Calvary: evocaciones evangélicas llevadas al cine

Calvary: evocaciones evangélicas llevadas al cine

Nubar Hamparzoumian. El Evangelio de San Juan, después del prólogo y la presentación de Juan el Bautista, comienza con una pregunta de Jesús: “¿Qué buscáis?”, a lo que le responden: “¿Dónde vives?”. Una manera de preguntar “¿quién eres?” a la que Jesús les (nos) responde: “Venid y lo veréis”. Todo el evangelio será, pues, una presentación de quién es Jesús, cómo vivió, qué hizo, qué dijo y con quiénes se relacionó, para terminar, después de la Pasión, Muerte y Resurrección, dándonos una misión concreta a cada uno pero a todos en general: seguirle.

La película Calvary (2014) de John Michael McDonagh la tenemos que ver a través del tamiz de la Redención (en mayúscula). Y así nos lo hacen saber en el comienzo de la película con la frase de San Agustín: “No desesperes, un ladrón se salvó. No confíes demasiado, el otro se condenó”.

La entrega del justo, de quien es bueno. El comienzo nos ofrece una presentación del Padre James de lo más impactante, provocando en el espectador una doble pregunta:

  • ¿Quién es este Padre James que imperturbable (Is 42, 1-ss) escucha cómo le amenazan de muerte en un confesionario?
  • Y ¿quién es la persona que amenaza a un cura con matarle con el argumento de “porque usted es bueno”?

Toda la película será, como en San Juan, una presentación de quién es el Padre James, qué hace y qué dice, pero sobre todo, con quién se relaciona en el pequeño pueblo irlandés. Él representa a la Iglesia católica, seguidora de Jesús y coherente en su vida, que lucha pacíficamente por eliminar del imaginario –y de la realidad- a los cristianos hipócritas (Mt 23,3), que son la peste que empaña y mata a los sencillos y humildes porque molestan.

James, viudo y con una hija, desdichada por rupturas amorosas dolorosas, nos presenta en una semana a los habitantes del pueblo del cual es párroco, a cual más curioso. Pero esas curiosidades podríamos resumirlas con los pecados capitales, o más aún, con los personajes (todos de mala fama y moral distraída) con los que Jesús se cruzó, habló y convivió, que “casualmente” son doce. Con todos ellos, de una u otra manera se plantea el mismo dilema: pecadores buscadores del perdón (o no). Pero, ¿alguno se siente culpable? El padre James llega a declarar con tristeza que el perdón está infravalorado porque se habla poco de las virtudes.

Durante una semana James sigue haciendo lo que venía haciendo antes de la amenaza: intentar que el pueblo viva en paz y tranquilidad (Lc 4,18-21). Y por esa misma razón es alguien que molesta, que tiene que morir porque es bueno. “¿Qué sentido tendría matar a un sacerdote malo?”. A medida que él se acerca a sus vecinos de manera misericordiosa le responden igual que a Jesús (Lc 4,22), recriminándole su pasado, su origen, o ponen en duda su vocación. Llegan al punto de quemarle la iglesia frente a la mirada atónita de todos, sin que nadie ponga remedio (Jn 2,13-22). El templo parroquial no será reconstruido en tres días, pero sí que necesita la purificación que produce el fuego (tanto la Iglesia-cuerpo apostólico como la iglesia-templo).

Al final él morirá junto al mar ante los ojos inocentes del monaguillo Michael (¿podemos interpretar que es el discípulo amado?). Jesús, en el lago Tiberiades fue donde se apareció a los discípulos que habían vuelto a su rutina cotidiana de ser pescadores. Igualmente, junto a la orilla del mar, un domingo, el Padre James se convierte en sacrificio –de nuevo redentor- de ese pueblo, en el que todos siguen como si no hubiera pasado nada.

Sus últimas conversaciones son significativas de las de Jesús en el Calvario. Primero se “despide” de su hija (que en algunos momentos podemos interpretar que es la Virgen María, no en tanto como madre de Jesús, sino como hija espiritual de Cristo), con quien habla de la olvidada virtud de perdonar. El Sr. Fitzgerald, que después de reconocer su culpa, su necesidad de amor, el padre James le responde con un “después nos vemos” que evoca el “hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23, 43). Hay que tener presente la primera frase de la película: “No desesperes, un ladrón se salvó”. En cambio, a su asesino –que por no hacer spoiler no diré aquí quién es– desespera, y ante la oferta de una segunda oportunidad –”aún no es tarde“–, la rechaza: “No confíes demasiado, el otro se condenó”.

Si toda la película ha sido una presentación del Padre James, al igual que el Evangelio de Juan es una presentación de quién es Jesús, sólo cabe una pregunta para seguir dando actualidad al evangelio después de esta película: ¿Quién es Jesús para ti?

Antes del Adviento ver esta película puede ser demasiado duro para los afectos, sentidos y sentimientos (¿y por qué no?, también para la razón). Si el Adviento es un tiempo litúrgico que nos ayuda y nos recuerda que tenemos que estar preparados para la venida de Jesús, de nuevo, a nuestras agitadas vidas. Pero no podemos dejarnos distraer por las luces, cenas de grupos y papeles de regalo. Jesús nació fuera de su hogar, en un pesebre entre animales (que el cosmopolita ya no lo sabe, pero un establo huele muy mal, y la paja, tan decorativa en los belenes hogareños, no es cómoda, se mete por todos lados). Y Jesús no sólo en su nacimiento sino también después de nacer, tiene una vida compleja: tiene que huir a Egipto (¿nos suena eso de los que migran huyendo de su país?), se pasa 30 años de vida oculta, como “simple” artesano (con lo complicado que sigue siendo hoy día ser autónomo). Pero si seguimos hablando de Él, no es sólo por esto, sino porque murió (como muchos otros siguen haciéndolo) pero Resucitó.

San Ignacio de Loyola invita a los que hacen Ejercicios Espirituales, en la contemplación del nacimiento de Jesús, a:

[116] mirar y considerar lo que hacen (José y María), así como es el caminar y trabajar, para que el Señor sea nacido en suma pobreza, y a cabo de tantos trabajos, de hambre, de sed, de calor y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz; y todo esto por mí; después reflitiendo sacar algún provecho espiritual.

Para sacar algún provecho de la película surgen dos invitaciones:

  • Prepararnos durante el Adviento, puesto que desde el principio del nacimiento de Jesús ya nos anunciaba su muerte en cruz.
  • Tener más presente durante este tiempo la pregunta central de San Juan: ¿Quién es Jesús para ti?

Calvary

Imagen extraída de: Religion Dispatches

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.