Sin protección en la frontera

Sin protección en la frontera

Josep Buades FusterDura conclusión del informe Sin protección en la frontera. Derechos Humanos en la Frontera Sur: entre Nador y Melilla, publicado conjuntamente por el Servicio Jesuita a Migrantes España y el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas.

No es algo en lo que concluyamos a la ligera. Tras las cuarenta y ocho páginas del cuaderno se ocultan cuatro meses de investigación: observación participante de la población solicitante protección y migrante en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla; con más de un centenar de entrevistas entre Melilla y Nador, también a informantes clave de organizaciones sociales e instituciones; por una estudiante para la que el árabe levantino es lengua materna (junto con el castellano) y con un excelente manejo del inglés y francés. Investigación cuya calidad viene avalada por la trayectoria del IUEM de Comillas, y por más de una década de atención del SJME a los Derechos Humanos en la Frontera Sur.

Este informe, este cuaderno si se prefiere, sigue la estela de otros que también se encuentran en la página Web del SJME, promovidos principalmente por el JRS-Europa. En efecto, el interés por la frontera sur española se corresponde con la preocupación por las políticas de control de todas las fronteras exteriores de la Unión Europea y por las tendencias a externalizar el asilo. Los anteriores cuadernos sobre la Frontera Sur (No sé dónde ir y Vidas en tránsito) dirigían la mirada hacia Argelia y Marruecos como países de tránsito; o mejor, a las condiciones de vida y problemática de las personas refugiadas y migrantes en su tránsito por tierras magrebíes. Por supuesto, aquellos cuadernos incluían referencias a la situación en la frontera con las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla: pero no era el centro. En cambio, Sin protección en la frontera concentra su mirada entre Nador y Melilla: ciudades que distan apenas 20 kilómetros. Centra su mirada en una frontera que no puede identificarse meramente con las 3 vallas, sino que constituye un espacio más amplio –a uno y otro lado- en el que se difuminan los perfiles de los ordenamientos jurídicos, en los que se justifican o toleran violaciones de los Derechos Humanos.

El índice sigue el recorrido de quien se propone pasar de Nador a Melilla. Lo hace desde los bosques aledaños a Nador, donde se asienta la población africana subsahariana, a la que se impide cualquier acceso a los pasos fronterizos, a la que se mantiene también fuera de la ciudad. Lo hace desde los hoteles de paso que albergan a la población que se identifica como siria y se propone pedir protección internacional en Europa. El cuaderno ayuda a asomarse a la dureza de la vida “al otro lado de la frontera”: precariedad, múltiples violencias, elevado precio de cualquier cosa. Dureza y violencia que se multiplican para las mujeres víctimas de trata. Son situaciones ya apuntadas en alguno de los escritos anteriores del SJME.

Por lo que respecta al cruce de la frontera, podría decirse que este informe no aporta novedad cuando indica los procedimientos (embarcaciones, escondrijos en automóviles, salto de las vallas…). Quizá corrija el foco mediático, que apunta a la valla, usada por la población subsahariana más falta de dinero, dejando más difuminados los otros procedimientos y a la población identificada como siria. Podría decirse que este informe resalta la dura realidad de las familias sirias que no pueden cruzar juntas la frontera para pedir protección internacional. A veces cada progenitor cruza con uno o varios hijos; a veces, las personas adultas cruzan en una ocasión y sus hijos en otra. La estrategia concreta puede depender de lo que juzguen los pasadores como más conveniente para un cruce exitoso, o de lo que juzguen más beneficioso para su propio interés económico. La separación de las familias genera angustia en todo caso, problemas de identificación de la filiación ya en territorio español, etc.

Este cuaderno detiene mucho la mirada en las personas y familias durante su estancia en Melilla hasta que se les traslada a la Península. Por supuesto, describe las instalaciones y funcionamiento del CETI: saturado durante los meses en los que transcurrió la investigación, improvisando más instalaciones, y falto de un Reglamento de Régimen Interior. Entra en la problemática de los centros de protección de menores, sobre todo cuando se trata de niños cuyos padres están en el CETI y que se mantiene separados hasta establecer su vínculo familiar. Y llama la atención sobre la incertidumbre acerca del momento en que las personas se verán en las listas de traslados a la Península.

De nuevo, este informe se preocupa por corregir la mirada configurada por el foco mediático: no solo hay población refugiada siria en Grecia, sino también entre Nador y Melilla; no se puede pensar sin más que la población subsahariana migra por motivos económicos, porque hay quien tiene derecho a protección internacional; ni puede pensarse sin más que se trata de población que se proponga fijar su residencia en España, porque hay quienes insisten en su condición de población en tránsito por España.

Merece la pena leerlo, captar la vida que late tras los fragmentos de entrevistas, contemplar las excelentes fotografías de José Palazón. Este cuaderno es tributario de las personas y organizaciones que, a ambos lados de la frontera, se esfuerzan por compensar tanta desprotección.

Sinproteccion

Imagen extraída de: Sin protección en la frontera