Rescatar la verdad: luz y taquígrafos

Rescatar la verdad: luz y taquígrafos

Santi TorresHace tiempo que la política ya no la hacen los políticos sino los gabinetes de comunicación que cada mañana marcan “el discurso” que después los políticos se encargan de repetir disciplinadamente. El buen político ya no es el más brillante, el que más pensamiento propio tiene, el que es capaz de aportar soluciones a problemas nuevos y viejos. Ahora el buen político es quien mejor se ciñe al “discurso” guionizado, repito, casi diariamente, a la manera de un manual de instrucciones o conjunto de eslóganes que ya no significan nada: cuando se pregunte esto, responda esto; si el otro le recuerda esto, hable de aquello, en caso de duda vuelva al discurso y a las palabras marcadas en rojo… Y así una y otra vez, están matando el lenguaje y están matando la política.

Y lo peor de todo: lo poco que se dice y mal es, muchas veces, una construcción que nada tiene que ver con la realidad.

Un político, de los pocos que aún hablan como políticos, en una de las sesiones de investidura recientes acusó al PP y al aquel momento candidato Rajoy de la peor de las corrupciones: la “corrupción de la verdad”. La acusación no debería aplicarse solamente al PP, pero hay que reconocer en este partido una maestría única, insuperable…

Y ante esto, ¿cómo rescatar la verdad? No, no me refiero a la verdad ideal, a aquella inamovible y sin fisuras de muchos fundamentalismos, me refiero a la verdad de los hechos, o si se prefiere al “relato de los hechos” ante aquel relato que todo lo tergiversa en función de una estrategia o de un apriorismo ideológico. Gran parte de la comunicación que se realiza actualmente no busca saber lo que ha pasado  realmente sino crear una confusión que desanime. El relato aparente es solamente humo que esconde, una especie de opiáceo que anestesia, distrae o excita, pero siempre a conveniencia de la estrategia y de quien lo construye.

Pilatos vuelve a ser “tendencia” con aquella pregunta gélida e implacable ante un Jesús torturado y golpeado hasta el límite: “¿Y qué es la verdad?”

Ya sé que el tema es un clásico y que la literatura renacentista está llena de manuales políticos dirigidos precisamente a explicar formas de mantenerse en el poder a través de la manipulación y de la mentira. Pero uno pensaba ingenuamente que en el mundo donde todo queda registrado, donde “todo se sabe”, y donde tanto cuesta esconder las cosas, habría instrumentos para poder reconstruir los hechos, para poder poner en evidencia hasta que punto la verdad esta corrompida y secuestrada. Y en cambio nos encontramos en el otro lado: en medio de una cantidad enorme de información desorganizada y sin hilo que acaba convirtiéndose en el mejor antídoto contra la verdad.

Y una vez y otra, la misma pregunta: ¿como rescatar la verdad?

Y lo único que se me ocurre es pensar que hace falta tiempo y esfuerzo, dos elementos tan contraculturales que casi parece innecesario citar. Tiempo y esfuerzo para reconstruir un relato de los hechos que ponga en evidencia tanta impostura. Esto es lo que han hecho en buena parte la gente de Llum i Taquígrafs, (Contra el silenci i la corrupció. Posem llum i taquígrafs), en relación a la corrupción en Cataluña las últimas décadas. Financiado popularmente a través de un Verkami, constituye en mi opinión un ejemplo de cómo, a partir del inmenso material de evidencias, se puede rescatar una verdad secuestrada, un relato de la verdad fiel a los hechos capaz de esclarecer y de poner luz. Necesitamos más luz y taquígrafos, necesitamos recuperar el lenguaje, la política y sobre todo necesitamos rescatar la verdad.

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Imagen extraída de: Pixabay