La desaparición de las cajas de ahorros: causas y consecuencias

La desaparición de las cajas de ahorros: causas y consecuencias

Joan Ramon Sanchis Palacio. [Oikocredit] El proceso de concentración del sector bancario en España va unido a la desaparición de las cajas de ahorros. El último caso ha sido el de Caixa Catalunya, que tras el saneamiento, transformación en banco privado (Catalunya Banc) y nacionalización por parte del FROB, ha sido absorbida por el BBVA. Culmina así una nueva etapa de fusiones con el fin de concentrar el conjunto del sistema bancario español en 5 o 6 grandes bancos. El caso de Catalunya Banc, más conocido por su marca comercial Catalunya Caixa, muestra con claridad lo que ha sucedido con las cajas de ahorros en nuestro país desde que se inició la crisis financiera en 2007. Después de su politización, una parte significativa de cajas de ahorros entraron de lleno en el negocio de la construcción, con corrupción urbanística incluida y saqueo de los directivos, que las llevó a una situación de insolvencia sin retorno.

Es la hoja de ruta que muy probablemente habían pactado grandes banqueros y políticos en puestos de poder autonómico y central, con el fin de acabar con unas entidades bancarias que quitaban cuota de mercado a la gran banca desde hacía varias décadas. Una hoja de ruta que nos ha costado a todos los españoles un rescate bancario de la Unión Europea por importe de 41.300 millones de euros y un coste total que muy probablemente superará los 200 mil millones de euros.

Primero fue la desaparición de la banca pública y luego la de unas entidades, las cajas de ahorros, que históricamente habían ejercido una función de apoyo financiero a los pequeños ahorradores, emprendedores, autónomos y pequeñas empresas, y a la vez contribuían de manera directa al desarrollo económico y social del territorio a través de la Obra social; una Obra social que en 2008 (inicio de la crisis) alcanzó su máximo con más de 2 mil millones de euros, pero que a partir de ese momento ha ido disminuyendo de forma significativa hasta situarse en niveles cercanos a los 500 millones de euros. La Ley de cajas de ahorros y fundaciones bancarias privadas, aprobada en 2013, ha sido la puntilla definitiva de las cajas de ahorros (sólo quedan dos de muy pequeña dimensión en Valencia y Baleares) y una disminución significativa de la Obra social, ya que depende ahora de la decisión de los bancos privados.

Pero no todas las cajas de ahorros han estado mal gestionadas, si bien con la reforma legal se ha conseguido borrarlas todas, estuvieran mal gestionadas o bien gestionadas, porque así lo querían los grandes banqueros. Es más, desde la Administración Pública y la patronal bancaria se ha estado intentando “demonizar” a las cajas de ahorros, alegando que se trata de un modelo inadecuado y desfasado y, por tanto, condenado a su desaparición. Es curioso que en la mayoría de países de la Unión Europea (Alemania, Francia, Holanda, Austria, Italia…) sigue subsistiendo el modelo de banca de proximidad y no es cuestionado por sus autoridades.

La desaparición de las cajas de ahorros es realmente grave para la economía en general y para los consumidores en particular. Estas entidades representaban la banca de proximidad en España, junto con las cooperativas de crédito, ofreciendo productos y servicios enfocados al pequeño ahorro y a la economía productiva y real, dejando de lado las transacciones especulativas y de riesgo elevado. Se trata de entidades arraigadas en el territorio que conocen las necesidades de sus clientes y se adaptan a ellas. Al menos fue así hasta que a finales de los ochenta y comienzos de los noventa del siglo XX comenzaron su “bancarización”, que culminó, por poner un ejemplo muy gráfico, en la colocación de participaciones preferentes a sus clientes. Las participaciones preferentes, que también colocaron los bancos privados (no fueron sólo las cajas de ahorros como se nos ha hecho creer), han supuesto una de las mayores estafas de la historia de la banca en España, que ha afectado a más de 700 mil clientes por un importe superior a los 30 mil millones de euros. Con su desaparición, una parte importante de la actividad empresarial se ve mermada por la falta de préstamos y créditos.

Por otra parte, la concentración del sector en pocos bancos incrementa su poder de negociación frente a los consumidores, lo que se traduce en nuevos abusos como el aumento de las comisiones, la colocación de nuevos productos financieros de alto riesgo, cláusulas suelo en las hipotecas y desahucios, entre otras malas prácticas. No olvidemos que la banca española es la que peor imagen tiene de toda la Unión Europea, excepto los bancos irlandeses.

Desaparecidas las cajas de ahorros (casi todas), ¿qué nos queda? Nos quedan las cooperativas de crédito y las cajas rurales, aunque también están amenazadas por las fusiones y una reforma legal, que de la misma manera que en las cajas de ahorros supondría su práctica desaparición. Y nos queda una sociedad civil, que ante la exclusión financiera y los comportamientos no éticos de los bancos convencionales (financiación de empresas armamentísticas, de empresas que deslocalizan y utilizan mano de obra infantil…) ha decidido iniciar una revolución financiera silenciosa, a través del consumo financiero responsable y la creación desde abajo de nuevas entidades bancarias con criterios más sociales y éticos (banca ética) y de entidades financieras no bancarias como las cooperativas de servicios financieros (como Coop57 y Oikocredit), las cooperativas integrales, las comunidades autofinanciadas, los bancos de tiempo y otras iniciativas más. Un poco de esperanza dentro de una realidad realmente cruda y dura.

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Imagen extraída de: Pixabay