Niños invisibles: los niños migrantes por México

Niños invisibles: los niños migrantes por México

Gerardo Cruz González

“Es necesario que todos cambiemos
la perspectiva hacia los emigrantes,
que pasemos de una perspectiva defensiva,
miedo, desinterés y de marginación,
y construir un mundo más justo y fraterno.”

Papa Francisco

Suelo recordar frente al fenómeno de la migración, la afirmación del Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, pronunciada al conmemorar el Día Internacional del emigrante: «La migración es una expresión de la aspiración humana por la dignidad, la seguridad y un futuro mejor. Es parte del tejido social, de nuestra condición como una familia humana».

Empero, frente a la realidad, en el día a día, desgraciadamente el miedo a la alteridad, a la diferencia y la pluralidad inmoviliza y hace violentas a muchas personas y comunidades, gobiernos y funcionarios públicos. Prueba de ello es el discurso xenófobo de Donald Trump, la política de seguridad y no de protección a los derechos de las personas migrantes del gobierno mexicano, especialmente practicada desde la implantación del Plan Frontera Sur, y la construcción de muros contenedores en tantas partes del mundo.

Para el caso de México, hay una tendencia generalizada en los discursos oficiales a hablar del reconocimiento de los derechos humanos que nuestra Constitución, los tratados internacionales y las leyes aseguran en nuestro país. Sin embargo la vigencia plena y real de los derechos humanos no es tan clara. Prueba de ellos son los derechos de Niños, Niñas y Adolescentes Migrantes (NNA), cuya edad fluctúa entre los 0 y los 17 años y quienes por razones diversas -todas en la lógica de la cultura del descarte- pasan invisibles ante nosotros.

En efecto, desde la frontera sur del país, una frontera porosa, hasta la frontera norte, uno de los grupos de personas más vulnerable son los NNA migrantes que pasan por México hacia los Estados Unidos. Niños pequeños y adolescentes, muchas veces viajan solos. Vienen de diferentes pueblos y ciudades de lo que se ha dado en llamar, tratando de hacer una sola geografía, el Triángulo Norte de Centroamérica que comprende a Guatemala, Honduras y El Salvador. Sin lugar a dudas, por su ubicación, México es un país de tránsito de miles de migrantes. No podemos negar que también hay muchos miles de niños mexicanos que viajan a los Estados Unidos o que se mueven en migración interna buscando campos donde ocuparse, ciudades que les de refugio o posibilidades de vida.

En México se declaró una crisis humanitaria en 2014 ante el alto tránsito NNA venidos de esos tres países centroamericanos. Según el informe “Niñez migrante en su tránsito por México, vulnerabilidad y propuesta de mejores prácticas” (IMDOSOC, 2016), el número de casos de NNA extranjeros presentados ante las autoridades migratorias mexicanas pasó de 4.160 en 2001 a 9.630 en 2013; a partir de entonces creció de manera exponencial hasta llegar a 22.864 eventos entre enero-agosto de 2015. A la fecha, el flujo migratorio de NNA sigue siendo muy alto. Esta condición de alta vulnerabilidad se agrava cuando viajan solos.

Si tomamos en cuenta que muchos de ellos son indígenas, ello agrava su vulnerabilidad; pero todavía más, sí son niñas, esa vulnerabilidad crece exponencialmente. Por su aspecto físico la explotación a la que se exponen tiene una clasificación. Para el tráfico y trata de personas son más vulnerables las adolescentes y jóvenes de Honduras; para la explotación laboral en los campos y en trabajo doméstico las mujeres indígenas de Guatemala. Los niños (varones) también son explotados sexualmente, pero sobre todo son utilizados como “halcones” y en múltiples delitos y actividades relacionadas con el tráfico de drogas y crimen organizado. No son raros los secuestros, el cobro de piso, las extorsiones, y una lista larga de actividades ilícitas como piratería y control de territorios en las que son involucrados.

El Papa Francisco en su visita a México reconoció que el camino que representa México para los migrantes no es fácil recorrerlo. En la homilía de la misa de Ciudad Juárez afirmó: “Un paso, un camino cargado de terribles injusticias: esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio de tráfico humano, de la trata de personas. No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos”. Imaginemos lo doloroso que es el camino para los niños y niñas sobre todo cuando viajan solos.

Los NNA invisibles tienen negados derechos fundamentales como el derecho a una vida libre de violencia, a las posibilidades de desarrollo integral y pleno, lo que incluye derechos de educación y de salud, derechos tan elementales como el de la reunificación o la no separación familiar. Pensemos en las separaciones que propician las autoridades cuando los padres son deportados desde Estados Unidos o desde México, y los NNA permanecen en ese lugar. Pero también pensemos en los NNA que son deportados y no logran reunirse con sus papás, o con alguno de ellos, en los Estados Unidos.

Las más graves violaciones son sin duda la privación de su libertad, cuando son secuestrados, y la pérdida de la vida.

En 2014 llegaron a Estados Unidos, según fuentes oficiales, 68.455 migrantes provenientes de México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Pero, ¿qué es lo que mueve o motiva a los NNA a dejar sus tierras, sus escuelas, amigos y familias? ¿Qué propicia que abandonen su historia y sus casas? Las causas son múltiples. En primer lugar, y esta es la causa de mayor peso histórico, está la pobreza que junto a la desigualdad son un lastre especialmente para niños y niñas. Además la violencia y la inseguridad son altísimas en Centroamérica. Maras, narcotraficantes, crimen organizado y autoridades policiales contribuyen a la elevada violencia ejercida contra de los niños y niñas. Se ha detectado, lamentablemente cada vez en mayor número una especie de sicariato, reclutamiento de NNA que hacen los grupos delictivos en Centroamérica. Las maras y otros grupos violentos persiguen a los NNA para reclutarlos, hacerlos sicarios o para que les ayuden en múltiples ilícitos: extorsiones, pago de piso, venta y trasiego de droga…

En El Salvador, después de la guerrilla de los años 80, la violencia se ha internado en la vida de los más pobres que alcanza, con niveles altos de pobreza, a un 64% de la población. En este país ser joven, niño o niña, es ya un factor de riesgo dada la extrema pobreza y la desorbitada violencia. El crimen organizado ha proliferado en todo el país. Esta deshumana violencia ha victimizado a NNA de manera especial. La mayor tasa de feminicidios del hemisferio le corresponde a este pequeño país centroamericano: más del 25% de esos feminicidios son de mujeres menores de 19 años.

En Honduras el panorama no es más halagador. San Pedro Sula tiene el índice de homicidios más alto del mundo para una ciudad. Precisamente el homicidio es la principal causa de muerte de NNA de ese país. Tan sólo en los último 3 lustros se han registrado en Honduras 9.881 ejecuciones arbitrarias y muertes violentas de NNA y jóvenes menores de 23 años. De enero a septiembre de 2015 se registraron 708 muertes violentas de personas, hombres y mujeres, menores de 23 años. Después del golpe de estado que sufrió el país, los niveles de vida se han deteriorado considerablemente, ello se refleja en la miseria y la violencia que sufre Honduras.

En Guatemala, un 49’8%, casi la mitad de la población infantil de menos de 5 años sufre desnutrición crónica. El 78’5% de la población indígena de 0 a 17 años vive en situación de pobreza, mientras que el resto, el 21.5% vive en la pobreza extrema. ¿Qué oportunidades tienen y qué tipo de vida están condenados a vivir?

El trinomio es pobreza, desigualdad y extremada violencia. Justamente sin horizontes la violencia es una forma de búsqueda de sobrevivencia. Ni siquiera tienen los NNA centroamericanos la posibilidad de elegir; entre la pobreza y la violencia se ha creado un círculo vicioso que los adormece. Sólo a veces la oportunidad de salir puede generar una esperanza de vida.

Sin embargo no son las únicas causas de la migración infantil. A veces, las condiciones jurídicas favorables prometidas por el presidente Obama de Estados Unidos son la causa para que los niños sean enviados a migrar solos. Otras veces, las mismas redes de migrantes hacen pensar que la migración es fácil para los NNA. Es decir, las familias ya asentadas en Estados Unidos propician las migraciones de NNA. Dentro de estos casos están los anhelos de reunificación familiar; los padres quieren reunirse con sus hijos dejados en sus lugares de origen y se aventuran a realizar ese periplo tan peligroso.

Los peligros a los que se exponen los NNA son tan grandes como diversos: la falta de alimento y agua en el camino; la exposición a la inclemencia del tiempo y los variados climas de México; los caminos inhóspitos, dado que a partir de la implantación del Plan Frontera Sur, las rutas conocidas, y de  algún modo menos inseguras que usaban migrantes y polleros o coyotes, han cambiado: La Bestia, ese tren que se abarrotaba de migrantes, cada vez es menos usado. Disuadidos por el ejército mexicano, policías estatales o municipales, e incluso guardias de empresas privadas, los migrantes se ven obligados a transitar por selvas, montañas, desiertos e incluso mar.

Otros peligros, por desgracia, son los secuestros y trata de personas; violencias físicas y sexuales; reclutamiento de los grupos del crimen organizado; golpizas y atentados con armas de fuego, no sólo de parte del crimen organizado, sino también de grupos policiales y militares de México.

La detención no es rara, por el contrario, es muy común. Hay agentes especializados para menores en el Instituto Nacional de Migración, conocidos como OPIS. Pero muchas veces sin un protocolo o con un trato inhumano por falta de capacitación de dichos agentes, los NNA son despojados de sus derechos fundamentales. Las estancias migratorias representan muchas veces verdaderas cárceles para los NNA; ahí son ilegítimamente detenidos y las autoridades administrativas los dejan en espacios muy pequeños y conviviendo con adultos. Finalmente, el peligro que corren es la deportación. Una funcionaria de Sin Fronteras nos contaba que cada semana hay 3 vuelos desde México hacia Centroamérica cargado de migrantes deportados, sin contar los que son “repatriados” por vía terrestre.

Debemos reconocer que mucho fallamos como sociedad cuando pasan estas cosas. Hay que recordar que el primer derecho que tiene los NNA es a migrar; pero anterior a él, está el derecho a no migrar. En Bolivia, el Papa se pronunció a favor de los niños: “Digamos juntos desde el corazón: (…) ningún niño sin infancia”. ¿Qué tal si hacemos nuestras estas palabras y las vamos convirtiendo en acciones?

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Imagen extraída de: Plano Informativo