comunidades de #resistencia y #esperanza, calladas, anónimas, trabajando en las noches de la ciudad: llevando bocatas y cafés a personas sin techo (como la gente buena de la Red Íncola en Valladolid, como la gente de “Bocatas” de tantas ciudades). Son esos “ángeles entre nosotros” que sostienen la esperanza de quienes la pierden, a veces estando al otro lado del teléfono, otras saliendo a las calles y los clubes (como las hermanas y voluntarios/as de Villa Teresita, que cumplen 75 años de sembrar ternura y acogida a capazos). Están además las comunidades de Hospitalidad que comparten vida en tantos lugares con migrantes, exreclusos… (Claver en Valencia, Baobab en Madrid y tantos otros). O esas benditas hermanas de tantos lugares, que, como las Pasionistas de Hargindegi y Tximeleta de Bilbao, hacen suya la vida de las familias pobres y cuidan y acompañan a sus niños, también en verano. Son los cientos de voluntarios/as en tantas entidades y ONGs que comparten su tiempo y su energía para alumbrar un presente distinto.

Y si has leído hasta aquí, te estarás preguntando (quizás) ¿y quiénes son esas hordas invasoras? ¿Contra qué o quién resistimos? Por si hiciera falta decirlo: contra los discursos que nos #enTrumpan, los del miedo, los que dicen que los otros son sólo amenaza, los discursos del consumismo atroz que cosifican la creación y las personas, los que niegan el cambio climático porque creen que no les afecta, los del “lo nuestro primero” (que en realidad es decir “sólo lo nuestro”).

Necesitamos comunidades que resistan estas tendencias que rechazan al diferente, que mercantilizan las relaciones, que no dejan resquicio a la gratuidad. Y sí, se resiste en comunidad, organizadamente, “políticamente”. Por un lado porque es necesario tener una estrategia, parar a pensar, formarse, cultivarse y poder así tener una opinión propia y formada frente a los discursos con que nos bombardean constantemente y parecen decir “no pienses, ya te doy yo tu opinión en 140 caracteres”. Y necesitamos una comunidad porque el poder del lado tenebroso es fuerte, necesitamos un espacio en el que se nos recuerde quienes somos, se nos quiera como somos y se nos “corrija fraternalmente” cuando nuestros hechos y palabras nos desdigan. Necesitamos “Betanias” para reponer fuerzas, para seguir soñando, para anidar nuestra Esperanza. Es aquello de no podemos salvarnos solos. Y eso, es bueno.

A los/as “locos de la SillaRoja”, de “Bocatas”, de las “comunidades de Hospitalidad”, de “Sanfran” (y de tantos campas de verano para críos sin recursos), los que se cuelgan de grúas y edificios, cuidadoras/es silenciosos, repartidores de cafés y besos y abrazos en la noche… a los rastreadores de estrellas:

Vosotras, vosotros… Sois la resistencia.

resistenciaImagen extraída de: Pixabay