Ni pescado, ni caña: ¿qué hacía Rajoy en África?

Ni pescado, ni caña: ¿qué hacía Rajoy en África?

Oscar Mateos. [Todo es posible] Recientemente, un tertuliano de un programa de televisión le comentaba al periodista Xavier Aldekoa, con motivo de la presentación de su genial libro “Océano África”, que el problema de África era que había que enseñar a pescar y no dar directamente los peces. Ante este tópico simplista y muy superado en el debate sobre desarrollo, Aldekoa respondió brillantemente que la cuestión era empezar por no romper la caña.

Y es que de forma histórica, el continente africano ha sido objeto de expolios humanos (tres siglos de esclavitud) y de recursos (colonización y neocolonialismo, tanto occidental como chino en la actualidad), que han hecho, efectivamente, que las sociedades africanas hayan sido despojadas de la posibilidad de pescar sus propios peces, de fabricar sus propias cañas y de pescar a su manera. Con esto no quiero caer en un discurso naíf que exculpe el papel de los propios africanos en la situación actual. Es obvio que las élites africanas han colaborado con todo este proceso de forma sistemática, y es obvio, y muy invisibilizado también, que sectores de las sociedades africanas han resistido a su forma contra todas estas formas de opresión.

El caso es que desde hace unos años, los países occidentales ya no se encuentran en la tesitura de pensar si es necesario el pescado o la caña. Desde septiembre de 2001, el nuevo marco securitizador ha problematizado los estados africanos como amenazas a la seguridad internacional. El terrorismo, el narcotráfico o los flujos migratorios se perciben como fenómenos potencialmente desestabilizadores para el conjunto de la seguridad de los países occidentales. Este hecho ha llevado a que la nueva aproximación de Europa o de los EEUU hacia los gobiernos africanos sea ofrecer ayuda interesada en materia de formación de sus ejércitos y de sus policías o bien en ofrecer aparatos tecnológicos que contribuyan a una mejor vigilancia de todos estos problemas.

Justamente, hace escasos días, el Presidente español, Mariano Rajoy, visitaba dos países de África Subsahariana, Malí y Senegal, con este objetivo. En Malí, un general español, Alfonso García-Vaquero, se encuentra al frente de la misión militar de la Unión Europea en el país, mientras que en Senegal, 33 efectivos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional se encargan de vigilar las costas senegalesas, junto con el ejército del país, para impedir la salida de pateras. Durante el viaje a ambos países, y de forma explícita, Rajoy enfatizó la importancia de la cooperación en materia de seguridad con el fin de “frenar los flujos migratorios” y de “acabar con la lacra del terrorismo yihadista”.

Es evidente que ambos problemas son de una trascendencia enorme para los países que la sufren. El yihadismo por los efectos desestabilizadores que supone para muchos países, como por ejemplo para Nigeria con Boko Haram. Y la cuestión migratoria por el drama humano que supone y por la incapacidad de las principales instituciones europeas de dar una respuesta precisamente fundamentada en principios humanitarios.

El problema de raíz de toda esta aproximación securitizadora a la que el gobierno español contribuye de forma entusiasta es que simplemente pretende contener los problemas, sin plantearse las causas estructurales que los explican y una visión que verdaderamente ayude a transformarlos. Detrás del yihadismo y del fenómeno migratorio es obvio que existen elementos socioeconómicos y políticos (de dimensiones tanto locales como globales) que hay que afrontar y en los que, además, los países occidentales han sido también corresponsables de lo que ha sucedido.

En efecto, no se trata del pescado ni de la caña, se trata de afrontar aquellos elementos que han impedido históricamente el hecho de pescar, y que hoy sólo están obsesionadas en contener y rodear el movimientos de los pescadores. Más que una cooperación militar necesitamos, de una vez por todas, una cooperación orientada a fomentar una verdadera justicia global en la que África Subsahariana esté en el centro.

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Imagen extraída de: Todo es posible