Albert Recio: «La sociedad necesita un modelo productivo que garantice bienestar universal y sea viable a largo plazo»

Albert Recio: «La sociedad necesita un modelo productivo que garantice bienestar universal y sea viable a largo plazo»

Cristianisme i Justícia / Justícia i Pau / Mans UnidesEn la próxima sesión de los Lunes de los Derechos Humanos (Dilluns dels Drets Humans) coorganizados por Justícia i Pau, Mans Unides y Cristianisme i Justícia y que tendrá lugar el lunes 3 de abril, abordaremos el tema del trabajo en una mesa moderada por el periodista Josep M. Ureta en la que participarán Joaquim Nieto, director de la Oficina de la OIT para España, y Albert Recio, profesor de Economía Aplicada en la UAB.

Hemos podido conversar con éste último para que nos ofreciera una pequeña aproximación al panorama actual y esto es lo que nos ha contado…

– ¿Cuál es el futuro del trabajo en el mundo?

Es difícil de saberlo. Primero tenemos que aclarar de qué estamos hablando. El trabajo como actividad humana seguirá existiendo sobre muchas formas. El trabajo como empleo asalariado (o mercantil) dependerá de la evolución social. El trabajo como clase trabajadora es ya un hecho en mutación.

Ahora la moda es, de nuevo, anunciar el fin del trabajo provocado por la nueva ola tecnológica. Es una profecía que se pone en funcionamiento cada X años y no está clara, porque la interacción entre tecnología, trabajo y sociedad es muy compleja. Las instituciones modelan la introducción de las tecnologías. Además la visión tecnológica ignora un hecho cada vez más evidente: la relación entre economía y naturaleza. Muchas de las técnicas mecanizadas requieren un uso intensivo de la energía (y dependen de materiales estratégicos) que hacen dudar que su generalización sea posible y aún menos deseable.

Al final el trabajo cambiará en función de los equilibrios de poder que se den a la sociedad. Y estos dependen crucialmente de procesos sociales complejos. Creo que la visión tecnocrática trata de ignorar estos hechos porque a menudo o es el resultado de gente que ve el mundo de una forma muy simplista o se trata de un modelo que quiere evitar la aparición de alternativas.

Desde un punto de vista diferente la sociedad necesita, globalmente, un modelo productivo que garantice bienestar universal y sea viable a largo plazo (lo que significa adaptarse a las limitaciones materiales del planeta y al mantenimiento de la vida humana). Si tenemos éxito en imponer esta visión tendremos un tipo de modelo laboral, si no, se impondrá otro. Por eso depende de un proceso social difícil de predecir.

– ¿Debemos resignarnos a un paro estructural y creciente?

Los problemas actuales, por lo que respecta a la ocupación, son dos: paro y precariedad. Antes era pobre quien no tenía un empleo remunerado. Ahora una parte de los pobres tienen un empleo pero bajos salarios (o trabajan pocas horas porque esto resulta funcional a la empresa).

Es evidente que no se trata de una plaga natural sino de un proceso económico deficiente producto de muchas cosas: el predominio de políticas económicas neoliberales, la globalización (en el caso europeo el diseño de la UE), la financiarización de la economía… En otros tiempos se hablaba del “resultado de la acumulación de capital y la lucha de clases” pero ahora empleamos otros términos.

No sólo no lo podemos aceptar como un hecho inevitable sino que hay que luchar. Pero tenemos dos problemas que hacen la lucha más difícil. Uno es la pérdida de peso en la academia económica de todo el pensamiento heterodoxo, lo que hace difícil que las propuestas alternativas tengan resonancia. El otro, ligado con el primero, es el fracaso de la experiencia soviética (tanto la versión rusa como la china se han convertido en dos modelos de capitalismo salvaje). El pensamiento alternativo se ha encogido y a menudo se ha refugiado más en buscar atajos parciales que en elaborar una propuesta alternativa seria. Ideas hay, pero falta más coherencia en la alternativa.

– ¿Qué políticas hay que impulsar para crear puestos de trabajo decente para todos?

Hay que saber adónde queremos ir. La respuesta keynesiana fue crecimiento económico impulsado por el sector público para generar puestos de trabajo (más regulaciones adecuadas para garantizar derechos). Hoy con la cuestión ecológica y la globalización económica la receta parece inadecuada. Hay que reorganizar la vida económica para que todos tengan cabida y la actividad humana sea compatible con los equilibrios físico-químicos que garantizan la vida. Esto, aunque se tengan las ideas claras no se hace en un día y, por bien que se haga, no hay respuestas inmediatas.

Algunas de las viejas ideas son valiosas: repartir el trabajo, incrementar el papel del sector público, regular parte de la desregulación, desarrollar políticas más igualitarias de salarios y fiscales, fomentar modelos alternativos de organización productiva. En parte vuelve la historia a 1970 (de hecho desde entonces las políticas las han querido volver al 1910), pero teniendo en cuenta mucho de lo aprendido sobre ecología y otros factores.

Una idea como la del reparto del trabajo tiene que partir de:

a) Valorar todo el trabajo que se hace en la sociedad y por tanto repartir significa repartirlo todo (esto supone seguramente reducir la jornada laboral en el mundo mercantil y el sector público para mucha gente y aumentarla para los que tienen jornadas demasiado cortas, y redistribuir la jornada de trabajo doméstico y voluntario, incrementando la participación masculina).

b) Definir qué tareas son socialmente útiles.

c) Entender que repartir el trabajo asalariado es también cambiar la distribución de la renta y por tanto resolver también esta vertiente del conflicto.

d) Reorganizar los tiempos de las actividad.

e) Reconocer el valor social de los diferentes trabajos.

– ¿Cómo hacer que ésta sea realmente la gran prioridad de la política económica,por encima del puro crecimiento del PIB?

El PIB es una entelequia cada vez más cuestionada. Los indicadores de bienestar social que incluyen otras variables más objetivas como la esperanza de vida, por ejemplo, muestran que tener un PIB muy alto no garantiza bienestar. Hay un gran trabajo social para cambiar el predominio del PIB por otros indicadores. La sociedad se tiene que evaluar por su capacidad de generar bienestar para todos, por su capacidad de reproducirse a largo plazo. Y eso pasa por una tarea político-cultural.

Al final, generar mucho trabajo tampoco es un objetivo en sí mismo. El capitalismo nos ha invertido la percepción de las cosas. En el trabajo doméstico, por ejemplo, primero definimos qué necesitamos y después hacemos la cantidad de trabajo para satisfacer dicha necesidad (hoy he llegado tarde a casa y he decidido cambiar el menú de almuerzo, lo que ha conllevado reducir el tiempo en la cocina, al decidir que quería comer he cambiado mi tiempo de trabajo). En el capitalismo pasa al revés: es el empresario el que decide qué quiere hacer y luego decide la ocupación. Y la mayoría de la población necesita empleo porque necesita renta y no tiene capacidad de decidir cuánto trabajo tiene que hacer. Por eso ahora tenemos gente obligada a hacer largas jornadas y gente condenada a trabajos muy cortos. Esto requiere un cambio institucional y cultural, solo posible con movimientos sociales combativos y con ideas claras.

– ¿Cuál es la realidad en nuestro país y qué previsiones se pueden hacer?

Realidad compleja. Desde 2014 el paro se ha reducido, en parte porque se ha creado empleo (una parte a tiempo parcial, muy precaria) y en parte porque hay menos gente buscando trabajo (unos han emigrado y otros han dejado de buscar ). La situación española es en parte el resultado de la posición del país en el sistema económico mundial y en parte el resultado de las acciones realizadas aquí. Los problemas más graves son, en mi opinión, una estructura productiva inadecuada, un sector público demasiado pequeño y un peso excesivo de la economía de la depredación y del rentismo. Si queremos cambiar la situación, hay que atacar estas cuestiones y replantearselas desde una visión ecológica y igualitaria.

Albert Recio

Imagen extraída de: El Mundet 2010