#2015electoral: nos va la vida

#2015electoral: nos va la vida

Francisco José PérezLa crisis mundial, que afecta a las finanzas y a la economía, pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo. (EG, 55)

Las elecciones que se avecinan presentan un interés mayor del habitual. Algo se está cociendo y esperamos que su sabor nos guste. El aperitivo electoral andaluz no ha servido para despejar las dudas. Nos ha dejado, eso sí, pinceladas para pensar, aunque no sean extrapolables. Por una parte, la escasa penalización de los votantes a la corrupción. Mala noticia cuando la corrupción alcanza dimensiones estructurales, a pesar de los atenuantes que puedan señalarse (no todos los políticos son iguales…). Por otra parte, se mantienen las tendencias que se venían manifestando, aunque con trazos tenues. Las opciones mayoritarias pierden peso electoral (más el PP que el PSOE) y emergen fuerzas que pisan los talones a ambas formaciones: Podemos y Ciudadanos. La otra alternativa UPyD no aparece como tal, y los malos resultados la empujan a un proceso de deconstrucción que parece les hundirá todavía más. IU confirma su tendencia a perder relevancia frente a Podemos, y que será más relevante en la medida en que sigan presentándose de forma esquizofrénica: ser referente (vanguardia) de una izquierda sociológicamente escasamente relevante y querer ser una opción lectoral importante. Por no hablar de esa confusión entre movimiento social y partido electoral.

Las cuentas, pues, no salen claras, pero las inquietudes y esperanzas siguen en pie. ¿Qué hay, pues, de turbador y atractivo en estas elecciones?

Por una parte, hay una crisis antropológica latente y eso confiere una gran importancia a las elecciones. El modelo de persona que nos han venido proponiendo los dos grandes modelos sociales que han dominado políticamente los últimos tiempos está en crisis. Ya sea la del ser humano egoísta e individualista que busca maximizar su bienestar individual; ya sea el consumidor “pasivo” de derechos de un bienestar vinculado a una espiral de crecimiento económico. Y esta crisis está haciéndonos experimentar con fuerza una indigencia, una vulnerabilidad, que se manifiesta en tres experiencias básicas: la creciente conciencia de indefensión ante nuestro propio poder; la experiencia constante de fracaso de la libertad en el logro de una convivencia justa y dichosa y el anhelo de una plenitud, que transciende la satisfacción de las necesidades materiales y el consumismo.

Para el observador atento, la mujer y el hombre actual, las personas indignadas, están pidiendo “algo más”, algo que no se reduce sólo a técnica, ni ciencia, ni economía, ni consumo. Demandan algo nuevo: un salto cualitativo de tipo antropológico, una nueva mujer y un nuevo hombre.

Este deseo de cambio -quizá el más difícil de percibir- se complementa con otros en las diversas esferas de la vida (política, económica, laboral, social…) que, con sus sombras y sus luces, reflejan ya esa nueva comprensión de la persona en esta era de la globalización.

Cabe señalar como esos cambios ya han empezado a producirse, especialmente con la reivindicación de la ciudadanía, que se está convirtiendo en un concepto político central, y de la participación, como dimensión fundamental de nuestro ser social, lo que está dando lugar a una nueva “ecología humana”, preñada de sueños de humanidad y de prácticas liberadoras. Cambios que, por otra parte, no son ajenos a los “pecados de la democracia” y que están impulsando un proceso imparable para “democratizar la democracia”.

Otro cambio exigido desde esa nueva concepción de la persona afecta al papel de la economía y el de los poderes económicos y financieros. Si se había pensado que desde el poder político democrático se podía superar, o al menos amortiguar, la lucha de clases propia del conflicto social, hemos visto como el “secuestro” del estado por parte de esos poderes económicos y financieros la ha recrudecido, con nefastas consecuencias para las clases populares, que sufren nuevos y violentos procesos de explotación, opresión y dominación, al tiempo que emergen fenómenos nuevos, como la presencia de personas, e incluso países, sobrantes desde esa nueva lógica dominadora.

Y todo esto, junto a otras cuestiones fundamentales para la vida social, está en juego en las próximas elecciones. Por eso, en la Escuela Diocesana de Formación Social de Zaragoza nos pareció importante reflexionar sobre el significado de voto en este nuevo contexto; sobre la necesidad de repensar la política, situando la ética en su corazón y, por eso mismo, hoy inauguramos la sección #2015electoral en Cristianisme i Justícia. También, señalar lo que a nuestro entender son cuestiones a tener en cuenta en las próximas elecciones a fin de dar respuestas positivas a esa emergencia de una mujer y un hombre nuevo que hagan posible esa otra sociedad necesaria.  Y también hemos querido hacerlo teniendo en cuenta las aportaciones del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, pues estamos convencidos de que es esta nueva reinvención de la persona y la democracia, en todas sus dimensiones (política, social, económica…) son una fuente inagotable de propuestas y alternativas humanizadoras.

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Imagen extraída de: Realidad y derechos humanos

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