Sueños de un viejo teólogo: una obra de autor, de anciano, de frontera y de esperanza

Sueños de un viejo teólogo: una obra de autor, de anciano, de frontera y de esperanza

Josep M. Rambla BlanchLo que sigue son unas palabras para orientar la lectura de Sueños de un viejo teólogo, un libro fácil de leer, pero no tanto de comprender todo su alcance.

Empezamos con una consideración teológica. Hay una palabra en el Nuevo Testamento que con la misma raíz se repite a menudo y en momentos importantes. Es el verbo perisseúein y el sustantivo perissón. Quiere decir abundar, derramarse, rebosar… Se refiere tanto a Dios y a su palabra como a los hombres y mujeres. En efecto, la propuesta de vida del sermón de la montaña excede la ley antigua, sin negarla; la exigencia evangélica sobrepasa la de la ley, es una moral y una manera de vivir de sobreabundancia, de un bien realizado hasta derramarse. Por eso la vida de los cristianos es la de una moral de sobreabundancia, de manera que Pablo pedirá que el amor de los cristianos crezca hasta rebosar… Porque, como dijo Paul Ricoeur, la lógica de Dios es la de la sobreabundancia. Yo diría, pues, que este libro de Víctor Codina es una teología hasta derramarse, o dicho de otra forma, es el desbordamiento de una vida toda ella hecha teología hasta rebosar. Es la sobreabundancia de un teólogo. La copa llena de teología que ahora se derrama con este libro… Y con eso estoy diciendo que se derrama porque el autor está lleno y el libro revela la plenitud de una ya larga vida hecha teología.

Resulta, pues, importante captar la clave del escrito tal como lo expone Víctor Codina en el prólogo del libro. ¿Qué significa soñar? No se trata, pues, de una lluvia de ideas, de un brainstorming… Mucho menos de pensamientos vertidos en una reunión un poco exaltada donde uno espera “a ver quién la dice más gorda”… Es un libro muy serio, aunque no es un libro científico. Tiene, sin embargo, unas raíces profundísimas -miles de páginas de libros y artículos publicados durante cincuenta años- y nos ofrece la contemplación de la copa del árbol, una copa ancha, imponente y bella.

Se trata de un libro que nos ha de implicar a los lectores, por lo que nos sentimos llevados por el movimiento de unos pensamientos y unas propuestas que nos golpean y nos pueden llevar quizás a no sentirnos identificados en algún punto, sin embargo, no nos pueden dejar indiferentes, sino que nos han de empujar a prolongar los sueños del autor en nuestra vida personal o eclesial. Y a profundizar algunos de los temas sobre los que en la amplia producción teológica de Víctor Codina encontraremos sólido soporte.

Esto me lleva a destacar algunos aspectos que me parece que pueden ayudar a leer el libro con una perspectiva adecuada para comprender su riqueza.

Obra de autor

Hablamos de un libro en el que el tema es muy importante. Pero el autor lo es también. Ciertamente, en el libro, podremos leer sobre los ministerios y la ordenación de la mujer, sobre la vida religiosa y la escatología, sobre el diálogo interreligioso, el cielo y el infierno, sobre el rol de los laicos y en concreto de la mujer en la Iglesia, las conferencias episcopales, el primado del Papa o la curia romana, sobre la eucaristía, el Espíritu Santo, la espiritualidad, el pecado y el sacramento de la reconciliación, sobre los pobres… Pero el libro no tiene un título temático, sino de persona: Sueños de un viejo teólogo. Porque las páginas del libro son destilación de una vida de teólogo. En ellas se transparentan el estudio, la enseñanza, el apostolado, la vida interior, la comunidad, el contacto con los pobres, las muy variadas circunstancias temporales (desde el Concilio) y locales (Cataluña, España, Europa, América Latina) del autor… Todo esto configura la rica vida y la reflexión teológica de Víctor Codina y se transparenta en el libro. Este libro sólo lo puede haber escrito él… Los temas que en él se tratan abarcan todo el campo de la vida cristiana y de la reflexión teológica.

Hace unos años Víctor Codina publicó su Diario de un teólogo del posconcilio. Aquella obra nos ofrecía la historia teológica del autor desde los inicios de su dedicación profesional a la teología, en 1965.

Aquella historia tan variada, tan plena, tan fecunda y tan personal, ahora se revela de una manera viva, puede decirse que a chorro, sin notas ni aparato científico, desde las raíces de su vida teológica.

Obra de anciano

Víctor Codina se define, con un toque de ironía, como “viejo teólogo”. Y si quitamos la ironía y no queremos caer en el fácil “tú no eres viejo”, o “la vejez es cosa del espíritu”, debemos reconocer que el libro es obra de anciano. Basta, sin embargo, recuperar esta palabra tan tradicional y expresiva de la tradición cristiana. El anciano puede ser viejo o joven, pero es la persona cargada de una tal experiencia personal, una experiencia tan rica de Dios, que es un tesoro para la comunidad. El anciano será padre espiritual (pneumatikós), el anciano será guía de los jóvenes monjes que inician el camino a la vida monástica, el anciano es quien dirá la “palabra” que disuelve oscuridades y enigmas e ilumina el camino de la vida… Esto no lo dan los años por sí mismos, porque hay personas mayores que son como adolescentes. Pero también es verdad que sin años, y lo que los años comportan de alegrías y sufrimientos, de intentos exitosos y de incomprensiones, de esperanzas y desencantos, de fe y abandono en Dios, no se consigue el nivel alto de la ancianidad.

Pensemos, si no, en los años que abarca la vida y obra de Víctor Codina:

– El concilio y el revuelo del postconcilio: él se encuentra en Roma durante las últimas fases del Vaticano II y su primera obra es fruto de un curso en la Universidad Gregoriana de Roma, en este tiempo.

– Los cambios en la formación de jesuitas a finales del 60: Víctor Codina es pionero en la creación de las pequeñas comunidades en medio de la ciudad y de nuevas formas más creativas de hacer teología.

– La vida religiosa se inserta proféticamente en medio de la sociedad: Víctor Codina participa, como representante de las comunidades de formación, en la famosa manifestación de sacerdotes ante la “Jefatura de Policía” de 1966.

– Los pobres llaman a las puertas de la Compañía de Jesús: Víctor Codina se planta con los estudiantes en una zona popular y vive en los ambientes de acción y de conflicto social en L’Hospitalet y en Terrassa, experiencia que da lugar a su famoso artículo “¿Teología desde un barrio obrero?”.

– América Latina es uno de los clamores más fuertes en los años 70 y 80: Víctor Codina hace las Américas…

¡Cuánta vida, Dios mío! Vida, sí, porque Víctor no deja nunca la experiencia interior, el contacto con la realidad de la gente -sobre todo la más necesitada-, la vida de comunidad, y obviamente el estudio y la reflexión teológica… Víctor Codina se convierte verdaderamente en un “anciano”.

Obra de frontera

La frontera es el espacio que limita con el que es diferente, que posibilita la mirada hacia horizontes nuevos, que abre el contacto con gente y experiencias diferentes. La frontera es lugar de salida hacia fuera… Y también es lugar de riesgo… Tenemos en las manos un libro de frontera, con todas estas características de la frontera… Por lo tanto, este libro no es para personas que sufren anemia intelectual, para personas que no piensan moverse, para personas a quienes molesta la novedad, para personas cerradas a la posibilidad de la autocrítica… Víctor Codina habla varias veces de la tentación de pigritia, un tipo de virus que inmoviliza el pensamiento y bloquea todo intento de cambio. Pues bien, estas páginas de Víctor Codina no son para personas afectadas por la pigritia. Personas miedosas, perezosas, conservadoras, anestesiadas, que se abstengan de esta lectura… En cambio, quien quiera respirar aire fresco, quien tenga ganas de aprender y de salir de la rutina, quien quiera vivir más evangélicamente y trabajar para una Iglesia más cristiana y una sociedad más fraterna, aquí encontrará pensamientos, experiencias, propuestas, que nutrirán su vida y le ayudarán a buscar, a dialogar, a dar pasos -aunque sean sólo algunos y pequeños- adelante…

Más aún, es un libro donde muchos de los clamores, de los pensamientos, de los deseos, de las indignaciones, de las propuestas que unos u otros hemos venido haciendo, encuentran eco. Diría que el libro es la caja de resonancia de una Iglesia, de unas comunidades y creyentes que se esfuerzan por no resignarse a un cristianismo de museo, o de cementerio. En esto, ¡el papa Francisco estaría muy de acuerdo! Al leer el libro, muchos de vosotros, que supongo que estáis en esta longitud de onda, diréis “esto es lo que yo deseaba”, “esto expresa muy bien lo que yo diría”. Porque ésta es una puerta por donde podríamos pasar para ser un Iglesia de salida, como diría el papa Francisco. Sobre la mujer o sobre el bautismo de niños, sobre la sexualidad y sobre la vida de religiosas y religiosos, sobre el ejercicio del papado y sobre las conferencias episcopales, sobre el diálogo interreligioso, sobre la Iglesia de los pobres y sobre el rol de los laicos en la Iglesia…, sobre esto y mucho más podremos leer, pensar… y soñar.

Podemos pensar, pues, sin restar nada a la aportación original de Víctor Codina, que se hace verdad aquello de Helder Câmara: “cuando una persona sueña sola es una ilusión, cuando muchas sueñan a la vez, es una utopía”.

Obra de esperanza

Precisamente por esta confluencia de sentimientos de muchos que nos encontramos identificados en la obra de Víctor Codina, podemos decir que entona un canto a la esperanza, ya que él mismo, con la mística Juliana de Norwich, nos recuerda: “todo acabará bien” (p. 167). Y la razón es que “los sueños de muchos ayudan a cambiar la realidad” (p. 188). Por lo tanto, dejémonos llevar por el Espíritu que “no tiene ni palabra ni mensaje propios, sino que ayuda a comprender y a extender el mensaje de Jesús y de su Reino” (p. 142). Que los jóvenes tengan visiones y que los mayores sueñen, con libertad, sabiendo que la espiritualidad sólo tiene un límite, “el que profanamos con el pecado” (p. 151).

Hemos de agradecer, pues, a Víctor que nos haya regalado este himno a la esperanza, una esperanza activa, claro, ya que todos los que nos reconoceremos en su libro tendremos motivos y pistas para avanzar en la ruta de esta esperanza hacia una Iglesia más evangélica, y hacia un mundo que sea cada día más Reino de Dios. Debemos leer el libro, pues, bien calzados, bien equipados y animosos para emprender una nueva etapa del camino…

Sueños de un viejo teólogo

Portada del libro. Editorial Mensajero