La religión de los esclavos

La religión de los esclavos

Pepa TorresEstoy leyendo estos días el último libro de Teresa Forcades, Por amor a la justicia, una biografía comparada de Dorothy Day  y Simone Weil como mujeres  buscadoras de Dios  en las fronteras del pensamiento y el activismo social. Su experiencia releída desde nuestro contexto socio-económico, en el que la dictadura de los mercados impone su lógica salvaje de intereses y deudas sin importarle machacar dignidades y sacrificar vidas humanas, me conectan con muchas historias cotidianas que a menudo no me dejan dormir por la noche.

Historias como la de H.B., una mujer joven marroquí que ha estado trabajando en un bar más de año y medio sin cobrar y a la que su jefe tenía engañada, haciéndola creer que estaba contratada y dada de alta en la seguridad social hasta que ella comprobó finalmente que le estaba engañando y se estaba aprovechando de su miedo a “perder sus papeles”. O como M.U., que ha tenido la semana pasada un accidente de trabajo y el segundo día de baja fue despedido a golpe de teléfono. O las compañeras de colectivo Territorio Doméstico, empleadas de hogar organizadas en la lucha por sus derechos, creativas y resilientes, en su reivindicación al gobierno español para que firme la  ratificación del convenio 189 de la OIT, como muchos otros países del mundo ya han hecho.

Releer la conversión de Simone Weil  en su experiencia de explotación en la fábrica  me impacta siempre:

“Estando en la fábrica, confundida  a los ojos de todos, incluso a mis propios ojos, con la masa anónima, la desdicha  de los otros entró en mi carne y en mi alma. (…) Allí tuve de repente la certeza de que el cristianismo era por excelencia la religión de los esclavos (…)”.

La experiencia de la mística francesa confirma la mía. El cristianismo es la religión de los esclavos, pero no para mantener y legitimar ninguna esclavitud, sino para comprometerse con otros y otras en su abolición… Y hoy hay tantas que sólo  sumando sinergias, sin miedo a las siglas y enredándonos por la justicia podemos hacerlo.

El papa Francisco nos recuerda que:

“Son muchos (…) Son muchísimos los no ciudadanos, los ciudadanos  a medias, o los sobrantes urbanos.

En muchos lugares del mundo las ciudades son escenarios de protestas masivas donde miles de habitantes reclaman, participación, justicia y diversas reivindicaciones que si no son adecuadamente interpretadas, no podrán acallarse por la fuerza” (EG 74).

TIEMPO DE DESPERTARNOS Y DESPERTAR.

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Imagen extraída de: Aprendiendo a consumir

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