El capitalismo neoliberal ha creado a los expulsados del sistema

El capitalismo neoliberal ha creado a los expulsados del sistema

Voces. Rosa Brines. [Saüc] Vicent Martínez Guzmán vive retirado de la docencia aunque su condición de jubilado no le impide seguir dando charlas y conferencias, pero, sobre todo, le ha servido para profundizar en el estudio de la economía como una nueva herramienta  para “hacer las paces”. El que fuera fundador, hace más de 20 años, del Màster per la Pau de la UJI de Castelló, analiza con una visión renovada el grado de sutileza que ha alcanzado la violencia intrínseca del sistema neoliberal imperante que, según él, también llegará a su fin. Para este Doctor en Filosofía, la perversión del lenguaje ha hecho del concepto austeridad una forma de aniquilación aceptada del bienestar de los ciudadanos a través de lo que viene en llamar “la colonización de las mentes”.

¿De qué han servido 20 años de trabajo para la paz?

Hay gente en la universidad que nos pregunta, ¿cuántas guerras habéis solucionado o cuánta hambre habéis aliviado? Sin embargo, yo creo que es un trabajo de la sociedad civil porque la universidad es sociedad civil. Es, al menos, la fórmula de resistencia contra quienes dicen que no se puede pensar de otra manera o contra los que encasillan a la universidad para hacer determinadas cosas como formar emprendedores individualistas. Entonces, por una parte, como fórmula de resistencia, no sólo ha valido la pena  sino que lo sigue valiendo. Y como forma de educación crítica, también. En estos veinte años ha habido una media de 50 alumnos de todo el mundo (por año). Entonces, resistencia al pensamiento único, educación crítica y compromiso con la emancipación del ser humano. Para estos temas de la paz, ya no sólo hacemos charlas de cafetería, por más bonitas que sean, sino que también hacemos tesis doctorales.

Se dice que Europa está viviendo el período más largo de su historia sin guerras, pero ¿podemos decir que Europa está en paz, que vivimos en paz?

Hay varias cuestiones aquí. Primero, respecto a Europa, es cierto  que tras la II Guerra Mundial, ha habido unos años que entre los europeos no ha habido guerras. Claro, somos tan eurocéntricos y tan etnocéntricos, o sea nos creemos tanto el ombligo del mundo, que cuando ha habido en Europa guerras grandes las hemos llamado “guerras mundiales”. Y después de la II Guerra Mundial hemos llamado “guerra fría” a ese mirarse entre el bloque de Occidente y el bloque de la Unión Soviética. Como esas películas de vaqueros que se miran pero no sacan la pistola. A esa mirada amenazante la teoría del derecho internacional lo llamaban de deterrence, de la disuasión. Nos armamos mucho porque los otros se arman mucho y los otros se arman mucho porque nosotros nos armamos mucho, pensando que así se iba a disuadir. Hasta que ha llegado un momento en que puede rebotar.

Decíamos que estábamos en Guerra Fría, bien. Pero con origen en Europa y al menos en lo que es el Atlántico Norte del mundo, que encima coincide con un ejército que es el de la OTAN, o sea incluyendo a EEUU y Canadá, hemos estado interviniendo y sí que eran guerras calientes. Vietnam, Corea, en todos los problemas de violencia estructural de América Latina, apoyando unas dictaduras. Las otras, parece que estaban apoyadas por la Unión Soviética. Por consiguiente, incluso en el sentido de lo que en la investigación para la paz llamamos “paz negativa”, que es no a la guerra y no a la violencia directa, tampoco vivíamos en paz. Era una paz localizada aquí porque no nos matábamos entre nosotros, pero estábamos interviniendo y fabricando armamento para todo el mundo.

Los Expulsados del sistema

¿Se puede decir que vivimos en paz cuando hay una crisis galopante que ha dejado en la cuneta a muchas personas?

Desde el punto de vista de la violencia estructural, no. He hablado antes de la violencia directa pero hay dos violencias más sutiles. Yo, en estos últimos años, desde que me he jubilado, me he dedicado a estudiar economía, pero por mi compromiso por la paz. No vivimos en paz si, como decíamos en aquella época, explotamos gente o excluimos gente. El problema, es que el sistema económico del capitalismo neoliberal ha llegado a tal punto, que las recientes teorías económicas ya no dicen “¡explota!”. Desgraciadamente, ahora es la gente, no sólo la que viene de África o América Latina, sino la gente de aquí la que diría: “oiga, por favor, explóteme, págueme un sueldo explotándome”. Aquella concepción que teníamos de lo que los economistas han llamado el bienestar económico ha acabado.

Hay gente que no se necesita ni para explotar y según algún autor son vidas desperdiciadas. Una investigadora economista los llama “los expulsados del sistema”. Ya no hay explotados ni excluidos. Además ahora hay expulsados.

La austeridad como forma de violencia

¿La austeridad es violencia?

En estos momentos, sí. Cuando esto iba bien, yo daba conferencias y reivindicaba que aquí, en el norte rico, teníamos que ser más austeros para superar las desigualdades que pasar a lo que un autor, Ivan Illich, decía una sociedad convivencial post-industrial. Claro, lo que ha ocurrido es que a partir de la crisis han introducido la noción de austeridad pero han entendido por austeridad el fin del bienestar económico  (que se impulsó) tras la II Guerra Mundial hasta los años 80.

Dicen los economistas que a partir de un determinado nivel de renta hacia arriba hay cada vez más ricos. Pero para que esos mantengan ese nivel de acumulación de riqueza tienen que expulsar cada vez a más gente, y dejarla porque simplemente sobra.

En todo momento, cuando estamos hablando de violencia, estamos hablando realmente del sufrimiento de muchas personas.

Esa es la cuestión. De hecho, a mí me gusta siempre decirlo. Si yo estoy estudiando últimamente economía como forma de hacer las paces,  o estudiamos los conflictos  armados, o criticamos la carrera armamentística, o si hacemos masters para darle el máximo rigor universitario no es por prurito académico sino porque los instrumentos que tenemos, y son los universitarios, los ponemos al servicio de cómo transformar el sufrimiento que unos seres humanos producimos a otros, y encima queremos transformarlos por medios pacíficos. No es cierto que haya una última violencia que acabe con todas las violencias.

La colonización de las mentes

Sin embargo, para este tipo de sufrimiento, y ese sería el tercer tipo de violencia que es todavía más sutil, es la violencia cultural. A mi me gusta llamarla la colonización de las mentes. Nos colonizan las mentes y utilizan el lenguaje de manera que nos dicen que “no había más remedio” que es lo que desgraciadamente ha acabado haciendo el esperanzador presidente de Grecia. Parecía que ya no había más remedio que hacer determinado número de cosas.

Según Saskia Sassen, autora de Los expulsados, lo que se ha hecho es redefinir el concepto de economía de manera que se invisibiliza a los expulsados de esa economía. Se ha creado un lenguaje, que para mi es violencia cultural, es decir, colonización de las mentes, de manera que si a los expulsados no los incluimos en las estadísticas, las estadísticas científicamente revelan que puede haber un determinado crecimiento de nuevo. Hay que abrir los ojos porque la violencia cultural puede hacer opaca la realidad moral y la responsabilidad moral, pero incluso a la gente sencilla. Por ejemplo, ¿quien murió ayer? Bueno, murieron 10 en una patera pero eran ilegales. Claro, la violencia cultural, nos ha colonizado la mente y parece que no nos tenga que doler. La autora feminista Judith Butler dice que hay unas vidas que son dignas de ser lloradas y otras que no lo son.

Desde ese punto de vista se podría considerar también que la crisis la austeridad, la pobreza, culpabiliza al pobre, al parado. Incluso él mismo se siente culpable, ¿no?

Esa idea es importante porque, por ejemplo, en esta crisis, más que los explotados, los expulsados están incrementando los índices de suicidios. Yo creo que les afecta a su dignidad y los problemas son psicológicos, emocionales. Es como una violación en un tiempo de guerra. El énfasis no está en el goce que pueda tener del soldado que viola, no. Es que lo que está violando es la identidad de la persona violada. Las secuelas, no es que pueda haber un desgarro vaginal, sino (sino que están en) la alteración de la concepción de identidad que tiene una mujer en ella misma y eso dura más.

Decrecimiento y frugalidad

Le quiero preguntar finalmente por las diferencias entre austeridad y decrecimiento, ese concepto del que tanto se habla.

Uno de los autores teóricos del decrecimiento, Latouche,  hablaba al principio de austeridad, inspirado por el mismo autor que también a mi me inspiraba, que es Ivan Illich. Ahora habla de economía frugal. Lo que también creo que hemos aprendido, al menos los que conocemos a expulsados, es que el crecimiento infinito es imposible. Por consiguiente, tiene  que haber criterios de control de ese crecimiento. Decrecimiento no va a significar empobrecimiento sino que va a significar frugalidad. Y eso no es no sólo económico, tiene también una dimensión ecológica porque el crecimiento del entorno tampoco es infinito. Yo creo que en estos momentos hay una dimensión social y una dimensión ecológica que es la que nos debería comprometer, en contra de la tesis de que no hay alternativas.

Yo creo que ese decrecimiento al que tú te referías, si significa poner criterios de justicia en las relaciones humanas y de sostenibilidad en relación con el medio ambiente, entonces si. Evidentemente, lo que no significa es una vuelta utópica a un rusonianismo ingenuo del buen salvaje. Lo que está pasando a los PIGS y que ha cristalizado sobretodo en Grecia, según Sassen, como los ricos van a continuar  siendo ricos, como las grandes corporaciones se van apoderando de las riquezas de los estados, al final, lo estados también serán suyos y dará igual qué gobiernos estén. Y eso va a pasar en Holanda y va a pasar en Alemania, que no se crean que no va a pasar. Incluso por razones de egoísmo y de estrategia, incluso los países que parece que están llevando la crisis mejor que los del sur de Europa deberían introducir estos criterios de frugalidad y austeridad de los que hablamos.

Hay una ecofeminista de la India, Vandana Shiva, que dice que una cosa es la pobreza como miseria y otra cosa es la pobreza percibida. Muchas veces hay formas de vida que percibimos como pobres y seguramente deberíamos aprender de ellas precisamente para no ser unos depredadores de la naturaleza y utilizar más los criterios de justicia.

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