La dimensión laboral del fenómeno migratorio

La dimensión laboral del fenómeno migratorio

Eduardo RojoEspaña, Cataluña, son países de emigración e inmigración. ¿Qué quiero decir con ello?

En las conferencias que imparto sobre el fenómeno migratorio, y en las que siempre defiendo que la migración es una oportunidad -si es bien gestionada- de desarrollo económico en los países de origen y de acogida, suelo explicar que España fue un país de emigrantes durante muchos años desde el final de la guerra civil, y muy en especial a partir del desarrollismo político de los años sesenta del pasado siglo XX. Acompaño mi explicación con referencias a películas que ponían claramente de manifiesto esa realidad, como “Vente a Alemania, Pepe”, “Españolas en París”, o “Un franco, 14 pesetas”. Bueno, en realidad esa etapa de emigración, que se detuvo a mediados de los años setenta, ha resurgido en los últimos años pero con otro perfil bien distinto, el cual es el de jóvenes universitarios bien preparados y que dejan España ante las dificultades de encontrar empleo y por ello se deciden a buscarlo allende nuestras fronteras. De ello ha dejado también el cine debida constancia, con el excelente documental de Icíar Bollaín, “En tierra extraña”.

De la emigración pasamos a la inmigración, poco a poco en los primeros momentos y de forma mucho más acelerada después. Interesa ahora destacar que hasta bien entrada la recuperada democracia en 1977, la inmigración extranjera era un fenómeno de poca importancia, aun cuando la incorporación de población africana procedente de Senegal y Gambia en las comarcas de la demarcación territorial de Girona es un hecho histórico significativo.

La entrada de España en la CEE, y la aprobación poco antes de la primera ley de extranjería (Ley Orgánica 7/1985, de 1 de julio, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España) marcan un punto de inflexión jurídico de innegable importancia. Pero poco después la necesidad de corregir los abusos existentes en las relaciones de trabajo con extranjeros llevó a varios grupos parlamentarios en el Congreso de los Diputados a instar medidas de regularización, y de ello queda debida constancia en el Boletín Oficial y en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados. Mientras tanto, en Cataluña se hacían públicas las 50 propuestas de Girona, un documento elaborado por un grupo de personas bien conocedoras del fenómeno migratorio y que sería el punto de referencia durante muchos años para la política de inmigración catalana. En dicho documento también encontramos la necesidad de abordar el fenómeno migratorio desde una perspectiva claramente integradora y con reconocimiento de derechos, que en el ámbito laboral se concretan en el cumplimiento de la normativa vigente.

La conjunción de una serie de factores, con especial impacto en el año 2000 y 2001, darán lugar al incremento de la población extranjera en el mercado de trabajo español y catalán, aun cuando en este último ya tuviera una presencia mayor con anterioridad. En primer lugar, la aprobación de la Ley Orgánica 4/2000 de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, ley cuya versión original no contó con el apoyo del grupo mayoritario del Parlamento, el Partido Popular, y que fue rápidamente modificada, con restricción de derechos, una vez que las elecciones generales celebradas dicho año le dieron al PP la mayoría absoluta. De otra, un accidente ocurrido en Lorca el 3 de enero de 2001 y en el que murieron 12 trabajadores ecuatorianos puso de manifiesto las penosas condiciones de trabajo de muchos extranjeros, siendo obligado por el gobierno español prestar atención al cumplimiento de la normativa y, al mismo tiempo, entonar un “mea culpa” por tal situación y abrir las puertas, con todas las restricciones que se quiera pero al fin y al cabo era abrir las puertas, a la población extranjera sudamericana que quisiera venir a España y contribuir a su desarrollo económico y social. Difícilmente puede entenderse el boom de la población extranjera en el mercado de trabajo español en la primera década de este siglo sólo por el desarrollismo económico, que ciertamente cumplió un papel muy importante, sino que también es necesario conocer la apertura llevada a cabo, en el terreno político, hacia países sudamericanos, muy probablemente también, y creo que lo digo es algo más que una mera intuición, por los vínculos culturales, históricos y lingüísticos con España.

En mis reflexiones sobre la dimensión laboral del fenómeno migratorio he destacado la importancia de la incorporación al mercado de trabajo español y catalán de la población de América del Sur, y es cierto que su presencia ha seguido siendo importante durante el período que se inicia con la crisis de 2008, aun cuando se reduce tanto por el desempleo como por los procesos de naturalización. Ahora, toca hacer referencia a otro momento histórico importante y que ha impactado de manera también relevante en el mercado de trabajo, en esta ocasión especialmente en el español ya que en el catalán, sin negar su importancia, es más reducido. Me refiero a la incorporación de Rumania y Bulgaria a la Unión Europea en 2007, aun cuando se establecieron períodos transitorios para la aplicación del principio de libre circulación de trabajadores, que España aplicó durante 2007 y 2008, suprimió a partir de 2009, y recuperó en 2011 hasta la su finalización.

En esta rápida mirada histórica a cómo ha ido incorporándose la población extranjera al mercado de trabajo español y catalán no pueden dejarse de lado, ni mucho menos, dos elementos de especial importante, más por el lado cualitativo que por el cuantitativo. En primer lugar, y refiriéndome con carácter general a toda España, al gradual y paulatino crecimiento de la población china, con una mayoritaria presencia entre los trabajadores autónomos como ponen de manifiesto las cifras de afiliación a la Seguridad Social; en segundo término, el crecimiento de la población paquistaní en Cataluña, con especial incidencia en Barcelona. ¿Cuál es la razón de que haga referencia a estos dos colectivos? Pues por la importancia que tienen en el tejido económico del pequeño comercio. No es necesario acudir a los buenos y rigurosos estudios ya existentes en la materia para darse cuenta de la presencia de ciudadanos chinos y paquistaníes en el tejido económico y social de España y Cataluña, con especial relevancia de la presencia de los primeros. Una muestra más, y cualificada, de cómo ha impactado la presencia de población migrante en nuestro mercado de trabajo.

Queda todavía bastante por hacer en el camino de la plena equiparación de derechos laborales, y no me refiero ahora a una situación irregular sino simplemente a la posición que ocupa buena parte de la población extranjera en nuestro mercado de trabajo, lo demuestran los datos del Instituto Nacional de Estadística sobre los salarios percibidos en España durante 2014. Si atendemos a la nacionalidad de cada trabajador, el salario medio (22.858,17 euros) sólo fue superado por los trabajadores españoles (23.237,94 euros), situándose ya por detrás los restantes ciudadanos comunitarios (20.328,00 euros), los del resto de Europa (15.156,60 euros), los de América Latina (14.714,46 %), y los del resto del mundo (14.720,89 euros).

Concluyo esta reflexión personal sobre el mercado de trabajo y la influencia que ha tenido el fenómeno migratorio en España y Cataluña. Sigo teniendo especial interés por la temática abordada, no sólo por razones académicas y sociales sino también por razones familiares. Si el mundo del trabajo es cada vez más plural y diverso, es en gran medida por la presencia de población extranjera en los diferentes mercados de trabajo. Difícilmente puede entenderse el boom económico español de la primera década de siglo, aunque tuviera los pies de barro como se demostró desgraciadamente más adelante, sin la aportación de la población trabajadora extranjera. Ahora, sólo cabe desear que la inmigración y la emigración sean plenamente voluntarias y con respeto de los derechos de todas las personas, y actuar para que ello sea posible.  

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Imagen extraída de: Fondo de armario/El País