La insoportable desigualdad

La insoportable desigualdad

Cristianisme i JustíciaConcluimos el año 2015 con unas cotas de desigualdad inéditas hasta hoy: el 1% de la población ya tiene tanta riqueza como el 99% restante. El número de ricos (aquellos que tienen más de un millón de dólares) crece un 40% en España desde el inicio de la crisis. El sueldo de los principales ejecutivos del IBEX 35 es 158 veces el sueldo medio de sus empresas. En estos momentos se mueven 6 billones de dólares de manera opaca en paraísos fiscales. Al mismo tiempo la pobreza en nuestras ciudades se cronifica: más de 1/3 de los hogares españoles tienen ingresos medios inferiores a los 800 euros mensuales; el paro disminuye solo a base de creación de puestos de trabajo precarios y mal pagados; se ha producido un aumento del 17% en los parados de larga duración en los últimos cuatro años, y cerramos los Objetivos de Desarrollo del Milenio con un balance muy negativo.

La utopía de los más ricos tiene la forma de la peor distopía para los pobres, inconscientes los primeros de que el bienestar de los últimos es la única clave para el bienestar de todos.[1] Somos conscientes de la dificultad de cambiar un sistema económico hegemónico a nivel mundial y enraizado culturalmente. El capitalismo solo es legítimo si es capaz de mejorar la vida de los que están peor. Cuando no lo hace, merece ser claramente cuestionado. Compartimos la crítica al capitalismo salvaje que ha hecho el Papa Francisco en su última encíclica[2].

Al mismo tiempo tenemos la certeza de que el modelo de vida europeo no es universalizable. Ahora sabemos que no podemos seguir viviendo así si queremos que otros puedan vivir mejor. Pero tampoco podemos seguir viviendo así porque este modelo de vida no nos hace más felices, más solidarios ni más humanos. No se trata de rebajar el nivel de vida en clave de desigualdad sino en clave de una sociedad de la sobriedad compartida.

En el “mientras tanto” de esta historia de dolor y sufrimiento, el afecto y la ternura que mueven a la compasión nos obligan a examinarnos. ¿A qué puedo renunciar que me encadena y me deshumaniza? ¿Cómo puedo vivir de manera más solidaria y comunitaria? ¿Estoy dando suficiente apoyo a las iniciativas que buscar tejer relaciones económicas más sostenibles y respetuosas con la persona y el entorno? ¿Qué líneas rojas marco en mi día a día en mi entorno laboral, vecinal y familiar?

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[1] Incluso organismos nada sospechosos de “radicales”, elaboran informes con títulos como (sic). «Hacer a los pobres más ricos es bueno para el crecimiento».

[2] “La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana. La salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene futuro y que sólo podrá generar nuevas crisis después de una larga, costosa y aparente curación”. Laudato Si 189.

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A lo largo de esta semana iremos publicando en el blog el resto de apartados de la reflexión de fin de año de Cristianisme i Justícia, pero si no podéis esperar, aquí tenéis el documento completo.

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Imagen extraída de: Pixabay