Meditación ante un crucifijo (2000 años después)

Meditación ante un crucifijo (2000 años después)

J. I. González Faus. (N.B. Casi por los mismos días, dos amigos me piden que mire de recuperar este texto que tiene ya más de 40 años y apareció en una revista que ya no existe. Manera de recuperarlo puede ser enviarlo a este blog por si a alguien le es útil).

Ya ves: en el fondo hemos aprendido bien tu lección y te perdonamos también nosotros. Y hasta te perdonamos con tu misma generosidad excusante: no sabías lo que te hacías ¿verdad?

Ahora comprenderás que, si hubieses tenido veinte años más, todo habría terminado bien. Habría sido más fácil llegar a un acuerdo. Y luego, hasta puede que Pilato te hubiese concedido una audiencia y hubiese designado un centurión para que te guardara las espaldas. Y, créenos, todo eso habría repercutido en mayor bien de tu pueblo.

Pero en fin: ya pasó todo y será mejor no volver a hablar de ello. Sólo te reprochamos una cosa: que no hicieras caso a los ancianos (Mt 15,2: 26,47.57; 27,1). Ellos sabían mejor que tú que la madurez no consiste en decir no ante las cosas, sino en justificarlas. Ellos ya sintieron tener que promover tu condena. Pero… ahora que ya han pasado aquellas horas negras y el tiempo ha podido suavizar muchas asperezas, reconoce que tu actitud facilitaba bien poco las cosas.

Si hubieses sido más prudente como te aconsejaban tus familiares (Mc 3,32; Jn 7,3-5) -ahora comprendes que te querían bien ¿no?-, habría podido evitarse el desenlace y habrías tenido más tiempo y más oportunidades para seguir predicando al pueblo aquellas cosas tan bonitas que predicabas (porque nosotros también sabemos apreciarlas, ¿ves?). Habrías podido hacer más bien. Compréndelo: en la vida siempre es necesario un poco de flexibilidad. Hay que pactar, hay que renunciar a lo ideal para salvar lo posible…

Tú en cambio… ¡en buen lío nos metiste! ¿No ves que marxistas como ese tal Garaudy, se aprovechan de tu imprudencia para hacer panegíricos tuyos y decir que en ti “el amor debió ser militante, subversivo”, que por eso te crucificaron, que “pusiste de manifiesto lo absurdo de todas las sabidurías, al demostrar precisamente lo contrario del destino inexorable: la libertad, la creación, la vida?”… ¡Por favor! Comprende que todo eso nos coloca en una situación bien poco airosa, y que luego nosotros nos las deseamos para paliar los efectos de tu idealismo inexperto.

Pero en fin, ya te he dicho que no tratamos de reprocharte nada. De veras tendrías que creer que nuestra disposición para un diálogo es inmejorable y que estamos seguros de que será posible llegar a un acuerdo. Sólo deberías tener en cuenta que tenemos muchos más años y más experiencia que tú.

Sé razonable. Estamos seguros de que ahora que los años te habrán hecho reflexionar y nos darás a razón, siempre será posible un arreglo. Y sin duda que interpretaremos correctamente lo que tú harías hoy -que ya no eres tan joven- si nos limitamos a hacer de tu cruz una alhaja para nuestras jerarquías o un adorno para nuestros dormitorios.

Déjanos hacer. Ya verás cómo es para bien de todos.

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Imagen extraída de: Pixabay