María, mujer de a pie

María, mujer de a pie

Tere IribarrenNo estamos acostumbrados a acercarnos tanto a María como lo hace Angelo Rindone en esta ilustración. La tenemos siempre en los altares, elevada por nuestros deseos de anunciar que es Inmaculada, Purísima y otros atributos que la hacen extraterrestre y no encajan con la mujer que fue madre, servidora, trabajadora, sufriente, emigrante, desplazada, buena vecina…

María compañera nuestra, de tantas mujeres trabajadoras, supervivientes, camareras, cajeras, teleoperadoras, precarias que tienen un máster doble y triples obligaciones, que sus hijos son el fruto de la juventud y la herencia de su madurez.

María, que como muchas mujeres ha vivido la dureza de la vida, entona un canto valiente a favor de los hambrientos, de los oprimidos, de los humildes. Y en contra -como si fuese a una manifestación con una pancarta- de los poderosos, de los que desahucian, de los que roban, de los que niegan la igualdad en el trabajo a sus compañeras.

Junto a esta mujer fuerte y frágil a la vez, atenta y comprometida, sorprendida por un don que la desborda, podríamos preguntarnos si vamos aprendiendo a vivir a la escucha de tantos gestos de amor, de ternura, de solidaridad, de aquella mujer de a pie que tan bien describiera Pere Casaldàliga en uno de sus poemas:

 Mujer de cada día

Mientras crece la noche, cada día
prende el Amor su llama
en tu candil de aceite desvelado,
siempre igual y creciente.
El pan de tus moliendas se cuece, cada día,
bajo el fuego tranquilo de tus ojos,
mientras crece también la madrugada.
La fuente de la plaza te entrega, cada día, su limosna
mientras le crece el corazón al mundo.

Como el ave del Tiempo vas y vienes,
de la casa a la calle, del Misterio al misterio,
muchas veces al día,
y llevas con tus pasos el compás de las horas…
Tú sabes qué es vivir a pulso lento,
sin novedad para la prensa humana.
Apenas sin distancia: la de un grito.
En esta pobre aldea que vigilan
las higueras comadres
y el centinela de un ciprés oscuro.
-¿De Nazaret va a salir algo bueno?
José viene cansado, cada noche.
Y el Niño trae el hambre entre los dedos
por undécima vez.
-¿Qué quieres, hijo?
(Las almendras se miran, asustadas de gozo,
y el plato ríe miel por todas partes).

Tú ya has dejado el huso sobre el banco dormido
y la lana suspira blancamente.
Esta mañana has ido por retama,
y te sangran las manos, en silencio,
y te huelen las manos a lejía de yerbas.
Has ordeñado luego las dos cabras sumisas,
y sabes toda a leche.
Ayer vino el siroco, y te abrasó las flores.
Hoy irrumpe el simún
como una tropa de soldados romanos,
y hay que cerrarlo todo y, con la prisa, a oscuras,
se te pierde una dracma, rescatada
del tributo de Herodes.

Si las vecinas rompen tu retiro, como gallinas locas,
tú sonríes.
Un día nace un niño, y tú lo acunas.
Y un día muere un hombre, y tú lo velas.
En la olla inservible crece un lirio morado,
y tú riegas su lenta profecía.
Nazaret se despuebla, cuando llega la Pascua,
y tú marchas con todos,
peregrina del Templo,
con Yahvé de la mano,
con un salmo en la boca.
La ruta de Israel converge en tus sandalias.
Y los caminos múltiples del mundo
arrancan de tus pies caravaneros.

Tu corazón no para, día y noche.
Día y noche recogen sus limpios cangilones
el agua de la Vida.
Y el Verbo se hace Hombre, día y noche,
delante de tus ojos,
al filo de tus manos,
detrás de tu silencio…

maternita

Imagen extraída de: Inventati

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