Pactos de gobierno en Cuaresma (2): ¿Qué podrían aportas las obras de misericordia a esa nueva política?

Pactos de gobierno en Cuaresma (2): ¿Qué podrían aportas las obras de misericordia a esa nueva política?

Francisco José PérezAntes de una visión de lo qué puede aportar cada una de las obras, en clave de “nueva política”, que ni agota ni sustituye otras lecturas necesarias, vamos a fijar un marco de referencia derivado del pensamiento del Papa, sobre todo en Laudato si’:

  • Visión integral de la persona y sus necesidades. En un contexto en el que las necesidades se confunden con los deseos y las personas están sometidas a nuevas esclavitudes vinculadas al consumo y la moda, las obras de misericordia ayudan a poner orden en el tema de las necesidades, que han sido priorizadas de forma clara por el Papa: “La deuda social, la deuda ambiental con los pobres de las ciudades se paga haciendo efectivo el derecho sagrado de las «tres T»: tierra, techo y trabajo. Esto no es filantropía, es una obligación moral de todos”[1].
  • Situarnos en el marco de la “casa común”: “Desde mediados del siglo pasado, y superando muchas dificultades, se ha ido afirmando la tendencia a concebir el planeta como patria y la humanidad como pueblo que habita una casa de todos” (LS, 164), una casa que “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes” (LS, 2). Ni las obras de misericordia, ni la nueva política puede obviarlo.

  • Nuevo paradigma para la cuestión social que relaciona cambio climático, pobreza e injusticia. Se trata de un gran reto ético para la nueva política y las obras de misericordia. “… no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social… el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta” (LS, 48).
  • Necesidad de “educación y espiritualidad” tal y como propone el Papa: “… la humanidad necesita cambiar. Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración” (LS. 202).
  • Superar los rasgos negativos de la cultura dominante: cultura del descarte, globalización de la indiferencia, idolatría del dinero… de modo que la persona y sus necesidades básicas puedan ocupar el centro de la vida social y política, haciendo posible la sostenibilidad de la casa común, al respeto a la diversidad de culturas y formas de vida…

Aportación cada una de las obras de misericordia hoy:

Dar de comer al hambriento

El 27,3% de la población en España vive actualmente bajo el umbral de la pobreza y más de tres millones viven ya en la extrema pobreza. Uno de cada cuatro españoles está en riesgo de exclusión social y un 5% —unos 2,35 millones de personas— vive con carencias alimentarias severas o directamente pasa hambre según Intermon Oxfam.

Obra que nos sitúa ante una necesidad básica y un deber de justicia que hemos de abordar de manera urgente y prioritaria, planteando nuevas respuesta políticas, sin olvidar que más allá de la dramática situación en nuestro país el hambre es uno de los grandes desafíos que presenta nuestro mundo globalizado y, como nos recuerda el Papa Francisco en su reciente encíclica “Laudato si’”: “Todo está conectado”. La desnutrición crónica que sufren 800 millones de personas, tiene que ver con un tipo de desarrollo contaminante y derrochador.

Dar de beber al sediento

La escasez de agua es cuestión de vida o muerte para millones de personas. Se calcula que afecta a unos 2.800 millones de personas en el mundo. Tenemos que recordar que el agua es vida, pero como comprobamos a diario, fuente de tensiones y conflictos. El agua es fundamental para la seguridad alimentaria y la nutrición, la salud y la dignidad de todos. También para los ecosistemas de los que depende la seguridad alimentaria y la nutrición de las generaciones presentes y futuras.

No en vano el Papa advierte de la gravedad  y consecuencias que hoy tendría no asumir esta obra desde una perspectiva solidaria y global: “ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza (…). La pobreza del agua social se da especialmente en África, donde grandes sectores de la población no acceden al agua potable segura, o padecen sequías que dificultan la producción de alimentos… Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable” (LS 27).

Acoger al forastero, al migrante y al refugiado

Asistimos a la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Conflictos como los de Siria, Afganistán, el Cuerno de África… dan  lugar a un flujo de población civil que busca salvar la vida y tener futuro. Contrariamente a lo que se cree en muchos de nuestros ambientes, la gran mayoría de las personas refugiadas permanecen en los países cercanos y limítrofes al propio. Pero la necesidad de buscar un lugar más seguro y con esperanza de futuro les empuja también a Europa y a España. Un porcentaje pequeño en lo global, pero que nos plantea un gran reto, ante el que la nueva política tiene mucho que decir. El Mar Mediterráneo, Lampedusa, la valla de Melilla… son lugares simbólicos en los que la muerte de migrantes está poniendo en tela de juicio no ya los valores éticos de nuestra política, sino nuestra propia humanidad.

Vestir al desnudo

Hemos de ser conscientes de cómo tras esta necesidad básica se ha ido tejiendo una red de explotación en el mundo, y de empobrecimiento de las trabajadoras, especialmente en los países del sur.

Si nos fijamos en las listas de las personas más ricas del mundo o de nuestro país, enseguida podemos darnos cuenta de que aparecen personas relacionadas con el mundo de la moda y las grandes firmas textiles. Para contrastar, podemos fijarnos en tragedias como las de Bangladesh han supuesto no solo cientos de muertos, sino que han dejado al desnudo  esos talleres de la miseria en que fabrican la ropa que llevamos marcas como Zara, Primak, Corte Inglés… Y si tiramos del hilo descubrimos el trabajo de niños y niñas esclavas. Es sólo un botón de muestra, y que afecta no sólo a la ropa; también a las joyas, los aparatos electrónicos…

Vestir al desnudo hoy tiene que ver mucho con el trabajo decente, con el consumo responsable, con el uso ético del dinero…

Visitar al enfermo

Obra que nos pone ante otros graves problemas de nuestra sociedad. La soledad de las personas mayores, la realidad del trabajo de cuidados que recae sobre la mujer y, cuando se convierte en asalariado, sobre la población emigrante bajo la forma de explotación laboral.

La Ley de Dependencia hacía pensar en una nueva generación de derechos y en una forma valiente de hacer frente a cuestiones claves para la nueva política: una sociedad patriarcal y machista; una sociedad que descarta a las personas que no resultan productivas…).

Socorrer a los presos

Somos uno de los países europeos con más población reclusa y, sin embargo, se habla poco de los presos (a no ser en la demagogia política sobre los presos de ETA…). La situación de los presos es un tema tabú ante el que la inmensa mayoría de la sociedad mantiene una ceguera total.

Una nueva política debería atreverse a plantear medidas concretas de atención a la población reclusa, alternativas para una verdadera reinserción social…

Además tenemos que fijarnos en otros “presos” que no han cometido delito. Los migrantes encerrado en los Cies, o en campos de refugiados… una atrocidad moral que se agrava con el crecimiento de la xenofobia y el racismo y que rememoran la historia más funesta de la Europa del siglo XX con sus campos de exterminio. Sin duda la nueva política requiere del coraje para cerrar estos centros y diseñar auténticas políticas de acogida e integración.

Honrar y enterrar a los difuntos

En una sociedad con una cultura dominante que fragmenta y reduce a la persona a trabajadora, consumidora, disfrutadora… y que identifica la felicidad con acumulación de objetos inútiles, enterrar y honrar a los muertos no es sólo un reconocimiento de la dignidad de cada persona humana, de su huella en nuestras vidas y en la historia… es además un acto de misericordia con nosotros vivos: recordarnos nuestro valor supremo y nuestra dignidad, recordarnos la trascendencia, que poseemos una esperanza y un futuro que hará posible la liberación y realización de la persona. Nos hacen perder la fe en los otros, en el futuro, en Dios… para convertirnos en marionetas que bailan al son de los mensajes publicitarios y las modas. Esto es, en objetos funcionales a este capitalismo neoliberal.  (Continuará…)

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[1] Discurso en la visita al suburbio de Kangemi (Kenia) el 27/11/2015

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Imagen extraída de: Pixabay

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