Vocación de vida

Vocación de vida

Nubar Hamparzoumian. Cuando en los ejercicios espirituales San Ignacio escribe tras la elección de vida la formulación de “elijo y es mi determinación deliberada…” pone en el centro de la opción de vida el yo, a la persona delante de Dios que invita a seguirle para ir con Jesús y ser como él.

Para los que no sepan de qué quiero escribir, os voy a compartir cuál fue el proceso de mi elección para seguir a Jesús en pleno siglo XXI desde la Iglesia actual y desde la Compañía de Jesús.

Como joven, más que posmoderno, en el entorno tecnológico en el que sigo a Jesús estoy rodeado de mil ventanas que se abren con mil ofertas interesantes. Spots de rebajas, anuncios de “todo a mitad de precio”, banners de “sólo a un clic de lo que deseas” hacen que cualquier opción a largo plazo sea algo de ciencia ficción. Pero incluso dentro de esta realidad, Jesús sigue invitando a seguirle.

Jesús a cada uno nos llama a algo concreto como opción de vida. La cuestión está en si de corazón nos sale decir delante de Dios: “yo también lo quiero y lo elijo como lo mejor que me puede pasar en la vida”.

Para mí, en un primer momento, fue un poco como un gol por la escuadra, porque estaba terminando la carrera, planteando un negocio que llevaba pensando varios años y tenía todo lo que yo quería… pero en ese querer las cosas a mi manera, también estaba el decidir cómo Dios entraba en mi vida y cuándo. (Risas) Y ahora recuerdo como algo divertido el tiempo en el que –supongo que porque todo iba como la seda– caí en la insensatez de preguntarle a Jesús: “¿Qué quieres de mí?”.

 

Parecía que Jesús me pedía que dejase todo para elegir abrir una puerta que me lanzaba a un vacío, que me hacía negar todo lo que había “conseguido” por Él… Fue un momento complejo, pero sobre todo porque estaba lleno de miedos y no era (tan) así. Lo que me pedía no era dejarlo todo, sino centrar todo en Él, cambiar la dinámica de abrir todas las ventanas del ordenador y vivir distraído e ir cerrando ofertas para poder ver el fondo de pantalla, poder ver cuál es el foco en mi vida, mirar cara a cara a quien sin engaños ni letra pequeña me hace vivir ubicado.

Ahora que voy entrando en la Compañía de Jesús voy teniendo claro que si un día dije aquello de “es mi determinación deliberada” fue por gracia del Espíritu que me animó y empujó a lo más grande que jamás pueda vivir. Tengo claro que este es mi lugar en el mundo, y no porque yo me lo haya buscado, sino que ha sido Él quien un día llamó a la puerta y, después de hacerle esperar, estamos juntos a la mesa celebrando el banquete de la vida y del Reino. Como dice otro compañero jesuita: “Mil veces naciese, mil veces jesuita”.