Infancia: ¿un futuro hipotecado?

Infancia: ¿un futuro hipotecado?

Eulàlia Pagés y Xavier LozaEn 2012 el Síndic de Greuges ya alertaba sobre la situación de pobreza en la que se encuentran inmersos uno de cada cinco niños en Cataluña. Desde el inicio de la crisis económica en 2008, cada vez un mayor número de menores se han visto afectados por un cúmulo de circunstancias que los han conducido a una situación de enorme vulnerabilidad y que han cuestionado la igualdad en su acceso a derechos y oportunidades.

Más allá de las implicaciones que esta situación de pobreza pueda tener ahora y aquí, hay que pensar también en las consecuencias a más largo plazo. La desigualdad en el ejercicio de derechos básicos como la vivienda, la salud o la educación repercutirá en el desarrollo de los niños y niñas y les dificultará poder salir de la pobreza, convirtiendo ésta en un fenómeno hereditario, en un círculo vicioso muy difícil de romper. Nos preocupa la vulnerabilidad a la que se ven abocadas las familias, porque esto acentúa la situación de fragilidad de los niños. Nos preocupa que el discurso de la «lenta recuperación económica» que se hace a nivel de gobierno acabe por ocultar la realidad cotidiana de estos niños, que han visto –y si siguen viendo– cómo una buena parte de sus derechos siguen amenazados.

A pesar de que la situación que aquí describiremos se basa en nuestra observación y experiencia de la realidad catalana, y más concretamente del área metropolitana de Barcelona, creemos que se puede extrapolar al día a día de muchos niños de todo el Estado español.

La realidad en las escuelas

La situación actual de la escuela pública, sin olvidar tampoco la de algunas escuelas concertadas ubicadas en barrios en los que la crisis ha golpeado fuerte, dificulta que pueda resultar un espacio de promoción y de igualdad de oportunidades. Por un lado, los recortes han tenido un fuerte impacto en el día a día de los maestros. El tiempo que pueden dedicar a atender a las familias o a otros agentes implicados en la vida del menor se ha visto reducido de forma sustancial, hecho que ha acabado resultando un obstáculo en la colaboración entre la escuela y el resto de ámbitos de relación de los niños.

Por otro lado, nos encontramos ante escuelas e institutos en los que los alumnos con alguna dificultad para el aprendizaje (ya sea debido al desconocimiento de la lengua, a un desfase a nivel académico o a alguna deficiencia de tipo intelectual) no pueden ser atendidos en condiciones óptimas. Esto da lugar a aulas llenas, con un aumento de las problemáticas, todo ello combinado con unos profesionales internos (como por ejemplo maestros de educación especial o del aula de acogida) o externos (equipos de asesoramiento pedagógico, psicológico… ) que no dan abasto a la hora de evaluar y hacer el seguimiento de todos los niños, niñas y jóvenes con necesidades especiales.

Otra gran desventaja, y que afecta sobre todo a los alumnos de la escuela pública, es el cómputo global de horas lectivas. Los niños de primaria tienen cinco horas de escuela con una pausa al mediodía de dos horas y media. Aparte del evidente impacto a nivel académico, este tiempo al mediodía supone, para las familias que trabajan, una dificultad a la hora de la conciliación laboral, en especial si no pueden dejar a los niños en el comedor. En el otro extremo, y en el caso de familias desestructuradas, se facilita un elevado absentismo escolar por la tarde.

Entre los padres y las madres que llevan sus hijos a nuestros centros hay un número muy elevado de personas desocupadas (que sigue aumentando), al igual que también es elevado el número de personas que trabajan en la economía sumergida y en unas condiciones de mucha precariedad. A todo esto hay que sumarle la finalización de los períodos de cobro de la prestación de desempleo y las dificultades para llegar a percibir otras prestaciones, como por ejemplo la PIRMI.

Es obvio que esta situación económica tiene efectos a nivel de escuela, ya que las familias se ven con menos posibilidades para inscribir a sus hijos e hijas en actividades extraescolares (salidas, excursiones, visitas) o bien con dificultades a la hora de pagar las cuotas de material (pensemos que en algunos casos se incluyen los gastos de adquirir un ordenador portátil). Esta situación vulnera el artículo 31 de la Declaración de los derechos de los niños, adoptada por la Asamblea de las Naciones Unidas en 1959, en la que se recoge que el tiempo libre, el juego y la actividad cultural y artística es una parte muy importante para el desarrollo de los niños y de los jóvenes.

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Imagen extraída de: El Mundo

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