Educar personas y no servir a los mercados

Educar personas y no servir a los mercados

Jesús Renau¿Son los todopoderosos mercados los que deben condicionar la educación de los niños y de los jóvenes? Muchas veces se da esa impresión. Y es un grave error. La educación tiene como objetivo la formación de la persona no de cara a los mercados y a la economía, sino en beneficio de la misma persona y de la sociedad; de toda la sociedad y no sólo de unas élites “excelentes”. La persona, él, ella, es el objetivo: su realización, el desarrollo de su personalidad, las capacidades que le ayuden a una vida plena y digna, abierta a los demás y a la sociedad, abierta a los más desfavorecidos y descartados.

Resulta indignante que cuando se habla de educación muchas veces se habla de formar buenos trabajadores, excelentes técnicos, hombres y mujeres que sean capaces de realizar un buen trabajo. ¿No hay nada más? Como si el centro de la vida humana fuera producir, ganar dinero, hacer funcionar los mercados e ir cada día a una mayor ganancia. Ciertamente es importante esta dimensión laboral y economicista de la persona, de la sociedad, ¡faltaría más! Pero no podemos desvirtuar el arte de educar. Nuestra sociedad sufre de un reduccionismo mercantilista que produce náusea espiritual.

Muchos educadores se quejan de que van saturados por la gran cantidad de informaciones, objetivos y programas que deben responder, controles, estadísticas en múltiples redes… Han de dedicarles buena parte de su tiempo; lo sacan de la relación con los alumnos y las familias, de la conversación con los compañeros y de la formación permanente… Tienen la impresión de que están trabajando en una gran empresa, pública o privada, que funciona como tal. El modelo empresarial y del mercado ha ido entrando en el mundo educativo y lo está invadiendo, como ocurre también en el mundo sanitario.

No se trata de poner cataplasmas o barnices, sino de preguntarse cuál es el fin esencial de la educación: ¿crear sujetos aptos para los mercados, o personas capaces de ser libres y humanas? Se puede razonar que las dos cosas pueden coincidir. Quizás; pero, ¿cuál es la dimensión fundamental de todo sistema educativo? Ayudar a sacar de dentro (educere), a crecer como personas responsables, abiertas, solidarias, sensibles, imaginativas, capaces y conscientes. Esta es la prioridad y de ella se derivan importantes consecuencias.

Más arte, más música, más literatura, más filosofía, más debate, sensibilidad, conocimiento de la realidad ambiental y global, más sentido de la justicia. Aprender a escuchar, a estar en silencio, a valorar a los demás, a encontrarse a sí mismo, a relacionarse, a amar. Profundo respeto por las religiones, por las culturas, por los que son diferentes… Simpatía y aprendizaje para todo lo humano, la ciencia, la investigación, el deporte, las lenguas, la economía…

Cuando unos padres jóvenes contemplan a sus hijos pequeños, ¿no es quizás todo esto lo que más desean para ellos?

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Imagen extraída de: Educación Global para una Nueva Humanidad

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