M. Carme Llasat: «A pesar de las dificultades, estamos avanzando en la justicia climática global»

M. Carme Llasat: «A pesar de las dificultades, estamos avanzando en la justicia climática global»

Cristianisme i Justícia / Justícia i Pau / Mans UnidesEsta tarde tendrá lugar la última sesión de los Lunes de los Derechos Humanos (Dilluns dels Drets Humans) coorganizados por Justícia i Pau, Mans Unides y Cristianisme i Justícia del presente curso. En esta ocasión abordaremos el tema de la justicia climática con Carlos Garcia, responsable de Incidencia Política de la CONGDE, especializado en cambio climático, deforestación y construcción de medios de vida sostenibles y M. Carme Llasat, doctora en ciencias físicas, coordinadora del máster en climatología aplicada de la UB y experta en cambio climático.

Antes de la mesa hemos podido conversar con M. Carme Llasat que nos ha ofrecido un interesante adelanto de su intervención.

– Sin disponer de un acuerdo jurídicamente vinculante, con sanciones para quienes lo incumplan, ¿podemos conseguir el objetivo de que la temperatura global no aumente más de 2 grados antes de fin de siglo?

Es un reto muy complejo. Según el último informe de la IPCC (2013), los escenarios de mitigación más agresivos (RCP2.6) para evitar superar 2ºC respecto periodo pre-industrial implicarían una reducción de CO2 del 40-70% en 2050 respecto emisiones a 2010 y del 100% en 2100. Sin embargo se trata de una hipótesis aún sujeta a numerosas incertidumbres tanto en los modelos como en la respuesta del sistema climático, como en la evolución de los escenarios socioeconómicos. Y es también una hipótesis demasiado agresiva y poco plausible, por lo que el propio IPCC recomienda trabajar con escenarios más modestos pero más plausibles, en los que los valores medios para el 2050 estarían por debajo de los 1,5ºC y cerca de los 2ºC el 2100. Son escenarios que también requieren una importante mitigación y, por tanto, volviendo a su pregunta, actuaciones en todas las escalas. Tanto estos últimos escenarios como el de “alta emisión sin políticas de mitigación” (RCP8.5) que apuntaría a temperaturas por encima de los 2ºC e incluso cercanas a 4ºC, son los que se tuvieron son los que se tuvieron en cuenta en los Acuerdos de París.

Hay que decir que a pesar de sus limitaciones, los acuerdos de París constituyeron un gran avance, y que en ellos tuvo mucho peso la Encíclica Laudato si’, publicada pocos meses antes. Ya en aquellos momentos 187 países de los 195 que forman parte de la Convención del Cambio Climático de la ONU firmaron los acuerdos y, si miramos la historia, como más adelante os comento, es un paso, pequeño pero importante. En estos momentos, la mayoría ya han ratificado los acuerdos, entre ellos China, la India, Estados Unidos y Europa, responsables de cerca del 60% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Por otro lado, si bien los objetivos nacionales de reducción de emisiones no lo son, el acuerdo de la ONU es legalmente vinculante y los mecanismos de revisión de los compromisos de reducción de cada país son jurídicamente vinculantes. Dar marcha atrás como algunos quieren, no es tan fácil. Esto no implica que no tengamos que estar encima y adquirir un compromiso que vaya desde el personal hasta el de toda la sociedad y los representantes políticos.

– ¿Podemos aspirar a un mundo basado en energías renovables, con emisiones cero?

No podemos hablar de emisiones cero porque los gases de efecto invernadero son necesarios para la vida en la Tierra ya que permiten que el planeta se mantenga a una temperatura adecuada. El problema es el exacerbado incremento sufrido en las últimas décadas. Si que podemos hablar de detener urgentemente el aumento de emisiones a escala mundial que todavía se está produciendo, y de disminuir el uso de combustibles fósiles sustituyéndolos por energías alternativas. Sin embargo, es necesario un replanteamiento del modelo de vida y del consumo y reparto de los bienes de la naturaleza.

– ¿Podemos avanzar en la justicia climática global?

A pesar de la lentitud en la toma de decisiones, los grandes intereses financieros y la ambición de poder, y, incluso, el desconocimiento, no podemos perder de vista los avances experimentados en los últimos cuarenta años. En los 70 nadie se preocupaba por el calentamiento global, incluso, se pensaba en un enfriamiento del clima. Pero ya empezaban a haber evidencias y en 1979 la Organización Meteorológica Mundial celebró la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima para tratar del calentamiento global y de cómo éste podía afectar a la actividad humana. Fue a raíz de esta Conferencia que se creó el Programa Mundial sobre el Clima (PMC) y, unos años después, en 1988, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (conocido por las siglas inglesas de IPCC) . En aquellos momentos todavía había un grado muy elevado de escepticismo frente a la incidencia que la actividad humana podía tener sobre el clima y las necesarias medidas de mitigación, pero fue como consecuencia del primer informe del IPCC que en 1992 se celebró en Río de Janeiro la Cumbre de la Tierra y el Convenio Marco de Naciones Unidas para combatir el calentamiento de la Tierra. Desde entonces, los países que ratificaron el convenio se reúnen anualmente en las Conferencias de las Partes, las “COP”. Algunas de ellas han pasado a la historia, como sería la COP 3 en 1998 que llevó al conocido Protocolo de Kyoto, que muchos han considerado como un fracaso, o la más reciente de París, considerada un gran éxito relativo. Entre una y otro y entre el primero y el quinto informe del IPCC se ha pasado de preocuparse sólo por el grado de emisiones y su impacto en el clima, a analizar las capacidades de adaptación de las diferentes sociedades y países, la necesaria toma de medidas de mitigación más agresivas y la preocupación por la justicia social y climática, visión muy vinculada con los Objetivos del Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. El propio concepto de justicia climática se encuentra en la redacción de las propuestas de París. Creo, por tanto, que no podemos dudar de que, a pesar de las dificultades, estamos avanzando en la justicia climática global.

– ¿Cómo describirías el nivel de conciencia que hay en la sociedad sobre la problemática del cambio climático?

Comparado con lo que había hace treinta años hemos de reconocer un paso de gigante, ya que antes no era objeto ni de la mayor parte de agendas internacionales ni locales. Sin embargo este nivel de conciencia de la sociedad cambia mucho de una región a otra así como entre los diferentes estamentos socioculturales y grados de desarrollo. En el caso de una gran parte de los países del centro y norte de Europa este grado de concienciación es bastante elevado, mientras que en los países mediterráneos, que serán mucho más severamente afectados por el cambio climático, este nivel de concienciación es más bajo y ha disminuido los últimos años. Hay que decir que también se ha juntado un cierto cansancio y tedio debido al mal uso del término “cambio climático”, al igual que está pasando con el término “sostenibilidad” y “desarrollo sostenible”.

Carme Llasat

Imagen extraída de: Flickr – Sopars Estrelles