¿Respeto a la justicia?

¿Respeto a la justicia?

Darío MolláComo tantos/as conciudadanos/as de este país nuestro llevo una temporada experimentando una frecuente perplejidad ante decisiones de los tribunales de justicia. Perplejidad que en ocasiones se debe a la “insoportable levedad” de algunas sentencias y en otras ocasiones a sentencias que nos parecen absolutamente desproporcionadas.

Y en ese contexto oímos muchas veces (especialmente en boca de políticos) la expresión “nosotros respetamos siempre las decisiones de la justicia”. Y aquí viene mi pregunta: ¿qué se entiende por eso?, ¿ha de ser siempre así?, ¿no es eso una coartada para inhibirse o tapar injusticias? Es evidente que no voy a entrar en consideraciones jurídicas porque no entiendo de ello; pero también es cierto que como ciudadano puedo hacer mi reflexión sobre el tema, porque la administración de justicia no está por encima de la ciudadanía, sino para servirla.

Respeto a la justicia: sí, todo. Y no sólo respeto, sino amor a la justicia. A todo lo que la palabra justicia significa humana y evangélicamente. Una justicia que sea la defensa activa de los derechos humanos de personas y pueblos; una justicia que defienda a los débiles y a los pobres; una justicia que prevea y provea todos los instrumentos para la efectiva igualdad de todos los seres humanos y para evitar toda suerte de discriminaciones.

Pero dicho eso con toda claridad y convicción, creo que también conviene apuntar matices que no son banales.

No todas las leyes, por el mero hecho de ser leyes son justas. Ni antes, ni ahora, ni nunca a lo largo de la historia humana. No siempre han coincidido ni coinciden lo legal y lo justo. Muchas leyes a lo largo de la historia han avalado injusticias, y en ocasiones injusticias muy sangrientas e inhumanas. Es evidente que en nuestras democracias avanzadas hay muchos mecanismos que ayudan a una mayor identificación entre lo legal y lo justo. Pero incluso en nuestras democracias puede suceder que las leyes más que favorecer la igualdad de los ciudadanos, defiendan determinados privilegios y/o ideologías.

Respeto a las personas que administran la justicia, todo. Como respeto a cualquier persona humana por el hecho de ser persona. Consideración por una tarea que es importante y difícil, toda. Pero también las personas que administran justicia, como cualquier persona humana en cualquier ámbito de la actividad humana, pueden equivocarse, y se equivocan, y pueden ser tentadas y caer en la tentación de tomar decisiones injustas o de prevaricar. Y ya la Biblia advierte con dureza con respecto a administradores de justicia que son corruptos. Todos somos falibles y débiles ante presiones y pasiones: también quienes administran justicia.

¿Respeto significa acuerdo incondicional con todas las sentencias? Pienso que no, y de hecho la propia administración de justicia da cauce a las discrepancias con las distintas formas de recursos y apelación que prevé. Al final quizá no haya más remedio que “acatar” la sentencia (y véase lo que significa en el diccionario el verbo “acatar”…). Pero ese acatamiento ni anula el desacuerdo interior con una decisión ni tiene por qué acallar la expresión pública, por supuesto respetuosa con personas y formas, de esa discrepancia.

Nos encontramos, pues, ante un tema delicado que no se resuelve a base de tópicos. Y menos aún cuando los derechos de los más débiles son vulnerados y su sufrimiento multiplicado.

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Imagen extraída de: Pixabay