Reflexión de fin de año: Recoser un mundo que se rompe (II)

Reflexión de fin de año: Recoser un mundo que se rompe (II)

Cristianisme i Justícia. [Ayer publicamos la primera parte de nuestra ya tradicional “Reflexión de fin de año”. La podéis encontrar haciendo clic aquí o también podéis leer y/o descargar el Papel completo].

Conflictos bélicos nuevos sin que se cierren los antiguos

Ese miedo y esos muros que detienen a personas, pero no interceptan capitales, son la lamentable respuesta al drama de los refugiados. Nunca en el mundo, después de la Segunda Guerra Mundial, se habían contabilizado tantos millones de refugiados y desplazados. Este incremento se debe a la aparición de nuevos conflictos armados y la reapertura de otros más antiguos que, como heridas mal cerradas, vuelven a sangrar.

El informe Alerta 2016!, de la Escola de Cultura de Pau, registró en 2015 hasta 35 conflictos armados: 13 en África, 12 en Asia, 6 en Oriente Próximo, 3 en Europa y 1 en América. Ciertamente, el foco mediático se concentra actualmente en Siria e Irak, pero son muchos los países que se encuentran en un contexto de alta violencia: Ucrania, Libia, Egipto, Nigeria, Palestina, Somalia, Sudán del Sur, Afganistán, Pakistán, Yemen…

Las consecuencias de estos conflictos bélicos para la población civil también implican masacres, ejecuciones sumarias, detenciones arbitrarias, torturas, desplazamientos forzados, uso de la violencia sexual como arma de guerra o reclutamiento de menores, por citar algunas. Los datos conforman una fotografía estremecedora: 60 millones de personas entre refugiados y desplazados, 83 escenarios de tensión a nivel global… En el año 2015, 167.000 personas murieron a causa de los conflictos armados, y no parece que las cifras de 2016 vayan a ser más halagüeñas.

Invertir esta tendencia mundial hacia la violencia como método de resolución de los conflictos (y como negocio e industria, ¡no lo olvidemos!) requiere también hacer un giro cultural hacia la paz, hacia unos valores y actitudes que pongan en primer plano la vida. Ya lo decía María Zambrano: «La paz es mucho más que una toma de postura: es una auténtica revolución, una manera de vivir, una manera de habitar el planeta, una manera de ser persona».

La disidencia eclesial

La falta de una auténtica cultura de la paz y el diálogo se observa también en ciertos ámbitos eclesiales. A la apertura de un debate claro y sosegado por parte del papa Francisco sobre algunos temas difíciles y polémicos, la extrema derecha eclesial ha reaccionado con vehemencia. Paradójicamente, aquellos que defienden la necesidad de la centralidad papal en la Iglesia y que ven en la delegación de algunos temas a las conferencias episcopales de cada país una fuente de caos, división y relativismo, son los mismos que han levantado la voz contra el pontífice. Y de nuevo paradójicamente, aquellos que antaño denunciaban las corrientes eclesiales progresistas por heterodoxas porque discrepaban de algunas de las directrices de Juan Pablo II hoy califican de heterodoxo al papa Francisco. Así, pues, los que se presentaban como papistas y que ahora critican al Papa no seguían al obispo de Roma, sino a su propia ideología.

Tenemos un Papa que estimula el debate y que anima incluso a que se le expresen discrepancias, porque está convencido de que Dios guía a la Iglesia no solo inspirando a su cabeza, sino a todos sus estamentos. Así lo hizo en el inicio del Sínodo de la Familia, animando a cada obispo a expresar su parecer previa consulta a los creyentes de su diócesis. Ahora, tres años después de la elección del Papa, los sectores conservadores de la Iglesia ya manifiestan públicamente su disconformidad, y lo hacen desde la convicción de que el diálogo abierto acerca de determinados temas provoca incertidumbre, confusión y alarma en muchos fieles. De nuevo las dificultades y el miedo a la pluralidad, y la añoranza de un autoritarismo eclesial de corte absolutista.

Los medios de comunicación social (MCS) como circo romano

Aunque el mundo necesita más diálogo, los MCS, tan importantes hoy en día, no hacen más que atizar el fuego de los conflictos. Albert Camus repetía a menudo este lema: «Al lector hay que darle lo que necesita saber, no lo que le gusta leer». E insistía: «Un país vale lo que vale su prensa», a la que hoy hemos de sumar la televisión y la radio. Sin embargo, constatamos que una parte de los debates televisivos no son más que recreaciones de las luchas de los circos romanos: la gente busca confrontación, y sangre. Y las cadenas pagan a los nuevos gladiadores según el número de dardos y puñaladas que reparten en forma de gritos e insultos. Incluso los informativos muestran las catástrofes cada vez con más crudeza para vencer la insensibilidad creciente del televidente. De igual manera, los titulares se llenan de expresiones que subrayan las crisis de las instituciones, las confrontaciones en los partidos, las desavenencias entre jugadores y entrenadores, etc. Palabras de crítica emitidas en privado son elevadas a auténticas declaraciones de guerra; los propios medios narran las rupturas que ellos mismos se han encargado de atizar… Manda la audiencia, la publicidad, aunque para ello la verdad deba ser sustituida por el espectáculo. Mentira, calumnia, difamación y sensacionalismo son las cuatro tentaciones de los medios, según el papa Francisco.

Desde Cristianisme i Justícia hacemos un llamamiento al diálogo y al debate. Desde el ágora de Grecia, estos principios fundaron nuestra cultura y lo que somos hoy en día. Roma cayó cuando se transformó en espectáculo decadente. Europa renació en la modernidad recuperando el espíritu de Grecia. El fin de la exposición serena de las ideas será el fin de la democracia y el nuevo fin de Europa. Movidos por la codicia, el miedo, las bajas pasiones, la indiferencia ante el dolor ajeno… nos encaminamos con paso acelerado hacia el precipicio. Y a pesar de ello, contra toda evidencia, la fe en la humanidad y en aquello más sagrado que hay en ella nos animan a creer en la posibilidad de cambiar el rumbo.

recoser

Imagen extraída de: Pixabay