#25N: No estamos todas

#25N: No estamos todas

Cristianisme i Justícia/Sonia HerreraMaría José Sánchez y María José Moreno de Ciudad de Mujeres escribieron: “Cuando haya manifestaciones de indignad@s contra la violencia machista, vislumbraremos el final de la misma”.

Todavía no logramos atisbar si quiera el final de ese oscuro túnel, de esa violencia naturalizada que no hace que se nos atragante el desayuno, de este terrorismo silencioso con víctimas de segunda -al parecer- que no cesa y no da tregua…

Y es que considerando sólo a las mujeres que han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas y sólo para tener un dato comparativo, cabe recordar, que en los 51 años de historia de ETA, la banda asesinó a 857 personas. Solamente en el Estado español desde 1999, 997 mujeres han sido asesinadas por los que eran o habían sido sus compañeros. ¡997 en 15 años! Y, realmente, son muchas más…

Si aplicáramos el concepto de feminicidio, mucho más integral ya que incluye los asesinatos de mujeres por razón de género, dejando al margen si existía o no una relación íntima con el agresor, en lo que va de 2014 diríamos que nos faltan 89. Las cifras oficiales solo reconocen 45. Así que en las estadísticas tampoco están todas. ¿Cuántas víctimas de violencia machista no son reconocidas? ¿A cuántas se les niega la reparación y la justicia?

El feminicidio no es algo que sucede en otros países. Es un fenómeno global, igual que lo es la cultura patriarcal. Pero por más que las cifras[1] nos abofetean constantemente, seguimos sin reaccionar. Seguimos sin abarrotar las calles y las plazas con cada nueva víctima, seguimos sin desgañitarnos gritando “¡basta ya!”.

¿Acaso las mujeres no somos el prójimo? ¿Podemos llamarnos de verdad cristianos/as si seguimos mirando hacia otro lado ante esta barbarie cotidiana? Jesús se rodeó siempre de mujeres (cf. Mc 15,40-41; Lc 8,1-3) liberándolas de todos los tabúes y prejuicios que las oprimían, incluso de la muerte (cf. Jn 8). Y mujeres fueron también las que le acompañaron en sus últimos momentos.

Siendo así, podemos suponer que quizás hoy Jesús sería uno de esos hombres que cuestionan la masculinidad hegemónica que sustenta la violencia contra las mujeres y su discriminación en tantos ámbitos. Si no permaneció callado ante injusticias de otra índole y ante el ejercicio abusivo del poder, es de recibo pensar que tampoco lo haría ante el feminicidio y la dominación masculina histórica que tan bien describiera Pierre Bordieu.

Es cierto, como decía Santa Teresa de Jesús, que “el mundo nos tiene acorraladas”, pero mientras nos quede voz, la seguiremos alzando -junto a tantos hombres, compañeros de camino- contra esta lacra que emponzoña nuestras vidas, que recorta nuestras libertades, que nos niega y elimina.

No hay violencia menor ni insignificante ya que todas forman parte de la misma perversa cadena. El uso sexista del lenguaje, las bromas y chistes de contenido sexual referidos a las mujeres, los celos, el control sobre la pareja, la falta de responsabilidad sobre las tareas de cuidado o el trabajo doméstico, los silencios como forma de manipulación, la intimidación, la desautorización y el demérito, el chantaje emocional, el control económico, el paternalismo… Todo ello también es violencia de género.

Queda mucho por hacer y somos conscientes de que un día en el calendario no basta para erradicar la violencia machista y de que debemos enfrentarnos a ella día a día, con los ojos abiertos, con esos ojos que, como dice Metz, nos hacen “volver a sufrir por el dolor de los demás” y “suscitan en nosotros hambre y sed de justicia” para todos y, en este caso, para todas.

Por una vida libre de violencia, hoy y siempre: ¡NI UNA MÁS!

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[1] Un 35% de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual durante una relación de pareja o violencia sexual fuera de su relación de pareja. Estudios por países señalan que el porcentaje puede llegar a ser de un 70% en algunas zonas… Eso da un total de unos 920 millones de mujeres en todo el mundo.
Según Femicide: a global problem, alrededor de 66.000 mujeres fueron víctimas cada año de feminicidios en el mundo entre el 2004 y el 2009.

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Obra de Gloria Morán Mayo