Retiro en la ciudad (I): Comida, casa y hospitalidad. Sueño de Dios y signo de contradicción

Retiro en la ciudad (I): Comida, casa y hospitalidad. Sueño de Dios y signo de contradicción

Pepa TorresEn esta tarde, estamos celebrando el amor hasta el extremo de Jesús, la radicalidad de su ternura que se hace cuidado hasta el punto, como diría el profeta Ellacuría de «cargar, encargarse y hacerse cargo» de la humanidad más herida. Jesús es la misericordia en acción, la misericordia en relación, vivida en el cuerpo a cuerpo con la gente más oprimida y excluida. En Él se hace carne y toma rostro el Dios todo cuidadoso de la creación y los profetas, que vela por la dignidad de toda criatura, que «mantiene las cañas cascadas y que no apaga los pábilos vacilantes », el Dios que sostiene y alienta la fragilidad más extrema poniéndose en su lugar (Is 42,3).

Lo que celebramos estos días, el acontecimiento Pascual no es un hecho fortuito ni aislado, sino que es la consecuencia de una forma de estar en la vida de parte de Dios, desde su misericordia y su ternura. El vocabulario de la ternura en la Biblia se centra fundamentalmente en el Antiguo Testamento en torno a las palabras rahum, rehem, rahamin, términos que se refieren a las entrañas como sede del afecto y las emociones más profundas y asociados siempre a la compasión y la misericordia. En el Nuevo Testamento el término paradigmático referido a la compasión y la ternura es el verbo splanjnizomai, cuyo significado está asociado a la acción de abrazar visceralmente, con las propias entrañas, los sentimientos o la situación del otro y cuyo texto más representativo es la parábola del samaritano.

Desde la psicología y la antropología la ternura se concibe como una categoría relacional que mueve al cuidado, la protección y la expresión del afecto respetando la libertad del otro, sin imponerse, sin pretender manipular. La ternura pide permiso, se ofrece, no se impone, sino que se expone a la libertad, a la acogida o al rechazo. Así, la ternura va unida a la experiencia de vulnerabilidad. Por eso su reverso es la indiferencia, la manipulación, el poder y la violencia. Su expresión paradigmática es la caricia y su opuesto el maltrato.

El Evangelio es la Buena Noticia de la ternura porque en él Jesús se nos revela como la compasión de Dios hecha carne, gesto, caricia, relación, que no se impone, sino que se expone a la acogida y a la libertad humana, que no suple lo humano sino que cuenta con ello. Una ternura que no está reñida con la indignación y el sentido crítico, como cuando nos urge a ser astutos como serpientes y sencillos como palomas (Mt 10,16), o cuando nos urge a amar a los enemigos (Mt 5,42-43) o a no separar el trigo de la cizaña (Mt 13,24-30). Una ternura que se nos revela en un Jesús que llora de amor por el amigo perdido (Jn 11,1 45) o de impotencia ante la dureza de corazón de una ciudad que es el símbolo del poder y la ortodoxia implacable (Lc 19,41-48), un Jesús que respeta profundamente la decisión del joven rico pero no puede evitar que su corazón quede dolorido y afectado por ella (Mc 10, 17-30), o que ríe y banquetea con comilones, borrachos y prostitutas (Mt 11,19) o que juega con los niños poniéndose a su altura y ubicándoles en el centro (Mc 10, 13-16), o que acaricia a la mujer encorvada y la ayuda a empoderarse y ponerse de pie y restituir su dignidad herida (Lc 13,10-17) o posicionándose al lado de la adúltera y la hemorroisa (Jn 7,53; 8-1; Mc 9,25-34) dejando así caer sobre él la ira del templo y sus representantes.

La ternura y la compasión configuran la vida y la misión de Jesús y, por tanto, su destino. Constituyen una forma de estar en la vida afectada por el sufrimiento y los sueños de alternatividad de quienes no pueden más y comprometida a fondo perdido con ellos. Implica una indignación ética y una postura social comprometida de parte de las víctimas. Tiene consecuencias que afectan a la polis, al sistema, consecuencias estructurales, en definitiva. La compasión y la ternura constituyen una forma radical de crítica, porque con su praxis anuncian que todo dolor ha de ser tomado en serio, que ninguna injusticia ni sufrimiento ha de ser concebido como algo normal ni natural, sino que la injusticia y el sufrimiento que lo provocan es siempre una situación inaceptable para la humanidad. Por eso la ternura y la compasión, vividas al modo de Jesús, resultan altamente sospechosas e inaceptables para el status quo y también para nosotros y nosotras, porque desinstalan nuestra visión de la realidad, nuestra imagen de Dios y nos urgen a modificar nuestra manera de posicionarnos en ella.

Tanto en la época de Jesús, como en la nuestra, la compasión es una relación no permitida a la hora de estructurar la legalidad. Los imperios y los mercados no se construyen ni se sustentan sobre la base de la compasión. Las normas legales no suelen adaptarse a la personas, sino que son las personas las que han de adaptarse a ellas, de lo contrario las normas se irían al garete y con ellas todo el sistema de poder. Como contemplamos a lo largo del Evangelio la compasión de Jesús es un tocar y dejarse tocar por el sufrimiento y los sueños de los últimos y desde ahí revelar el corazón del Abba como un corazón sin periferia. Un corazón cuya voluntad histórica es que la vida sea un banquete permanente, en el que no haya personas, pueblos culturas, sexos, razas descartables, una comida popular sin primeros ni últimos, donde corra el vino de la justica y la alegría y el pan que dé saciedad y plenitud a cada corazón humano, cada pueblo y cultura.

Como nos dice el papa Francisco, la ternura constituye una revolución inaugurada por Jesús pero pendiente aún en nuestro mundo [EG 22]. No sólo en las relaciones personales y familiares, sino también en la vida social y política y en la relación con la madre tierra. La ternura es eucarística y en Jesús es ternura entregada hasta el extremo, como recordamos esta tarde.

La compasión y la ternura nos complican, como a Jesús, con aquellos y aquellas a quienes más les es negada hoy en nuestro mundo. Por eso, como nos narra el evangelista Marcos, las prácticas compasivas de Jesús van a ser vistas bajo sospecha, porque son signos de que otras relaciones, otro sistema, otro Dios, son posibles y por tanto se puede desmantelar el vigente. Desde esta clave entendemos mejor que tras una curación en sábado, en el corazón de la sinagoga, los fariseos y herodianos se pusieran de acuerdo para acabar con Jesús (Mc 3,1-6). La actitud tierna y misericordiosa de Jesús es denunciadora de un mundo inhumano y violento en el que predomina la ley del más fuerte, la que imponen todos aquellos para quienes su fuerza es la norma del derecho (Sab 2,11). Para Jesús, sin embargo no hay más ley que el amor y su norma no es otra que volcar toda su ternura y afecto en el cuidado y la dignidad de los y las más vulnerados. En Jesús Dios se adentra en la densidad de conflictos de la historia ganado por el sufrimiento, por las lágrimas y la debilidad humana. Por eso la ternura en Jesús es eucarística, es ternura entregada hasta el fin, sin esperar condiciones óptimas o ideales para hacerlo, sino encarando la realidad tal cual es.

(Continuar leyendo…)

reu-las-patronas-la-bestia-1

Las patronas ofrecen alimentos y asistencia a migrantes en su paso por Veracruz desde hace 15 años.