El discurso de Francisco al recibir el Premio Carlomagno

El discurso de Francisco al recibir el Premio Carlomagno

Cristianisme i JustíciaLas palabras del obispo de Roma, al recibir el premio Carlomagno son una verdadera perla que todo cristiano debería conocer y meditar. Para ayudar a ello presentamos aquí un breve resumen del texto papal. Hemos añadido sólo la sistematización y los cuatro títulos en letras mayúsculas. Los subrayados son también nuestros.

  1. ¿Qué le pasa a Europa?

La creatividad, el ingenio, la capacidad de levantarse y salir de los propios límites pertenece al alma de Europa. En el siglo pasado dio testimonio a la humanidad de que un nuevo comienzo era posible: después de años de trágicos enfrentamientos que culminaron en la guerra más temible que se recuerda, surgió con la gracia de Dios una novedad sin precedentes en la historia…

Aquella atmósfera de novedad, aquel ardiente deseo de construir la unidad  parecen estar cada vez más apagados; nosotros, los hijos de aquel sueño estamos tentados de caer en nuestros egoísmos, mirando lo que es útil y pensando en construir recintos particulares. Sin embargo estoy convencido de que la resignación, el cansancio no pertenecen al alma de Europa y que también las dificultades pueden convertirse en fuentes promotoras de unidad.

¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores? ¿Qué te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?

  1. ¿Qué necesita Europa?

2.1. “Una transfusión de memoria” (Elie Wiesel)

“La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan” (Schuman). “El futuro de Occidente no está amenazado tanto por la tensión política, como por el peligro de la masificación, la uniformidad de pensamiento y del sentimiento; en breve: por todo el sistema de vida, de la huida de la responsabilidad, con la única preocupación por el propio yo” (Adenauer)[1].

2.2. Capacidad de integrar

Los reduccionismos y todos los intentos de uniformar, lejos de generar valor, condenan a nuestras gentes a una pobreza cruel: la de la exclusión. Y más que aportar grandeza, riqueza y belleza, la exclusión provoca bajeza, pobreza y fealdad. Más que dar nobleza de espíritu, les aporta mezquindad…. El rostro de Europa no se distingue por oponerse a los demás sino por llevar impresas las características de diversas culturas y la belleza de vencer todo encerramiento.

2.3. Capacidad de diálogo

Si hay una palabra que tenemos que repetir hasta cansarnos es ésta: diálogo. Estamos invitados a promover una cultura del diálogo, tratando por todos los medios de crear instancias para que esto sea posible y nos permita reconstruir el tejido social. La cultura del diálogo implica un auténtico aprendizaje, una ascesis que nos permita reconocer al otro como un interlocutor válido; que nos permita mirar al extranjero, al emigrante, al que pertenece a otra cultura como sujeto digno de ser escuchado, considerado y apreciado…, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones.

Esta cultura del diálogo debería ser incluida en todos los programas escolares como un eje transversal de las disciplinas

2.4. Capacidad de generar

Nadie puede limitarse a ser un mero espectador, ni un mero observador… ¿Cómo podemos hacer partícipes a nuestros jóvenes de esta construcción cuando les privamos del trabajo, de empleo digno que les permita desarrollarse a través de sus manos, su inteligencia y sus energías? ¿Cómo pretendemos reconocerles el valor de protagonistas cuando los índices de desempleo y subempleo de millones de jóvenes europeos van en aumento?

La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral… Esto requiere la búsqueda de nuevos modelos económicos más inclusivos y equitativos, orientados no para unos pocos sino para el beneficio de la gente y de la sociedad… Pasar de una economía que apunta al rédito y al beneficio, basados en la especulación y el préstamo con interés, a una economía social que invierta en las  personas, creando puestos de trabajo y cualificación… Tenemos que pasar de una economía líquida, que tiende a favorecer la corrupción como medio para obtener beneficios, a una economía social que garantice el acceso a la tierra y al techo por medio del trabajo. 

  1. La Iglesia

Su tarea coincide con su misión: el anuncio del Evangelio, que hoy más que nunca se traduce principalmente en salir al encuentro de las heridas del hombre, llevando la presencia fuerte y sencilla de Jesús, su misericordia que consuela y anima. Dios desea habitar entre los hombres, pero puede hacerlo solamente a través de hombres y mujeres que, al igual que los grandes evangelizadores del continente, estén tocados por él y vivan el Evangelio sin buscar otras cosas.

  1. Un sueño

Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre, una madre que tenga vida porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida.

Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida porque ya no tienen nada y piden refugio.

Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte.

Sueño una Europa donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano.

Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable.

Sueño una Europa… con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes.

Sueño una Europa que promueva los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos.

Sueño una Europa de la cual no pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía. Gracias.

Dos cosas cabe notar muy brevemente. Francisco hace una crítica muy seria, pero la hace desde lo mejor del criticado, no condenándole. Ojalá todos aprendamos a criticar así porque si no, la crítica puede convertirse en una exaltación de nuestro ego. Y en segundo lugar cómo, aunque hable en horizontes humanistas y culturales, Francisco siempre apelando a la necesidad de un nuevo sistema económico: porque sin una raíz económica justa y sana, todos los demás campos de la existencia quedan desfigurados. Algunos pretenderán que eso es “marxismo” (una excusa muy cómoda en defensa propia). Francisco parece pensar que eso se debe a que no hay mayor enemigo de Dios que el dinero como riqueza privada.

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[1] Son palabras de dos de los padres fundadores de Europa. Francisco pretende despertar nuestra memoria apelando a ellos.

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Imagen extraída de: DW