El trabajo: presente y futuro

El trabajo: presente y futuro

Teresa CrespoEl cuaderno 198, “El trabajo: presente y futuro”, es fruto de la participación de algunos de los asistentes al seminario interno de Cristianisme i Justícia que se celebró durante el curso 2014-15. Su contenido nos ha ayudado a tomar conciencia de la realidad actual que, más allá de la crisis que durante años venimos sufriendo, nos plantea que se ha producido un cambio radical de la realidad en que vivimos; algunos nos hablan de un cambio de época, lo que significa que las cosas nunca más volverán a ser como antes y, en consecuencia, el trabajo pierde todos aquellos rasgos que durante siglos lo habían definido. La ciudadanía sufre inseguridad, unas condiciones laborales cada vez más injustas, con una fuerte precarización que lleva a trabajar por un salario que no supera el umbral de la pobreza y, por lo tanto, muchas personas, a pesar de tener un empleo son trabajadores pobres.

Hoy se habla de una nueva clase social que es el precariado, que a algunos autores les lleva a definir una nueva estructuración de las clases sociales, distribuyéndola desde la clase privilegiada cada vez más rica y más minoritaria, hasta el otro extremo de la escala social donde se encuentra esta nueva clase, y los individuos que forman parte de ella pueden tener todo tipo de capacidades y potencialidades, pero no pueden desarrollarlas por falta de oportunidades y se ven obligados a aceptar lo que el mercado laboral les ofrece, con una falta de las más elementales condiciones para la cobertura de las necesidades vitales mínimas y sin reconocimiento de sus derechos sociales y laborales. En esta nueva diversidad de perfiles hay también que contemplar el incremento continuado de los ni-nis, aquellos jóvenes que ni estudian ni trabajan, que desgraciadamente cada vez van en aumento y sufren una total falta de expectativas de futuro, pues es conocido que aquellas personas que no se forman, difícilmente tendrán las competencias y las oportunidades para integrarse en el mercado de trabajo.

Ante esta realidad, que de acuerdo con los intereses económicos predominantes olvida a la persona y sólo busca el máximo beneficio, se nos plantean muchos interrogantes que en este cuaderno hemos intentado responder, o al menos compartir dudas y posibles alternativas. Nos preguntamos hasta qué punto el modelo socioeconómico del capitalismo financiero y globalizado de hoy puede permitir una salida más digna a toda persona trabajadora o, al contrario, se priorizan los intereses individuales por encima de los colectivos. Nos interrogábamos sobre un paro estructural que nos hace pensar que nunca más volverá el pleno empleo y que, en consecuencia, es necesario encontrar alternativas para que aquellas personas que no podrán entrar en el mercado laboral no se vean excluidas de la sociedad, ni sufran una pobreza profunda que no podrán superar.

Estos hechos nos han llevado a pensar que el trabajo ya no tiene capacidad para integrar a toda la población, y que como consecuencia se necesitan nuevas formas de empleo; es urgente imaginar actividades, quizás no asalariadas, que permitan a la población sentirse útil y con capacidad de participar en la construcción de la comunidad en la que todos y todas deberíamos tener nuestro lugar y nuestra función. Y eso significa que se precisan unas políticas sociales que garanticen unos mínimos vitales para todos, una cuestión aún no resuelta pero sí planteada, que obliga a la clase política a asumir esta responsabilidad y a darle una respuesta.

En los últimos años hemos vivido una situación contraria a este incremento de los recursos necesarios para fortalecer nuestro estado del bienestar, y los países europeos han aplicado políticas restrictivas y de ahorro con el único objetivo de controlar el déficit público, lo que nos ha llevado al debilitamiento de los derechos sociales y a la pérdida del grado de protección que la ciudadanía disfrutaba, y hoy nos encontramos con una sociedad más pobre económicamente, más débil como sujeto de derechos, donde el sistema de prestaciones es incapaz de responder a las necesidades emergentes y no puede dar la protección y seguridad para el futuro de la población.

Ante esta perspectiva tan decepcionante, nos preguntamos si podemos ir más allá del trabajo asalariado, planteándonos la dualidad entre el trabajo (labour) ligado al salario y el trabajo (work), que no implica una relación contractual o un intercambio monetario, y desde estas dos opciones quizás podremos identificar otros tipos de trabajo centrados en el cuidado de las personas o en la producción artística, que nos lleven a otros modelos económicos centrados en el servicio a las personas en economías solidarias o colaborativas, que algún día podrían llegar a modificar el escenario socioeconómico.

Y ya por último, quisiera recordar que deseábamos finalizar este documento aceptando el reto que se nos plantea ante el actual momento en que nos encontramos, que nos lleva a creer que con el esfuerzo de todos y todas conseguiremos transformar la sociedad para que sea más justa y equitativa y, en consecuencia, nos sintamos comprometidos en trabajar por el bien común, con la seguridad de que algo podremos cambiar.

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Podéis descargar el cuaderno haciendo click aquí.

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Imagen extraída de: Pixabay