La ficción y las figuras retóricas en los Evangelios

La ficción y las figuras retóricas en los Evangelios

Lucia MontobbioGabriel Magalhães, profesor del Departamento de Letras de la Universidad de Beira Interior, pronunció la lección inaugural del curso 2015-2016 del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona (ISCREB). El título decía así Los caminos de la literatura hacia Dios: sobre el valor de la ficción narrativa y el artificio retórico para la fe cristiana.

Ese título fue el que hizo que fuera a ver al profesor. El tema me convenció y me acomodé en una silla para escuchar. Espiritualidad y literatura son dos materias que me atraen. Sin embargo, he tenido escasa oportunidad de disfrutarlas juntas. Parece que literatura y  fe cristiana tengan que reñir. Más aún si hablamos de ficción, o poesía. En cambio, he de confesar que ambas me alimentan de forma insospechada. Por fin una fiesta donde ambas estaban convidadas.

Escuché a Gabriel Magalhães con interés, y me emocioné. El resto de audiencia también, el aplauso fue sentido. Vuelvo a repasar notas y grabaciones, sin que su discurso pierda genialidad. Os presento líneas rápidas tomadas en mi bloc. Ojalá disfrutéis de estas palabras que transcriben las del profesor.

Huir de la ficción

Los cristianos a veces huyen de la palabra ficción, si algo temen es que los puntos esenciales de la fe se consideren como “cuentos chinos o fantasías”. Por contra, los Evangelios están llenos de ficciones, nos referimos a las parábolas de Jesús. El profesor presenta un Dios hecho hombre, pero también un Dios que cuenta cuentos, como una madre lo hace todas las noches a su hijo. ¿Por qué usó el hijo de María estos microrelatos, estas parábolas? Cinco motivos se enumeran.

  1. Narrar es ser humano

La diferencia entre un animal y nosotros es que un animal vive en un presente continuo. En cambio, nosotros somos un recorrido, una historia. El ser humano es más un animal narrativo que reflexivo, explicamos más historias que reflexionamos. Si nuestra vida deja de ser una historia, nos sentimos vacíos. En cambio, nos sentimos felices cuando nuestros días se enhebran en una historia, un recorrido con paisajes pasados y horizontes por provenir.

Jesús sabía que esto puede ser así, y por eso nos llama a regresar a nuestra humanidad a través de historias, de cuentos. Por ejemplo, con la parábola del buen samaritano nos obliga a volver a nuestra propia historia, al cuento de nuestra vida. Las palabras pretenden que nos acordemos de que somos humanos, algo que se nos olvida con facilidad.

  1. Narrar explica el sentido del mundo

También en Jesús surgen parábolas que explican el sentido del mundo. Hay una especialmente, que es la del trigo y la cizaña. Explicación fabulosa de la presencia del mal en el mundo, uno de los grandes escándalos de la creación. Las dos realidades están mezcladas, no hay nada bueno que no tenga algo malo, ni nada malo que no tenga algo bueno. Por tanto hay que dar tiempo, tiempo para que la espiga de la bondad llegue a su mayor altura, y para ello tiene que existir una convivencia misteriosa con el mal.

  1. Las historias nos hacen de espejo

Somos lectores cuando las historias se transforman en nuestro reflejo, descubrimos cosas nuestras que hasta entonces no habíamos vislumbrado. La ficción refleja nuestro rostro. Las ficciones son como las salas de los espejos que tienen los parques de atracciones. En ellos, se presentan varias posibilidades humanas para que encontremos la nuestra.  Por ejemplo en el hijo pródigo se nos describen diferentes comportamientos, y según el momento podemos sentirnos identificados más en un personaje u otro.

  1. Ficciones que viajan rumbo a la verdad

En toda época existen muchas mentiras, sabemos identificar cuáles son las del pasado pero no las de ahora. Por ejemplo sabemos que la inquisición, o el círculo romano estuvieron mal, pero los contemporáneos no lo supieron. ¿Qué cosas que ahora no sabemos considerar como malas, identificarán los compañeros del futuro? La ficción se atreve a decir cosas que si se dijeran en serio serían difíciles de expresar.

Jesús también usó la ficción con esta intención, no por miedo. Él aprovecha la suavidad de la ficción para criticar con amor. Se dirige a personas que no están preparadas para recibir la realidad, enciende la luz sin cegar al oyente. Por ejemplo, en la parábola de los viñadores homicidas, no dice de forma brutal “vosotros vais a asesinarme”, sino que les cuenta una parábola para que piensen, lo dice de forma suave.

  1. Lanzar debates

Las historias son el motor que desencadena la tertulia, muchas de las parábolas de Jesús acaban con preguntas. ¿Quién fue el prójimo?, o expresiones enigmáticas como “El que tenga oídos que oiga”, “El que tenga ojos que vea”. Son formas de lanzar el debate.

Grandes escritores

Estos cinco puntos, características de la narrativa, están descritas en la teoría literaria, vemos que  aparecen en las parábolas de Jesús, y en otros grandes autores. Por ejemplo, en Ramon Llull, en el Romanç d’Evast i Blanquerna se plantea el sentido de la vida de Blanquerna, se pueden leer críticas a la sociedad contemporánea que se presentan en forma de ficción, debates, el problema del sentido del mundo, personajes como varias formas de que el lector se refleje. Si pasamos a libros más laicos, como el Quijote de Cervantes, pasa lo mismo. El Quijote no tiene historia, Alonso Quijano se transforma en Don Quijote que sí tiene historia, es un hombre en búsqueda de una historia. Los diferentes personajes son posibilidades de ser, posibles espejos donde se mire el lector. También aparece el debate sobre el sentido del mundo: ¿podemos vivir lo que soñamos?

Lo que está en las parábolas de Jesús, también está en Llull y en Cervantes, e incluso en géneros literarios  en apariencia alejados como el de la novela negra. Si cogemos por ejemplo Los Mares del Sur, de Manuel Vázquez Montalbán, leemos sobre la búsqueda del sentido de la vida de Stuart Pedrell, se hacen críticas sobre el régimen que vive el protagonista, una dictadura que no ha sido desmostada se explica bajo la capa de la ficción.

¿Es Jesús entonces novelista? No, de ningún modo. No travistamos a Jesús con ropas que no son las suyas, con una toga de filósofo, con una camisa a cuadros en plan revolucionario, con una pluma de escritor. Él no fue novelista. El hecho de que él contara historias viene en el pack de su encarnación. El ser humano, como hemos dicho antes, es narrativo, y él fue también narrativo, con historias breves, de forma humilde. Dios existe en lo pequeño y las parábolas son precisamente eso.

Las figuras de estilo

Acto seguido, Gabriel Magalhães ha introducido el segundo de los temas, el uso de las figuras retóricas: “esto que hemos visto en lo que respecta a la ficción, a la narrativa, también lo veremos en lo que concierne a los artificios retóricos. Una vez más, nuestra tendencia sería pensar que nada andaría más lejos de Jesús que esa pretenciosa máscara tallada por las figuras de estilo, por eso que llamamos, a veces con algún desdén, retórica, ornamento verbal. Y resulta curioso comprobar que una vez más nos equivocamos. Una vez más el Salvador está mucho más cerca de nosotros de lo que pensábamos”.

A partir de diferentes ejemplos, el público ha podido descubrir que las figuras retóricas más comunes en la Biblia son la paradoja “deja que los muertos entierren a sus muertos” y la metáfora/comparación “seguidme, y yo os haré pescadores de hombres”. Según el profesor, estos dos recursos literarios son los más comunes porque ambos nos acercan lo que nos cae lejos, “a través de la metáfora y la paradoja, el Salvador nos habla de ese amor divino que, en el cosmos, todo lo conjuga con todo, aunque esas totalidades puedan ser divergentes.”

¿Es entonces Jesús poeta? Tampoco es poeta. En el ejemplo que sigue se intenta comparar una metáfora de Jesús con una metáfora de un poeta. Si leemos a San Lucas: “Seguidme y yo os haré pescadores de hombres”, vemos una metáfora transparente de Jesús. Ahora leemos a  Pablo Neruda en “20 poemas de amor y una canción desesperada”: “Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos”. Esto lo deja todo claro, Jesús usa la metáfora con un lenguaje puro, transparente. La metáfora es usada por Neruda con una pretensión artística. Esa es la diferencia. Todos somos un poco poetas, pero no poetas literarios.

¿Porqué se ha roto la relación entre literatura y fe cristiana?

Fernando Pessoa escribe en el siglo XX: “El poeta es un fingidor./Finge tan completamente/que hasta finge que es dolor/el dolor que en verdad siente,/Y, en el dolor que han leído,/a leer sus lectores vienen,/no los dos que él ha tenido,/sino sólo el que no tienen./Y así en la vida se mete,/distrayendo a la razón,/y gira, el tren de juguete/que se llama corazón”/ Hoy el poeta finge los dolores al escribir y al leer, todo es virtual. Esta ha sido la gran transformación, esta es la gran debilidad de occidente. Lo mismo pasa en otros campos como en la ciencia, o en la filosofía, en los principios  matemáticos de Newton bien que aparecen referencias metafísicas y religiosas. Una de las tareas que tenemos los creyentes es intentar restablecer esta relación entre literatura y fe cristiana.

Dos retos

No nos desesperemos con el mundo que nos ha tocado vivir. Dos retos hay en nuestro tiempo: el reto social planteado por el Papa Francisco (“la iglesia hospital de campaña”); y también otro reto lanzado por el Papa emérito, Benedicto XVI: lograr establecer de nuevo el puente entre la fe cristiana y la sociedad occidental. Esto segundo también es importante, con la prueba que acabamos de desarrollar, relacionar literatura y espiritualidad, enriquece las dos áreas y lo mismo pasaría en otros terrenos sociales como en la filosofía y en la ciencia.

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Imagen extraída de: Pixabay

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