La diversidad en Canadá, impresiones tras un viaje

La diversidad en Canadá, impresiones tras un viaje

Lucia Montobbio. [El Ciervo] “O somos capaces de construir en ese siglo una civilización común con la que todos puedan identificarse, con la soldadura de los mismos valores universales, con la guía de una fe firmísima en la aventura humana y la riqueza de todas nuestras diversidades culturales o naufragamos juntos en una barbarie común”. Amin Maloouf, escritor y periodista.

“En la vida existen unos cuantos sitios, o quizá uno sólo, donde ocurrió algo, y después están todos los demás sitios”. Alice Munro, escritora y Premio Nobel de Literatura canadiense.

La primera ciudad que visité fue Toronto. Y sí, una de las cosas que me impactó fue la altura de la CN Tower o los rascacielos, más aún sin haber visto los de Nueva York. Sin embargo, el respeto por la diversidad cultural fue lo que más me impresionó, antes que ninguna proeza arquitectónica.

Llegué del aeropuerto al centro en transporte público, en metrópolis como estas es mejor evitar el tráfico por la lentitud que supone la entrada a la ciudad. Observar a los compañeros de vagón me pareció un buen indicador para entender cuan diversa era la población. Al principio pensé que la mezcla de culturas que podía ver en el color de la piel, en el vestuario u oír en las lenguas habladas, se debía a la parada en la que me encontraba. “A medida que me acerque al centro, seguro que cambia”, aventuré. La mezcla persistió hasta el final del trayecto.

Tal y como afirman John Biles y Lara Winnemore (Investigadores en el Departamento Canadiense de Ciudadanía e Inmigración): “En la actualidad, el respeto por la diversidad está considerado la piedra angular del modelo de integración canadiense, y por ello, en el discurso de las políticas públicas se cita como un elemento central de una identidad canadiense común o compartida”.

He querido iniciar este apartado con una cita del escritor y periodista Amin Maloouf porqué a mi modo de entender, Canadá está siendo capaz de construir una civilización común, aunque por supuesto, como afirman Biles y Winnemore: “Existen capítulos pasados en su historia que demuestran que esto no ha sido siempre así, por ejemplo el periodo en el que se aplicaba una tasa a los inmigrantes chinos”. En la actualidad existen otras tensiones como la interrelación entre las dos comunidades lingüísticas existentes (habla inglesa y habla francesa) que pude distinguir mejor en Montreal.

Por supuesto, la diversidad también tiene sus riesgos. En otra ocasión Maloouf comenta: “Reconocer, en el seno de la colectividad nacional, la pertenencia a varias cosas –una lengua, una religión, una región, etc.– puede muchas veces mitigar las tensiones, y sanear las relaciones entre los diversos grupos de ciudadanos; pero es un proceso delicado que no se puede poner en marcha a la ligera, porque hace falta muy poco para que produzca el efecto contrario del que se persigue”. El primer ministro, Stephen Harper, es consciente de ello, por eso mismo después de la detención de un grupo de terroristas en Toronto el verano del 2006, se apresuró en afirmar: “Las detenciones han generado algunos comentarios sobre la sociedad abierta y culturalmente diversa de Canadá, se dice que eso nos convierte en un objetivo más vulnerable de actividad terrorista… Yo creo que lo que sucede es exactamente lo contrario, la diversidad de Canadá, adecuadamente fomentada, es nuestra gran fortaleza”.

El segundo día de estar en Toronto fue domingo, ya con el jet-lag más calmado imité lo que a menudo hacen los habitantes de esta ciudad en un día de descanso. Decidí ir a visitar las islas de Toronto, la espera en las largas colas que se formaron para comprar el pasaje mereció la pena. Me enteré de que antes estas islas no existían, fue gracias a un huracán que barrió un banco de arena de 9 km que se adentraba en el lago. Cuando llegué a las islas, escogí una de las playas de agua dulce, me bañé, dormí, y me despertó un grupo de boy-scouts. Treinta niños que se lanzaron a chapotear, y tenían diferentes rasgos físicos, hablaban inglés, italiano, francés, español, chino, y jugaban todos juntos.

Imágenes como esta me hicieron reflexionar. Pensé que a pesar de las dificultades, parece que el paradigma que se está cumpliendo en Canadá es el de la convivencia mínima compartida, el de una sociedad plural donde lo justo y lo bueno es común.

Cuando abandoné la ciudad otra escena similar se repitió. El hombre que me revisó la mochila en el control de seguridad del aeropuerto era sikh, se les reconoce porque llevan un turbante que cubre todo el pelo que llevan enroscado y largas barbas. Los sikhs no se cortan el pelo porque para ellos es un elemento sagrado. Pasé por el detector de metales y la mujer que me chequeó era musulmana, llevaba velo. Esta situación sería hoy poco probable en aeropuertos como el de Barcelona, y otras como las que menciona Rafael Crespo, africanista en el Centre d’Estudis Africans, cuando pregunta pensando en Cataluña: “Cómo puede ser que nuestros hijos no tengan un profesor de origen africano, o no tengamos un político de origen africano”.

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Imagen extraída de: Noticias Montreal

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