#Anonymous: ¿cibergamberros o ciberactivistas?

#Anonymous: ¿cibergamberros o ciberactivistas?

José María SeguraOí hablar por primera vez de Anonymous en República Dominicana. Estaba haciendo unas prácticas en el Centro Bonó de SJR en Santo Domingo para conocer las campañas de movilización ciudadana de reivindicación del 4% del PIB para la educación (campaña que merece la pena conocer). En esos días, de visitar, acompañar, participar en diversas actividades y movilizaciones, fui invitado a una manifestación de estudiantes en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Por las redes se avisó de que habían arrestado a algunos de ellos. Las versiones sobre lo ocurrido no concordaban. Los estudiantes defendían que habían estado acampando pacíficamente en el Campus, otras fuentes hablaban de un altercado en el rectorado y de la intervención de los guardas de seguridad. A algún guarda se le disparó una pistola. No hubo heridos pero se generó una situación de mucha tensión. Todo muy confuso.

Así las cosas los medios de comunicación de prensa locales publicaron la versión oficial que era desmentida por los estudiantes. A las pocas horas apareció un aviso de un colectivo: Anonymous. Se advertía del error a los redactores, se les pedía que rectificaran y se les avisaba que dejarían sin servicio la web del periódico de no hacerlo. La información no fue rectificada. La web se quedó sin servicio. La reivindicación de Anonymous: “nivelar el campo de juego”. Esta idea me enganchó. Si los medios de comunicación, equivocada o interesadamente (no lo juzgo ahora) se hacen eco de una información sesgada o falsa, ¿qué poder tiene la ciudadanía para contrarrestar? Desde entonces seguí con interés diferentes cuentas de este colectivo (Twitter, Facebook, Youtube). Poco a poco he ido acercándome al universo #Anon. Y lo confieso… me han “embaucado”. Presento sumariamente algunos rasgos que he ido descubriendo en las redes, en artículos escritos sobre ellos y sobretodo en el libro de reciente publicación Las mil caras de Anonymous el cual recomiendo para los interesados en este mundo del ciberactivismo, las redes sociales y las formas creativas de protesta y participación ciudadana.

¿Qué son o quiénes son?

Es difícil definir Anonymous. Ni siquiera es deseable. Sería traicionar la misma esencia de lo que se quiere expresar. Como enjaular un pájaro. Ellos mismos se describen en sus vídeos y perfiles con “somos legión”, avisan de que no hay una cuenta “propiamente oficial”; hay algunas cuentas que parecen vehicular noticias relacionadas con ellos y quizás más respaldadas por una mayoría. Recientemente, con ocasión de los atentados de Bruselas (#OpBrussles) y la campaña de oposición a Trump (#OpTrump) se han podido seguir debates entre distintos perfiles #Anon de Twitter. Debates que reflejan su diversidad y la variedad de opiniones dentro del universo Anon (debates que se dan en mucha más profundidad y prolijidad en sus espacios “propios” de Internet). Coleman, probablemente una de las mayores expertas en este “colectivo” (a falta de una palabra mejor) lo explica así: “ninguna persona puede reclamar la propiedad legal del nombre “Anonymous”, mucho menos sus iconos e imágenes”. Tampoco se puede hablar de una jerarquía o liderazgo definidos: “Anonymous no es un frente unido sino una hidra que incluye numerosas redes diferentes. Incluso cuando se aborda un único proyecto”. La autora habla de confrontaciones e incluso de “guerras civiles” entre los diferentes “nodos”. Pero, y aquí está su fuerza simbólica y su potencial activista, “la máscara… funciona como una baliza eterna, transmitiendo el valor simbólico de la igualdad” a pesar de las divisiones.

La máscara

Como ya es sabido es la máscara del Guy Fawkes, popularizada por la película V de Vendetta. Según Coleman, ya circulaba por el mundo de los chats asociada a otros usos. Pero fue la adopción por el colectivo #Anon lo que la convirtió en un cibersímbolo de resistencia y contrapoder. Al parecer la máscara se adoptó para una campaña concreta: la lanzada contra la Cienciología (#OpChanology) y su poder simbólico acabó por convertirla en la “firma icónica del grupo”. La máscara recoge en esencia varios aspectos importantes de Anonymous: el individuo que se disuelve en el colectivo (el autobombo personal está mal visto), el sujeto queda protegido por el anonimato (Anonymous es anónimo y su uso viene de que así aparecían las conversaciones en un chat de internet frecuentado por muchos de estos hackers), su carácter subversivo (Fawkes fue un anarquista que luchó contra el sistema) y finalmente algo muy característico de Anonymous según Coleman: el Lulz. Es un símbolo divertido.

El Lulz

Que viene a ser la abreviatura de reírse a carcajadas… de otra persona. En sus inicios parece que la motivación primera de los #Anon era la diversión por la diversión. Exponer y hackear webs y difundir información de personas o instituciones, porque era divertido y porque podían hacerlo. Uno de los aspectos más interesantes de Las mil caras de Anonymous es como explica el proceso que, hasta ahora, ha seguido el colectivo. La autora lo resume en una frase: “Vine por el Lulz me quede por la indignación”. Anonymous pasó paulatinamente de ser un grupo de hackers que se dedicaba a hacer gamberradas a implicarse en la defensa de las libertades de internet, la libertad de expresión, a denunciar la cultura de la violencia sexual, a destapar redes de pederastia… Como afirma Coleman: “un montón de locos variopintos hemos entrado de hecho en la concienciación del mundo”.

Metamorfosis: de tomar las redes a tomar las calles… y las redes

“La mayor campaña DdoS de desobediencia civil que el mundo había visto jamás”. Así califica la autora el apoyo de Anonymous a Wikileaks (queda para otro post la discusión de si las actividades de Anonymous pueden considerarse “Desobediencia Civil” y en qué sentido). En la operación “cablegate” WikiLeaks filtró conversaciones intra-diplomáticas, las tensiones internas e información recopilada por fuentes diplomáticas sobre espionaje y manejos inmorales del gobierno de EEUU. El ejecutivo reaccionó presionando para que PayPal y Amazon dejaran de vehicular donativos a WikiLeaks. Anonymous entró entonces en escena bloqueando webs de dichas plataformas. Años después algunos Anons fueron condenados por ello.

Pero la campaña que marca el salto a las calles fue la Op #Chanology. La Cienciología hizo un video promocional con Tom Cruise que resultó ser poco elogiable y lo subió a Youtube. Trataron de quitarlo pero solo consiguieron aumentar el interés por su difusión. La Cienciología demandó a medios y plataformas que lo colgaban. Y Anonymous despertó: “Es hora de utilizar nuestros recursos para hacer algo que creemos que es correcto. Es hora de volver a hacer algo grande”. La llamada a la acción en un frecuentado espacio de chat (4Chan) para Hackers desató la tormenta. Nació la operación Chanology. La campaña comprendía diversas acciones, desde la emisión de videos sobre la Cienciología a atacar sus sitios webs, teléfonos… Y un 10 de febrero de 2008 Anonymous convocaba por primera vez una concentración offline. La respuesta tuvo eco en diferentes partes del mundo y Anonymous cobró conciencia de su poder de convocatoria. Dos años más tarde llegaría OpTunez con el estallido de la primavera árabe a la que Anonymous apoyó: “resultó ser una de las operaciones más estelares del grupo” que le hizo dar el salto de la red a la participación política. Fue la tormenta perfecta. WikiLeaks les había proporcionado acceso específico a información diplomática de Túnez con algunas revelaciones escandalosas. Y entonces, un 17 de diciembre de 2010 la desesperación llevó a Bouazizi a prenderse fuego. Anonymous dio difusión a las protestas por las redes y recriminó a los medios de comunicación occidentales la ausencia de cobertura y bloqueó servidores y webs del gobierno.

Todo esto lo cuenta Coleman y algunos vídeos y vestigios de las campañas se encuentran online. En Las mil caras de Anonymous se recogen muchas otras campañas, el proceso de toma de decisiones, disensiones y filtraciones al FBI y qué corrientes distintas se generaron en el mundo Anon a raíz de todo esto.

Alguien me dijo una vez que estos libros se escriben para gente ingenua con curiosidad. La propia autora en sus razones para escribir el libro habla de que además de aclarar malentendidos sobre Anonymous y lejos de “eliminar el aura de magia y misterio”,su objetivo ha sido recopilar “historias fascinantes sobre Anonymous para “aumentar el hechizo”. Advierte que Anonymous en su historia (o historias porque son legión) tiene episodios turbios y contradicciones insalvables. Aquí, como Coleman, nos hemos centrado en lo que tienen de “principio Esperanza”, en resaltar que la aparición de Anonymous desde “uno de los lugares más sórdidos de internet es una historia de prodigios, esperanza y de ilusiones lúcidas”. Anonymous sigue operando. Con #OpIsis #OpDeathEaters #OpFerguson y otras muchas de defensas de las libertades civiles y derechos de menores, minorías, medio ambiente como #OpCanary…

“Nadie quería llamarlo esperanza -era demasiado pronto para afirmar algo semejante- pero la posibilidad seguía encima de la mesa. Agarré mi mascara y me dirigí a Bowling Green, cerca del Street”. #OccupyWallST Las redes tomaron las plazas.

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Imagen extraída de: Pixabay