Retiro en la ciudad (III): Rasgar la vida para alumbrar lo inédito

Retiro en la ciudad (III): Rasgar la vida para alumbrar lo inédito

Pepa TorresLas mujeres cobran un papel fundamental en los relatos de la Pascua. Ellas siguieron y sirvieron a Jesús con sus bienes por los caminos de Galilea (Lc 8,1-3) y permanecieron fieles hasta el final, hasta la cruz. Son testigos, como tantas mujeres hoy, de la permanencia en las situaciones límite, donde lo que toca hacer es estar y acompañar la impotencia y el duelo, hasta que emerja lo inédito. Son testigos de la semilla del amor entregado, que, aunque invisible en el útero de la tierra, va poco a poco abriendo caminos hacia la luz, quebrando losas y sepulcros, alumbrando lo inédito, porque el Dios de Jesús no es un Dios de muertos sino de vivos. Por eso no es la nostalgia del pasado lo que ha de caracterizar la vida cristiana sino la pasión por la vida aunque haya que atravesar tiempos oscuros.

En la historia de la espiritualidad femenina son muchas las mujeres que en su experiencia utilizan la imagen del parto como metáfora de la Pascua. Entre ellas la cartuja Margarita de Oingt, para quien la cruz de Cristo es semejante al lecho del parto. Donde Dios madre se rasga y da a luz una nueva creación:

«Dulce Jesucristo. ¿Quién vio nunca a una madre sufrir así en el parto? Pero cuando llegó la hora del parto fuiste colocado en el duro lecho de la cruz, donde ya no pudiste moverte, dar vueltas o agitarlos miembros como suele hacer el hombre que sufre gran dolor, pues ellos te extendieron y te clavaron tan fuertemente que no quedó hueso por dislocar y todas tus venas fueron rotas […] cuando estabas pariendo el mundo entero en un solo día».

El embarazo es una metáfora sugerente y provocadora sobre el sábado santo, como reconoce Xavier Melloni. En el silencio y la oscuridad del sepulcro tiene lugar el segundo engendramiento de Cristo y el alumbramiento del hombre, la mujer y el cosmos renovado. Así, el sepulcro es contemplado como el vientre dela tierra, en donde acontecerá el milagro de la renovación plena de la vida. El amor es más poderoso que la muerte y quien ama no muere nunca, sino que sus semillas son humus y germen de nueva vida, aunque no podamos controlar cuándo ni dónde. Porque, como gritaban las madres y abuelas de la plaza de Mayo: «aunque quieran arrancar todas las flores no se puede detener la primavera».

La tierra, la humanidad, el cosmos estamos embarazados de Resurrección, como
nos dejó escrito un periodista anónimo guatemalteco desaparecido bajo la dictadura
en los años 80.

«Dicen que estoy “amenazado de muerte”… Tal vez. Sea ello lo que fuera estoy tranquilo. Porque si me matan, no me quitarán la vida. Me la llevaré conmigo, colgando sobre el hombro, como un morral de pastor…

A quien se mata se le puede quitar todo previamente, tal como se usa hoy, dicen: los dedos de la mano, la lengua, la cabeza […] Todo se le puede hacer, y quienes me lean se conmoverán profundamente, y con razón.

Yo no me conmuevo gran cosa, porque, desde niño, alguien sopló a mis oídos una verdad inconmovible que es, al mismo tiempo, una invitación a la eternidad: “No temáis a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitar la vida”.

[…] el proceso de la Resurrección empieza por la primera arruga que nos sale en la cara; con la primera mancha de vejez que aparece en nuestras manos; con la primera cana que sorprendemos en nuestra cabeza un día cualquiera, peinándonos; con el primer suspiro de nostalgia por un mundo que se deslíe y se aleja, de pronto, frente a nuestros ojos…

Así empieza la resurrección. Así empieza eso tan incierto que algunos llaman “la otra vida”, pero que en realidad no es la “otra vida”, sino la vida “otra”.

Dicen que estoy amenazado a muerte […] ¿Y qué? Si así fuere, los perdono anticipadamente. Que mi cruz sea una perfecta geometría de amor, desde la que puedas seguir amando, hablando, escribiendo y haciendo sonreír, de vez en cuando […].

Ni yo ni nadie estamos amenazados de muerte. Estamos amenazados de vida, amenazados de esperanza, amenazados de amor […]. Estamos “amenazados” de resurrección. Porque Jesús, además del Camino y de la Verdad, es la Vida, aunque esté crucificada en la cumbre del basurero del Mundo…»

Amenazados de vida, amenazados de esperanza, aunque la esperanza frecuentemente sea una «esperanza enlutada». Hay hombres y mujeres que se han hecho expertos en transitar y esperar en la noche. Son nuestros «maestros del sábado santo».

(Continuar leyendo…)

maria_magdalena

Imagen extraída de: History