Delator: ¿traidor o héroe?

Delator: ¿traidor o héroe?

Manfred NolteUna de las dimensiones del sentimiento acusador del ser humano se halla en el concepto de delación. Ya des de la época colegial el profesor alecciona al cobista para que apunte en la pizarra durante su ausencia los nombres de aquellos en los que observe un comportamiento inadecuado. Puede advertirse aquí la primera y vital diferencia: en la pizarra figuraría el que habló con su compañero de pupitre, y adicionalmente, aquel a quien el pelota se la tenía jurada aunque se estuviese quieto como una estatua. Motivaciones bien distintas, a lo que añadiremos que el chivato puede actuar de oficio sin profesor o maestro que se lo encomiende.

Metidos en la harina de la economía y en lo que nos compete y que estará en la memoria de todos Vds. han sido delatores famosos personajes como Edward Snowden, consultor tecnológico estadounidense antiguo empleado de la CIA y de la NSA (Agencia de Seguridad nacional), que filtró en 2013 documentos clasificados como alto secreto sobre varios programas de la NSA incluyendo un programa clandestino de vigilancia electrónica (PRISM) operado por la (NSA) para la recogida masiva de comunicaciones procedentes de al menos nueve grandes compañías estadounidenses de Internet. Exiliado en Rusia, Snowden afronta ahora cargos del gobierno de EEUU por robo de propiedad pública y divulgación no autorizada de material de defensa e inteligencia. Aunque el 30 de octubre de 2015 el Parlamento Europeo celebró una votación en la que absolvió a Edward Snowden de todos los cargos en los diferentes países de la Unión Europea, la medida es meramente testimonial.

Julian Assange es el siguiente nombre en la lista. Autor y actor de los ‘Wikileaks’, cinco años desde la publicación de ‘Los Papeles del Departamento de Estado’, la mayor filtración de la historia acerca de los secretos de la política exterior de EEUU, Assange está en fuga y cobijo diplomático de la Embajada de Ecuador en Londres.

También Hervé Falciani ingeniero de sistemas italo-francés que sustrajo de la filial suiza del banco HSBC información de las cuentas de más de 130.000 clientes que podrían tener fondos de dudosa honorabilidad. Hervé Falciani domiciliado en la actualidad en Francia ha sido condenado a cinco años de prisión por espionaje económico por el Tribunal Federal de lo Penal de la ciudad helvética de Bellinzona.

Más recientemente, los nombres de Antoine Deltour y Raphaël Halet, asociados al escándalo ‘Luxleaks’. Las filtraciones de estos dos extrabajadores de la consultora PWC destaparon un entramado de favores fiscales en Luxemburgo con más de 350 empresas multinacionales. En ausencia de una cobertura jurídica de protección, Luxemburgo dictó sentencia declarando a ambos empleados culpables de robar documentos, revelando secretos empresariales y de violación de secretos comerciales. Deltour fue condenado a 12 meses de prisión y una multa de 1.500 euros. Halet sufrió una condena de 9 meses y 1.000 euros de multa. Édouard Perrin, el reportero de la televisión pública France 2 que destapó los documentos, fue absuelto de todos los cargos.

¿Y qué dicen de los Papeles de Panamá? Todo indica que los delatores de la mayor redada moral de la historia en lo que se refiere a la constitución de sociedades fantasma dirigidas por testaferros panameños fue fruto de un hackeo informático de los archivos del bufete Mossack Fonseca. Nada menos que 11,5 millones de documentos. Los delatores, de ser capturados y juzgados según la ley panameña, sufrirían penas de cárcel dado el carácter penal de las conductas atribuidas.

Dicho lo cual, ¿son los delatores simples soplones delincuentes quebrantadores de sus obligaciones de confidencialidad, o héroes sin cobertura legal y expuestos a que el presidio sea el único premio a su conducta ejemplar? La respuesta la hallamos en el eslogan de la Organización ‘Transparencia Internacional’ que promueve la protección jurídica de los delatores. ‘Proteger a los que protegen el bien común: la dimensión del interés público’.

Ese es el gozne que divide a los pícaros, ladrones, revanchistas u oportunistas de los ciudadanos de primerísima categoría. El Iscariote que delata y entrega a Jesús de Nazaret no pensaba más que en sus 30 piezas de plata, que a la postre fueron el precio de ‘sangre inocente’. En el plano ético, es necesario que quien airea desatinos económicos significativos, conductas  corruptas o hechos criminales se inspire, sobre todas las cosas, en el bien común al margen del suyo personal. Además, en derecho, ningún contrato o conducta puede considerarse justificada si sirve para llevar a cabo una acción ilegal o está pensada para avanzar en un propósito ilegal. Esta es la base que sustenta jurídicamente la delación a pesar de que genere un quebrantamiento del principio de  confidencialidad.

Es por ello que los ordenamientos jurídicos deben dar cobertura a estas conductas altruistas. Países como Reino Unido, Canadá o Estados Unidos están a la cabeza de la protección del delator de forma reglada. Aquellos delatores tipificados en la ley no solamente ven protegidos sus intereses contra cualquier forma de represalia sino que, dando un paso más, pueden ser objeto de una gratificación pecuniaria.

Recientemente la Comisión de mercados y Valores de los Estados Unidos (SEC) ha propiciado una respuesta ejemplar por parte de uno de los delatores favorecidos por una de las referidas gratificaciones regladas. Es la historia de Eric Ben Artzi. Gracias a la información proporcionada por Eric Ben-Artzi, exanalista de riesgos del Deutsche en Estados Unidos y otros dos colegas más, la SEC multó el pasado año a Deutsche Bank con 55 millones de dólares por falsear sus cuentas al valorar de forma incorrecta su exposición a productos derivados, hecho que bajo determinadas circunstancias adversas hubiera podido conducir a la quiebra del coloso alemán. La SEC premió a Ben Artzi con 16,5 millones de dólares, pero el analista ha renunciado a la recompensa, como protesta y para dejar en evidencia que la multa no debió ser impuesta al banco y por tanto a sus accionistas, sino directamente a los directivos implicados en el fraude. No queda resquicio de duda de que el amigo Artzi ha buscado preservar valores morales superiores a los personales incluso con la renuncia a una prebenda regulada por la ley.

Una pincelada brevísima acerca de la situación de la normativa española de protección al delator. A pesar de las reiteradas recomendaciones de la OCDE España no ha dado pasos apreciables de homologación en esta materia, cuando por otra parte todos los residentes están obligados a reportar a las autoridades cualquier actividad criminal. La única provisión vagamente relacionada con la delación se refiere a la denuncia anónima sobre conductas irregulares de funcionarios públicos y miembros del Gobierno así como la protección policial de testigos en los procesos judiciales.

Promover la delación ordenada y reglada junto a otras formas de colaboración ciudadana forma parte, así nos lo parece, de una interpretación obvia de la participación democrática.

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Imagen extraída de: Revista Exarchia