Los nuevos otomanos

Los nuevos otomanos

Jordi LópezErdogan encamina Turquía a una dictadura islamista ante la pasividad de las democracias occidentales. Mientras Europa sestea por el calor del verano, las libertades políticas de los turcos han quedado suprimidas por la feroz represión del régimen constitucional islamista de Erdogan. La Turquía que hoy se encuentra en un momento excepcional, es la heredera directa de lo que fue un gran imperio: el Otomano.

Los otomanos fueron un pueblo que dominó la historia del mundo musulmán entre los años 1290 y 1924, y se convirtió en una gran fuerza política y militar a partir del siglo XVI. Desde sus inicios, los soberanos otomanos se adjudicaron el título de califa, pero no fue hasta el siglo XVIII cuando, como respuesta a las presiones de los países occidentales, se atribuyeron la dirección política y espiritual de todos los musulmanes del mundo. Para ello se aprovecharon del error diplomático del tratado de Küçül Kaynarca, en el año 1774, donde se reconocía al sultán otomano la condición de Gran Califa de los musulmanes. A partir de aquel error, los otomanos falsificaron la historia para vincular su linaje con los últimos califas Abásides y tener argumentos para justificar religiosamente el régimen político del nuevo califato.

A partir de entonces los otomanos construyeron un relato religioso y político para incrementar su poder y asumir el liderazgo de la comunidad musulmana mundial. Desde 1876 difundieron la idea de esta nueva umma. A partir de esa voluntad de liderazgo mundial, los otomanos desarrollaron un nuevo concepto que condicionó el devenir político de muchos países musulmanes: el panislamismo. Éste perseguía el objetivo de unificar a todos los musulmanes bajo un mismo guía político y espiritual, tal como lo había sido antiguamente en la época medieval. El Imperio Otomano utilizó con astucia este principio para fortalecer su poder político. Durante estos años, los ulemas del imperio elaboraron la justificación islámica de la sumisión de los musulmanes al rey otomano porque Dios lo había escogido para unir a toda la comunidad islámica. A tal fin, los ulemas justificaron religiosamente el absolutismo del rey a partir de difundir que Muhammad ejerció su poder de forma absoluta.

A pesar de los esfuerzos desplegados, no fue posible alcanzar el objetivo del panislamismo. La progresiva degradación política y moral del Imperio Otomano propició la aparición de corrientes políticas y religiosas contrarias a esta idea. En 1909, los llamados Jóvenes Turcos propiciaron la adopción de medidas constitucionales en Turquía a fin de enderezar el rumbo del imperio sin cuestionar la figura del califato. El estallido de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias posteriores transformaron el escenario político de los otomanos. Es interesante saber que los Jóvenes Turcos emitieron varias fatuas condenando a los aliados. Al terminar la Gran Guerra, Mustafá Kemal (el futuro Ataturk) unificó en torno suyo una corriente política para construir el Estado turco moderno. En los primeros momentos Kemal, para conseguir la adhesión del resto de países musulmanes, siguió defendiendo el proyecto de panislamismo.

En el año 1920 Kemal impulsó la constitución de la Gran Asamblea Nacional (GAN) turca, la cual le otorgó todo el poder. A partir del poder absoluto Kemal promovió la creación del Estado turco el 30 de octubre de 1922, en el que por primera vez dentro del islam se separaba la esfera política de la religiosa. Sin embargo, nada impidió el mantenimiento de la institución del califato, ahora bajo la tutela de la GAN. Al califa de esos momentos le quedó el papel residual de representación espiritual de los musulmanes, hasta que el 3 de marzo de 1924 la Gran Asamblea Nacional abolió el califato. Desde entonces hasta el régimen de Erdogan, Turquía ha vivido al margen del sueño de la unificación de los pueblos musulmanes bajo una única dirección política y espiritual; otros países han pretendido recuperar parte de esta idea. Arabia Saudita ha querido ejercer en parte esta dirección espiritual gracias a sus grandes recursos económicos proporcionados por el petróleo. Estado Islámico, discípulo avanzado del islam saudí, ha dado un paso más para recuperar la idea del califato. Por suerte la presión militar occidental parece reducir su territorio, lo que dificulta la consolidación de su proyecto político.

Los últimos acontecimientos en Turquía plantean las siguientes incógnitas: ¿Cuál es el papel que querrá jugar Turquía cuando el Estado Islámico sea derrotado? ¿Querrá Erdogán recuperar la figura del califato, no en clave radical como lo intentaron los salafistas yihadistas, sino en una vertiente menos radical? ¿Querrá anexionarse algunos de los territorios conquistados por el Estado Islámico para agrandar Turquía? Las decisiones represivas que está tomando el régimen turco en estos días ofrecen algunas pistas. La supresión implacable de las instituciones religiosas y civiles del imán Gülem, así como la destitución de muchos imanes simpatizantes de este referente religioso, el cierre de mezquitas y la persecución de líderes religiosos, podría hacer sospechar que el objetivo final de Erdogán es volver a ejercer de forma absoluta el poder religioso y político tal como lo hicieron los antiguos califas del Imperio Otomano.

Turquía

Imagen extraída de: Pixabay

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.