Acompañar, discernir e integrar la fragilidad

Acompañar, discernir e integrar la fragilidad

Jesús Renau. Este es el título del capítulo octavo de la exhortación apostólica post-sinodal La alegría del amor (En latín Amoris laetitia) que el Papa Francisco hizo pública el viernes 8 de abril. Una exhortación dedicada íntegramente a hablar del amor dentro de la familia.

¿De dónde viene el interés de los medios de comunicación por este capítulo octavo? Pues, sencillamente del hecho de que en él se tratan los temas más polémicos y discutidos durante los sínodos generales de la Iglesia de los años 2014 y 2015. Temas que antes de los grandes encuentros sinodales ya habían sido consultados en todas las diócesis del mundo a través de encuestas, una metodología absolutamente novedosa. Entre estos temas hay que destacar el de la posibilidad de dar la comunión eucarística a personas divorciadas y vueltas a casar civilmente, o que se encuentran en situaciones parecidas.

Si alguien esperaba una aceptación clara de la comunión, o al contrario, una negativa contundente quedará defraudado. El Papa Francisco, que estuvo presente en los dos sínodos, que escuchó atentamente, y que después ha querido trabajar largamente los temas debatidos, ha dado una respuesta que va más allá de los blancos y negros, del y delno. Su respuesta huye de la norma general, y sitúa el tema en el marco de la conciencia personal y del discernimiento acompañado, si hace falta, por ministros de la iglesia o por laicos cristianos. Para Francisco la conciencia moral y el discernimiento espiritual son dos dimensiones fundamentales no solamente de este tema concreto sino que están presentes en todo el documento.

Esta valoración enlaza con la mejor tradición de la Iglesia, recogida sabiamente por Santo Tomás de Aquino, y fundamentada en la convicción de la presencia y la ayuda del Espíritu Santo en cada hijo e hija de la Iglesia a partir del don fundamental recibido en el bautismo. El Papa aporta otros elementos importantes que muestran una mentalidad que escucha, acompaña, discierne y busca la acogida e integración de todos los creyentes cristianos en la Iglesia. Señalamos algunos de estos elementos:

  1. Un documento basado no solamente en las conversaciones y debates de los dos sínodos sobre la familia sino también en las encuestas que se distribuyeron por todo el mundo con preguntas y respuestas amplias y realistas.
  2. Un escrito con continuas referencias bíblicas, muchas de ellas comunes no solamente a las otras iglesias cristianas sino también al judaísmo. En este sentido resulta obligatorio leer atentamente el capítulo primero A la luz de la Palabra.
  3. Una notable valoración del amor de la pareja en todas sus dimensiones: espiritual, relacional, dialogal, afectiva, sexual y creativa. Hay que resaltar lo que dice sobre el valor de la sexualidad y en general sobre las relaciones de pareja a lo largo de la vida.
  4. Especial atención a la realidad de la vida. Des de esta realidad, mediante la conciencia y el discernimiento, se busca la luz de la moral y la fe cristianas, evitando así un cumplimiento obligado y reglado que no distingue situaciones y momentos. Aún a riesgo de simplificar, diríamos que el documento va más de abajo arriba que no al revés.
  5. Partiendo de la realidad acentúa la importancia de todo aquello que hace referencia a la justicia social y a los derechos humanos ya que son dimensiones que pueden favorecer el bienestar de las familias o que pueden crear dificultades graves tanto a las parejas como a sus hijos. Esta conexión es importante y había sido puesta de manifiesto en documentos anteriores sobre la doctrina social de la Iglesia.
  6. Una conciencia de la notable diversidad de culturas presentes en nuestro mundo. Ya antes de este escrito el Papa Francisco había indicado que este era un factor muy importante si se quería hacer una sabia aplicación de la moral y la búsqueda espiritual.

Podríamos aún añadir muchas otras dimensiones que dan valor a esta exhortación y que enumeramos sin ninguna pretensión de ser exhaustivos, sino simplemente para apuntar su riqueza y animar a su lectura: frecuentes y adecuadas citaciones de documentos ya publicados por diversas conferencias episcopales; citas también de autores bien conocidos como Eric Fromm o Luther King; hay incluso referencias a la película El festín de Babette; también muchas referencias a su notable experiencia pastoral en el trato con parejas y matrimonios; un enorme respeto a la dignidad humana de las personas homosexuales; el deseo de que todos los cristianos desde su identidad y situación vayan encontrando en la Iglesia su lugar; y una crítica muy fuerte a todo tipo de dogmatismos y fariseísmos…

En resumen, estamos ante un escrito que sin pretender ningún cambio sustancial en la formulación de los anteriores documentos pontificios sobre la doctrina de la Iglesia supone un cambio importante en su aplicación a la hora de valorar la pastoral concreta en el marco de las diversas culturas y en priorizar dimensiones espirituales tan fundamentales como el discernimiento y la conciencia. De hecho nos encontramos ante un golpe de timón que se opone a una aplicación mecánica y deshumanizada de unos valores y principios que vaciados de la dimensión pastoral se han convertido en impropios de la fe y de toda buena práctica cristiana.

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Respecto a esta cuestión te puede interesar  el Cuaderno CJ 192 – Rehacer la vida. Divorcio, acogida y comunión de A. Torres Queiruga, J.I. González Faus, X. Alegre y J. Martínez Gordo.

amoris laetitia

 Amoris Laetitia – HSM – Imagen de zenit.org 

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