La religión, una baza electoral #2015electoral

La religión, una baza electoral #2015electoral

Jaume FlaquerLa cuestión del papel público de la religión (¡y ya tenemos que hablar de religiones, en plural!) es también uno de los elementos ante el que los partidos políticos van a tener que tomar postura en sus programas electorales. Quizás algunos creían hace unos años que su importancia iría disminuyendo, pero lo cierto es que la resistencia eclesial a abandonar “los primeros puestos” de la plaza pública y el crecimiento de religiones que reclaman su lugar en esta ágora, pone la cuestión religiosa en plena actualidad.

Precisamente porque cada país europeo tiene su historia y sus “mitos fundacionales”, cada uno percibe, problematiza y “siente” de manera diferente la visibilización pública de la religión. La respuesta a esta cuestión que relegaría lo religioso al ámbito estrictamente privado para construir una esfera pública neutra y pura es enormemente simplista, puesto que las comunidades humanas que comparten una fe y unos ritos son también asociaciones públicas que, como tantas otras, solicitan subvenciones y reconocimiento público, y a veces, incluso legislaciones conformes a su manera particular de ver la justicia.

En Francia, la nueva irrupción de lo religioso ha puesto en jaque el dogma de la separación de la religión y el Estado consagrado en 1905. La opción política ha sido legislar en esta dirección contra la visibilización de signos “religiosos ostentosos” (velos, kipás y grandes cruces) en las escuelas y a favor de la prohibición del velo integral en todo espacio público. Sin embargo, actuando de manera “herética” contra este dogma, se ha empeñado en guiar y diseñar desde el ministerio del interior el modo de elección (o mejor, determinación) de los representantes de la comunidad musulmana. Incluso ha planteado también, y realizado en no pocos casos, la concesión de ayudas a la construcción de mezquitas para controlar su ideología.

En la tradición anglosajona se vive de manera menos problemática, incluso el velo integral. La separación de la religión y el Estado se vive fácticamente a pesar de que la reina de Inglaterra sea la cabeza de la Iglesia anglicana. El nivel del debate se sitúa en torno a peticiones de leyes “confesionales”. Los motoristas sikhs, por ejemplo, obtuvieron la exención de llevar casco.

En países como Alemania se vive con naturalidad la subvención pública a las religiones mediante los impuestos, pero se debate la prohibición del sacrificio halal o kosher por el sufrimiento de los animales. En otros países, como Holanda o Austria, después de grandes reconocimientos de los derechos religiosos de los inmigrantes, el aumento de la extrema derecha está cambiando el debate.

En España seguimos un modelo mixto con tendencia progresiva al tipo de laicidad a la francesa. La secularización de la sociedad y la mala gestión del poder por parte de la Iglesia indican esta tendencia. Antes o después el mundo político decidirá romper el Concordato para adaptarse a la realidad social del país. Si esto será así, ¿por qué la Iglesia es incapaz de adelantarse para retirarse ordenadamente? ¿Por qué no pactar, pues, para hacerlo ordenadamente y en seguridad? Por pactar, me refiero solucionar de una vez por todas la cuestión de la financiación y la cuestión de la clase de religión en la escuela pública. Aquel “cuius regio eius religio” de Westfalia (a cada rey, su religión) se ha traducido aquí: “a cada partido su ley educativa” y su modelo de clase de religión, con el consiguiente mareo de leyes y contra-leyes.

La Iglesia debería situarse ya “en otra perspectiva”. Esta otra perspectiva es ya una realidad social en el País Vasco y sobre todo en Catalunya. Quizás así la Iglesia recuperaría el carácter profético de Jesús de denuncia de todo sistema corrupto sin identificarse con ninguno: “mi reino no es de este mundo.”

Pero, contrariamente a lo que se podría pensar, están aumentando los centros de culto y las manifestaciones religiosas. Desde el poder público debería entenderse lo religioso como un ámbito cultural más. De esta manera se vería de manera más normalizada. ¿Por qué las entidades religiosas dependen del Ministerio de Justicia? ¿Es para controlarlas como si se tratase de una cuestión de orden público? ¿O bien es por la tendencia de lo religioso a influir en el derecho?

De hecho, igual que cada asociación cultural hace sus manifestaciones artísticas o sus reclamaciones, también las religiones piden espacios públicos para procesiones o para rezar en Ramadán. Se ocupa la calle en los encierros de San Fermín, en el día del orgullo gay, en la rua del Barça cuando gana y en las procesiones de Semana Santa de Sevilla. Desde el punto de vista político, ¿por qué poner trabas a una oración musulmana y no a las sardanas?

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Imagen extraída de: CONAPRED