¿Qué amenaza realmente nuestra identidad?

¿Qué amenaza realmente nuestra identidad?

Xavier CasanovasCada atentado terrorista en Europa es una nueva semilla de miedo en el corazón de todos nosotros. Vivimos asustados ante un peligro difícil de definir y de entender. Uno de los argumentos más esgrimidos por la nueva extrema derecha para conseguir votos, en esta deriva populista de nuestra Europa del siglo XXI, es el del miedo hacia el extranjero y el de la amenaza a nuestra identidad europea. Cualquier persona de a pie que sea preguntada la descubriremos fácilmente afirmando: ‘esta gente no se integra’, ‘no se quieren adaptar a nuestra cultura, a nuestra forma de ser europeos’, ‘amenazan nuestra forma de hacer’, ‘quieren acabar con nosotros’, etc.

No solamente son falsas estas afirmaciones, sino que yo me pregunto si es el multiculturalismo (o directamente el Islam) el principal peligro para nuestra identidad o son otras fuerzas mayores las que realmente lo acechan. Juraría que hay una fuerza mucho más capaz, mucho más potente y mucho más sutil para acabar con ella. Se trata del actual modelo económico capitalista y la revolución antropológica que lo acompaña. El proceso de aceleración, de revolución constante de nuestras vidas, es la amenaza que puede acabar realmente con aquello que conocemos. El ídolo capital no pide sacrificios baratos.

Solo hace falta pasearse hoy por cualquier capital del mundo: las mismas imágenes, las mismas tiendas, los mismos referentes, pura homogeneidad. Solo hace falta ver las aspiraciones de la mayoría de los jóvenes asimiladas a un modelo de vida que tiene el consumo como único horizonte emancipatorio. Solo hace falta ver como se acaba con las tradiciones o espacios culturales propios gracias a un capitalismo invasivo de intereses espurios que consigue terminar con la vida tal cual la conocíamos, expulsar a comunidades de sus tierras para explotarlas a beneficio de unos pocos, expulsar a vecinos de sus casas para especular con el derecho a la vivienda.

Así pues me atrevo a decir que la mayor amenaza para nuestra identidad hoy es la amenaza de los intereses de un capital desatado e insaciable. Y que ser hoy “conservador” pasa por, como afirma el Papa, revelarse contra el actual modelo económico. ¿Significa tal afirmación estar en contra del progreso? Evidentemente no. Significa estar en contra de un crecimiento sin fin que puede acabar con nuestra casa común, significa estar en contra de la cultura del descarte, de la exclusión de quien no cuenta económicamente, de la dictadura de aceleración que nos imponen los caprichos del capital, significa estar en contra de la convulsión constante de nuestras vidas. Y significa estar a favor de conservar una cierta identidad, un itinerario vital sólido, de no vivir ahogados ni aislados, significa estar en contra de vivir permanentemente amenazados por no poder tener un mínimo vital cubierto.

En estos tiempos de cuaresma, siento que lo que nos propone el cristianismo (silencio, abstinencia, recogimiento, y en última instancia, conversión al evangelio), se ve más amenazado por mi necesidad constante de sobrevivir en esta selva de competencia, de consumo y de imagen, que por la convivencia con nuestros hermanos musulmanes como muchos quieren hacernos creer.

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Imagen extraída de: Pixabay