La educación de niñas y mujeres, una cuestión de justicia

La educación de niñas y mujeres, una cuestión de justicia

Sara García de Blas y Valeria Méndez de VigoA pesar de que ha habido grandes avances en los últimos años en muchos países, las mujeres continúan sufriendo  discriminación por razón de género en numerosos ámbitos desde su infancia. Tal y como señala UNESCO,  de los 61 millones de menores en el mundo que no tienen acceso a la escuela primaria, el 53% son niñas[1].

Y eso que la paridad de género en el acceso a la educación ha mejorado y continúa avanzando en los últimos años. En la etapa preescolar, se ha alcanzado en todas las regiones, excepto en Asia Oriental y el Pacífico y, en primaria, 97 niñas por cada 100 niños están escolarizadas. Pero es a partir de la educación secundaria cuando las diferencias se acentúan. De hecho, en 2014, sólo 1 de cada 4 países tiene igual número de niñas que de niños en el segundo ciclo de secundaria. Dos tercios de los 758 millones de personas adultas analfabetas son mujeres.

Las niñas tienen que enfrentarse a numerosas barreras para acceder a la escuela y para continuar en ella. Algunas como la pobreza, el matrimonio infantil, los embarazos precoces y las tareas domésticas devienen en la práctica como infranqueables. Los conflictos armados refuerzan la inequidad de género: las niñas tienen más del doble de posibilidades (2.5) de estar fuera de la escuela que los niños. El desplazamiento de niños, niñas y familias de sus hogares de origen debilita los mecanismos de protección y, en demasiadas ocasiones, las familias no tienen más remedio que recurrir a estrategias de supervivencia, que ponen a las niñas y jóvenes en situaciones de desventaja, como el trabajo doméstico y el matrimonio infantil. En el campamento de Kakuma, en Kenia, sólo el 38% de los estudiantes de primaria eran niñas.

Continuar en la escuela resulta en ocasiones muy difícil para las niñas y las jóvenes, a la luz de los datos.  En África subsahariana, el 75% de las niñas comienza la primaria, pero sólo un 8% termina la secundaria.

Sin embargo, educar a las niñas, además de un derecho ampliamente reconocido y una cuestión de justicia, aporta beneficios en sus vidas y también en sus familias, comunidades y  países. Las niñas que se quedan más años en el colegio se casan más tarde, tienen menos hijos, ganan más dinero y pueden resistirse mejor a la violencia de género.[2] Un año adicional de escuela incrementa el salario de las mujeres en un 12%[3].

La mortalidad materno-infantil disminuye un 15% cuando las madres han estudiado primaria, y un 49% cuando han estudiado secundaria. Estas mujeres tienen menos posibilidades de contraer VIH/SIDA y malaria. Sus hijos e hijas tienen mayor probabilidad de beneficiarse de una nutrición adecuada y de ir a la escuela.

Pero para que todo esto suceda, es imprescindible garantizar una educación de calidad y equitativa a todas las niñas, poniendo en la práctica políticas adecuadas e incrementando la inversión en educación. Hay que reducir la distancia y el tiempo que emplean para ir a la escuela y el camino tiene que ser seguro. Las escuelas deben contar con agua corriente y con aseos separados para chicas y chicos.

Es imprescindible asegurar el equilibrio equitativo de mujeres y hombres en el personal docente y mejorar su remuneración y formación -incluyendo la perspectiva de género-. Dina Carpio, maestra, tras participar en un proyecto de Fe y Alegría sobre promoción de equidad de género señala: “He aprendido a reconocer que los niños y las niñas tienen derechos y que hay que respetarlos. Saber que niñas y niños son iguales y que pueden hacer todas las tareas sin discriminación”[4]. También hay que implicar a comunidades y progenitores en la educación de sus jóvenes, eliminar los costes de la educación  y realizar cambios legislativos y sensibilización para eliminar prácticas como el matrimonio infantil y reducir los embarazos precoces[5].

Hace pocos días se cumplió un año de la suscripción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030 en la Cumbre de Naciones Unidas, que marcarán la hoja de ruta en los próximos años para eliminar la pobreza, la desigualdad y alcanzar el desarrollo sostenible.  Hay un  objetivo específicamente dedicado a la educación (el ODS número 4) y otro a la igualdad de género (el ODS número 5). Ambos se complementan mutuamente, tal y como hemos visto, y son decisivos para el logro de los demás Objetivos y, en definitiva, para alcanzar un mundo pacífico, de progreso, justo y sostenible.

***

[1]UNESCO.Gender Review, Global Monitoring Report, 2016.

[2]Malala Fund. What works in Girls’ Education:

https://www.malala.org/brookings-report/the-worlds-best-investment-girls-education

[3]Lloyd, C. B. (2013). “Education for Girls: Alternative Pathways to Girls’ Empowerment.” Integrated Approaches to Improving the Lives of Adolescent Girls Issue Paper Series. GirlEect.org.

[4]Entreculturas (2011). Las niñas a clase: una cuestión de justicia. Accesible en. https://www.entreculturas.org/files/documentos/estudios_e_informes/Las%20nin%C2%A6%C3%A2as%20a%20clase.pdf?download

[5]UNESCO y UNGEI (2015). Gender and EFA 2000_2015: achievements and challenges.

niñas

Imagen extraída de: Pixabay

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.