Abran vías. Dos gritos desde la escena

Abran vías. Dos gritos desde la escena

Jorge Picó

“Nace entre los clandestinos el último Jesús,
pasa de un agua a la otra sin tierra firme”.

Erri de Luca, El último viaje de Simbad

“Malvenidos a bordo”. Así recibe a los refugiados en su barco el protagonista de El último viaje de Simbad”, obra de teatro del napolitano Erri de Luca, estupendamente traducida al catalán por Sabina Morelo[1]. De Luca trabaja una reencarnación mediterránea del personaje de las Mil y una noches que transporta un barco de inmigrantes hacia las costas de Europa. Para el autor los inmigrantes no son solamente “carne que viaja, sino esperanza”. La obra es un relato de mar y de vida donde Simbad, personaje que ha viajado a San Pablo de Tarso, nos recuerda al buen bandido Mishka Japonick (quien inspiró a Isaac Babel y sus Cuentos de Odessa) y a Jonás huyendo de Yaveh antes de que le engullera la ballena. El capitán, trasunto de Simbad, realiza su último viaje antes de ser avistada su embarcación ante la fortaleza Europa. El tiempo y la tempestad atraviesan la obra como un elogio a la duración opuesta al instante real, a “la muerte por aceleración”[2] que vivimos. Duración entendida como noche y día, estaciones del año, ritmo de vida y presencia del pasado, tan necesaria. Es también un canto a Scherezade y el poder salvífico de contar historias.  De Luca es además traductor del hebreo de las Sagradas Escrituras, se define como no creyente antes que ateo y, cuando trabajaba de mason, las leía cada mañana antes del trabajo.  La segunda obra no nace de un solo autor sino de un colectivo, le groupe NIMIS, que un día decidió entrar en el centro de la Cruz Roja de Bierset, cerca de Lieja, donde estaban 600 peticionarios de asilo llegados del mundo entero. Entrañados por su situación decidieron invitar durante una semana a algunos del centro a participar en un taller de teatro. A partir de aquí visitas a la isla de Lampedusa, al recién desmontado campo de Calais y entrevistas con juristas, militantes, universitarios… Y de este encuentro horizontal, más constitutivo que sentimental, alejado del didactismo angelical nació Ceux que j’ai recontrés m’on peût-être pas vus (Los que he ido encontrando a lo mejor no me han visto) que pude ver en Bruselas. Teatro documento, una pila de información servida con humor donde todos los protagonistas, seis de ellos peticionarios de asilo reales, se llaman igual, Bernard Christophe, y a la entrada hay un botón rojo por si algún censor europeo entra a detener la función. Si aparece, la troupe disimulará actuando un fragmento del Sueño de una noche de verano de Shakespeare (y cómo no, el fragmento del muro entre Píramo y Tisbe…). La creación teatral se convierte en un J’accuse a la agencia Frontex y sus mezquinos y ocultos intereses económicos con momentos de gran teatro: el estremecedor documento grabado del médico de Lampedusa -siento no haber retenido su nombre- que va relatando cómo se ha ido ocupando de los cadáveres vomitados por el mar, traducido por una actriz; el continente africano formado con los cuerpos de los actores y usado para explicar el flujo de inmigrantes; o el discurso de Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo, interrumpido por la llegada de un montón de féretros y un transportista que le obliga a firmar la factura de los gastos de envío…

Una de las cualidades más importantes del teatro, sino la mayor, es su capacidad de cultivar la escucha. Personajes que se hablan unos a otros, sacos de palabras encarnados, ideas, temores y temblores lanzados como dardos. El escenario se vuelve magnánimo con la condición humana cuando practica la polifonía y, en especial, cuando incluye las voces con más dificultad para ser escuchadas. El teatro es voz pública, grito y melodía en la plaza, en el agora adormecida. “Aquella dona desconeguda ha cosit en les meves orelles el nom d’un estrany i m’ha deixat una cicatriu musical” [3] (“Aquella mujer desconocida ha cosido en mis oídos el nombre de un extraño y me ha dejado una cicatriz musical”). Y así el impacto de su escucha nos conmueve dirigiéndonos hacia la verdad, la única arma que les queda a los apartados del camino. No tengo papeles, pero sí hambre, grita ahora la verdad. Abran vías, nos dice al oído el escenario. En el Teatro Nacional Belga celebraban encuentros y coloquios después de cada función. Noble misión del teatro público. Por estos lares están avisados de la existencia de la calidad dramática de este texto y del montaje belga, ojalá se animen a programarlos.

***

[1] Desconozco si ha sido traducida al español. La traducción de Morelo no está publicada. En italiano la podéis encontrar en Ed. L’Archipelago Einaldi (2003)

[2] La idea de la aceleración está desarrollada en La piedra desechada de Reyes Mate, ed. Trotta. Madrid, 2013. pág. 22.

[3] L’ùltim viatge de Sinbad, escena 3. Traducció: Sabina Morelo.

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Imagen extraída de: L’envolée culturelle

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