No podrán detener la primavera (II): Verano económico #2014aExamen

No podrán detener la primavera (II): Verano económico #2014aExamen

entreParéntesis/Cristianisme i JustíciaTras más de un lustro de una crisis económica muy intensa y extensa, tan prolongada que ha pasado a ser estructural, podemos decir que seguimos «achicharrados, quemados o requemados». Algunos indicadores macroeconómicos parecen señalar un cierto repunte de recuperación, pero aún son tenues y frágiles y, sobre todo, todavía no afectan a aquellas personas que más sufren el empobrecimiento o la exclusión social.

Además, esta crisis prolongada ha venido de la mano de una política centrada en la austeridad y los recortes sociales, que ha generado una intensa y creciente desigualdad que amenaza seriamente la cohesión social. Diversos informes publicados en el otoño de 2014, y muy especialmente el VII Informe Foessa sobre Pobreza y Desarrollo Social, promovido por Cáritas Española, subrayan esta tendencia. Mientras que en el ciclo largo de las últimas décadas se puede constatar una cierta mejora relativa de la situación de las clases populares, es evidente que esta crisis no ha sido neutral, sino que ha golpeado muy especialmente a las rentas más bajas y a los sectores más amenazados por la exclusión.

Más tarde o más temprano, cambiará el ciclo. Sin embargo, no es esa la cuestión clave. Lo nuclear es qué modelo productivo queremos promover en el medio plazo y por qué modelo de sociedad queremos apostar; dicho de otro modo, con qué criterios y valores pretendemos superar la crisis. El crecimiento, sin más, resulta ambiguo. Uno de los datos más alarmantes de nuestra realidad española es que los años de crecimiento del periodo anterior a la crisis fueron incapaces de reducir las tasas de pobreza y exclusión social. Volveremos a crecer, quizá, pero las personas empobrecidas seguirán estancadas… a no ser que cambiemos el modelo de desarrollo social, orientándonos a un desarrollo integral y solidario.

El año 2014 ha quedado marcado también por la explosión de muy diversos casos de corrupción. Estamos hablando, según datos del Consejo General del Poder Judicial, de unos 1700 casos y unas 500 personas imputadas. No es que antes no se dieran comportamientos corruptos ni que estas situaciones hayan empezado ahora. Lo que hace especialmente sangrante la situación es que se han producido y descubierto en un periodo en el que la población está viendo recortados sus derechos y prestaciones, lo cual agudiza la indignación y la sospecha. Todavía hay un elemento adicional en la corrupción que sufrimos: la convicción de que no se trata de casos aislados aunque llamativos, sino de auténticos entramados  institucionales que afectan a los partidos políticos (casos Gürtel o EREs falsos), al sistema financiero que al mismo tiempo ha estado ejecutando desahucios (caso de las tarjetas opacas de Bankia, tras el escándalo de las preferentes), al sistema de formación profesional (que afecta a patronal, sindicatos y otros agentes sociales) y al mismo sistema institucional de los municipios (caso Malaya, operación Púnica).

En medio de esta tórrida situación, los ciudadanos se sienten quemados y desearían sentir alguna sombra o brizna de aire fresco que alivien un poco la situación. También las hay. Sin duda, son las familias y el tejido ciudadano de la sociedad civil quienes están actuando de colchón protector ante la crisis. Aumenta el voluntariado y las pequeñas donaciones a ONGs y otras entidades sociales, frente a la brusca caída de la financiación pública. Hay, además, alternativas económicas que se expresan en la economía social, en el auge del cooperativismo y en nuevas formas de solidaridad. Nuevos estilos de vida más sobrios cuestionan también, desde las prácticas cotidianas, que el crecimiento económico sea la solución a todo.

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Imagen extraída de: AARP

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