Guillermo CasasnovasMientras que últimamente la falta de confianza de los ciudadanos en sus gobiernos (y todavía en mayor medida, en lo partidos políticos) está en boca de todos, el sector empresarial tampoco se salva del recelo popular. Una reciente encuesta de Metroscopia revela que más de la mitad de los españoles desaprueba la labor de las grandes empresas españolas y multinacionales, porcentaje que se eleva al 70% en el caso de la patronal y los sindicatos, y a más del 80% de desaprobación para el sistema financiero. Las únicas que se salvan son las pequeñas y medianas empresas, que gozan de la confianza del 84% de los ciudadanos.

A menudo el problema es la falta de transparencia en cuanto a las motivaciones reales de las empresas. Si buscamos cómo definen su misión algunas empresas en las páginas web corporativas, no es extraño encontrarnos con frases grandilocuentes que hacen referencia a su compromiso con la sociedad y a su objetivo de crear un mundo mejor, mientras por otro lado son protagonistas de escándalos sociales o medioambientales. Además, muchas grandes empresas cuentan con departamentos de Responsabilidad Social Corporativa, que en algunas ocasiones sirven para transformar su manera de hacer negocios pero en otras muchas son simplemente campañas de marketing o proyectos caritativos hechos con las migajas de los beneficios de la compañía. Los ciudadanos demandan cada vez más que las empresas no solamente se comporten de manera responsable sino que cumplan su parte del ‘contrato social’. En este sentido, se les exige que aporten soluciones a los retos que enfrentamos hoy en día en nuestras sociedades – desde la precariedad del trabajo hasta el cambio climático, pasando por la transparencia en las relaciones público-privadas o la gestión eficiente de los recursos naturales.

Una manera de conseguir que las empresas se muevan en esta dirección es promover una concepción más amplia del término ‘beneficio’[1]. Si lo traducimos al inglés, nos encontramos que lo podemos traducir como ‘profit’ o como ‘benefit’. Mientras que el concepto ‘profit’ se refiere a la rentabilidad de los accionistas de la compañía, ‘benefit’ hace referencia a un bien más general, no solo monetario, y que puede repercutir en colectivos diversos. En los últimos años, la organización estadounidense B-Lab ha sido una abanderada de esta manera de entender las empresas, a través de una certificación llamada B Corporation (B Corp). Las organizaciones que consiguen este distintivo, para lo cual hay que pasar un riguroso test del impacto económico, social, y medioambiental generado, hacen visible que, en su gestión, los beneficios de los accionistas están al mismo nivel de importancia que los beneficios para el resto de stakeholders: trabajadores, clientes, comunidades locales, etc.

El movimiento B Corporation está presente en más de 50 países, y empresas globales como la heladera Ben & Jerry’s o la firma de ropa de montaña Patagonia son algunas de las más famosas que han obtenido la certificación. En España se lanzó B Corp el año pasado y ya existen más de 20 compañías certificadas, como el banco ético de origen holandés Triodos Bank o la cadena de supermercados ecológicos Veritas. Obtener el sello de B Corp no solamente ayuda a las empresas a diferenciarse de sus competidores, atraer inversión y talento, o establecer alianzas con otras B Corps, sino que ayuda a las propias organizaciones a llevar a cabo una gestión sostenible desde los puntos de vista económico, social y medioambiental.

En una época en que las nuevas generaciones de consumidores, trabajadores, e incluso inversores son cada vez más exigentes con las empresas privadas, erigirse como una organización que mira más allá de la maximización de sus beneficios puede ser una buena decisión estratégica. Sin embargo, cambiar el foco del ‘profit’ al ‘benefit’ (del beneficio para el accionista a una generación de valor más amplia) supone un cambio de paradigma del rol de las empresas en nuestra sociedad: de sujetos pasivos (o incluso extractivos) ante los retos sociales, a agentes de cambio positivo para el entorno en el que operan.

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[1] Para más detalles sobre el tema, ver el reciente artículo del autor en la revista de IESE Alumni: http://bit.ly/2lypMvw

beneficios

Imagen extraída de: Pixabay

http://credit-n.ru/zaymyi-next.html

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Investigador y docente en ESADE, Universitat Ramon Llull. Doctor en Management por la Universidad de Oxford, su principal área de investigación son las prácticas que nacen en la intersección del mundo empresarial o financiero y el impacto social, tales como el emprendimiento social o la inversión de impacto. También es miembro del seminario social de Cristianisme i Justicia.
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1 COMENTARIO

  1. […] A la hora de hacer una radiografía de la situación económica actual, la mayoría de ponentes coincidían en los efectos negativos del sistema y también en algunas de las causas subyacentes. A nadie se le escapa el incremento de las desigualdades en nuestras sociedades, donde un puñado de mega-ricos acumulan un porcentaje cada vez mayor de la riqueza; tampoco la alarmante combinación de altas tasas de desempleo con la precarización de aquéllos que conservan su puesto de trabajo; el recorte constante de los fondos para la cooperación internacional; el peligro que nuestro modelo económico supone para el medio ambiente, o la subordinación de la política al poder de los mercados. En cuanto a las causas que hay detrás de esas tendencias, se apuntaban, entre otras: la globalización, que ha propiciado una reducción de las diferencias de renta entre países (sobre todo con algunos como China o la India) pero a la vez ha hecho aumentar las desigualdades internas; los cambios tecnológicos, que han dejado obsoletas muchas de las tareas realizadas por trabajadores poco cualificados; los cambios regulatorios, sobre todo en materia fiscal, que han permitido una mayor concentración de la riqueza y una reducción del papel de los estados, y la financialización de la economía, donde la especulación y las ganancias a corto plazo se han vuelto más importantes que la sostenibilidad de las empresas y su arraigo en el tejido social. […]

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