“Rezaré para que haga frío y que se joda”

“Rezaré para que haga frío y que se joda”

José María SeguraEstarás pensando que es un frase sacada de contexto y que suena fuerte así, tal cual, y más como título de un post… Déjame que te cuente que el contexto es aún mejor. La frase es de un trabajador social de una entidad cristiana. Se dirigía a un obispo. En un invierno frío. Gente en la calle. El ayuntamiento que no destina bastantes recursos para albergarlos porque quizás no los tiene o quizás los gasta en otros fastos. El obispo de la ciudad, preocupado, ha convocado a este agente de una entidad y le pregunta: “¿Qué estamos haciendo? ¿Qué más podemos hacer? Cuando hace tanto frío no puedo dormir porque no me quito de la cabeza a la gente de la calle”. Y este le responde: “Sabe lo que voy a hacer yo, pues voy rezar para que haga todavía más frío y que usted se joda y no pueda dormir y así Dios le siga manteniendo preocupado por la gente de la calle”. Este encontronazo con la realidad hizo saltar un resorte que movilizó recursos del obispado y la diócesis para dar soluciones de urgencia en un campaña de frío, y más adelante soluciones de fondo con programas a sin techo innovadores y creativos.

Recientemente el Servicio Jesuita a Migrantes ha presentado en diferentes ciudades de España su Informe CIES 2015. Tras la presentación en Valencia, una persona del público intervino indignada para mostrar su estupefacción: “¿Se sabe que hay menores en los CIES, mujeres víctimas de trata, refugiados a los que no se atiende… ¡Y NO PASA NADA!?” Y ahí es donde uno se dice: “bendita indignación”. Muchos/as la compartimos pero ¿qué más hace falta para que pasemos de la indignación y el “clicktivismo” a la acción? ¿Cuánto “frío” más?, ¿cuántas imágenes más de niños ateridos, aterrorizados por las bombas y el mar, famélicos, gaseados a las puertas de Europa necesitamos ver? ¿Qué tiene que pasar para que nos “jodamos” y que así, aunque sea por poder dormir, nos movilicemos?

José Luis Pinilla habló en su intervención en Valencia de que su corazón vibraba y se estremecía pensando dónde estarán esos otros corazones que perdemos en las rutas migratorias, esos menores desaparecidos, traficados, esas personas que expulsamos de los CIES o que dejamos en libertad pasado un tiempo porque las “enCIErramos” a pesar de saber que eran inexpulsables… Reconozco que mi trabajo en el SJM me quita el sueño. Los rostros, las historias, las vidas rotas. A mí no me dijo nadie que rezaría para que me jodiera, pero el Señor me bendijo con una charla con Santiago Yerga, redactor del informe, que en un coloquio informal con Pinilla nos confesaba: “Gracias, José Luis, por haber puesto la nota sentimental al informe. Yo no puedo, me rompo porque sé las historias completas y conozco los nombres y los rostros de muchas de esas personas…”. Y añadió: “Uno de los testimonios se dice que está ahora desaparecida. Bueno, después apareció. Había sido captada por una red de trata. Intentamos ayudarla, pero la volvimos a perder”. Esa es la herida de la frontera de la que hablan los amigos del Servicio Jesuita a Refugiados. Así, querido lector/a, por mi parte rezaré por ti. ¡Ojalá que las imágenes de Aris Messinis (por ejemplo) te indignen, te revuelvan el estomago y no te dejen dormir! Y así nos encontremos en la noche incómoda del alma. Y juntos/as empecemos a construir desde la incidencia, la denuncia y la participación una Europa más justa.

Como gritaba el poeta, “es tarde pero es nuestra hora”. Y es hora de tomar las calles, las redes y las instituciones. Es hora de exigirnos responsabilidades entre ciudadanos. Es la hora de que emerja una ciudadanía concienciada que marque el ritmo y el rumbo a la clase política, que parece que está tristemente más ensimismada en negociaciones y negocios internos que en el clamor de las calles. Es hora de ejercer la democracia (no tanto de hablar de ella o de reducirla a votar a cada rato), y de recuperar la responsabilidad compartida. Es tarde, “pero somos nosotros esa hora tardía”. Y perdona que insista. Dejemos de lamentarnos ya, y pasemos a la movilización, a la militancia en ONGs e instituciones que trabajan por una sociedad más justa. Los políticos no parecen interesados en hacerlo. Comencemos pues nosotros/as, tú y yo, y vayamos haciendo camino, porque es tarde “pero es madrugada si insistimos un poco”.

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Imagen extraída de: Wikimedia Commons