Entrevista a Joan Botam

Entrevista a Joan Botam

Lucia Montobbio. [DialogalLos jueves por la tarde me los reservo para cubrir actos, o hacer entrevistas a personas interesantes. Es mi espacio para recordar que sigo siendo periodista. Esta vez me encuentro ante los Capuchinos de Sarrià. El lugar me es familiar, aquí se ha casado más de un amigo.

Entro y me hacen esperar en una sala, cerca del claustro. Pregunto por Joan Botam, antes llamado fray Salvador de Borges. Mientras él baja los escalones uno a uno, pienso que a mí también me gustaría tener dos nombres, es genial.

Todavía no he decidido mi seudónimo cuando Joan Botam abre la puerta. Le saludo diciendo “Bueno, ¡por fin le conozco!”. Según él ya nos conocíamos. A mí no me suena haberlo visto. Aún así en la redacción de El Ciervo, lo he oído mencionar más de una vez: “Joan Botam, amigo de los Gomis”. Alguna vez fue a los consejos de redacción de la revista fundada por esta familia. Él también se comprometió con una publicación, más breve, pero igual de innovadora y perseguida por el régimen franquista. Era una hoja ciclostilada llamada Orientación e información ecuménica.

Empezamos la entrevista, y al cabo de dos minutos me dice que ese no es el lugar adecuado para continuar charlando. Que estaremos mejor en su despacho. Hacemos una parada mucho antes de lo que imaginaba. Aprovecha para enseñarme el claustro y el huerto. Sé que este lugar tiene historia detrás. Fue incendiado y saqueado y ha sido refugio para intelectuales perseguidos por el régimen franquista, así como para el Sindicato Democrático de estudiantes de la Universidad de Barcelona.

Su despacho está poblado de libros bien ordenados. Entra el sol a través de las persianas. Es suficiente. Las ventanas quedan abiertas porque hace un día de verano aunque estemos en mayo. Mientras hablamos, Joan Botam va regulando la luz que quiere que entre, subiendo y bajando persianas; lo mismo ocurre con el aire, abriendo y cerrando ventanas. Parece un capitán al timón de su barco. Con este ambiente empezamos una entrevista que durará una hora y media.

Inicios del ecumenismo

En el año 54, Joan Botam aún no había llegado a Pax Christi. Allí hará de consiliario dos años más tarde. Aún así me cuenta que, según él, el inicio del ecumenismo en Cataluña se sitúa en este movimiento laico, católico y pacifista.

Pax Christi contaba con una herramienta muy efectiva: las rutas locales e internacionales. Estas consistían en caminar por diferentes estados. Grupos de jóvenes universitarios de diferentes países iban de jornadas de reflexión, oración, reconciliación europea, caminando y hospedados por pueblos y familias, cantando el Ave María en francés con mochilas a la espalda.

“Nos preocupábamos por el entendimiento y la reconciliación. Mucho antes de la transición política, nosotros ya habíamos resuelto las tensiones idiomáticas, políticas y religiosas. Piensa que en esa época el que no era católico era un ciudadano de segunda categoría y era perseguido. Los judíos de la calle Avenir más de una vez fueron agredidos. Los protestantes, en Can Caralleu, escondían, por temor a ser apedreados.

Pax Christi tocaba directamente el hecho de la diversidad cristiana, dada la naturaleza de nuestro grupo. Representábamos un cristianismo abierto y europeo. En las rutas participaban sobre todo protestantes y católicos. Aquí es donde me empecé a sentir llamado, comprometido con el movimiento ecuménico”.

De Europa a Cataluña, de Cataluña en España

“En Europa ya había movimientos pacifistas que trataban la interreligiosidad. Se había avanzado mucho en la cuestión de diálogo ecuménico en Alemania, Gran Bretaña, Francia, Suiza.

España en cambio era un enclave nacionalista y católico. En Barcelona, Pax Chisti facilitó el contacto entre protestantes y católicos. Se comenzó un acercamiento interconfesional: católicos, protestantes, bautistas, evangélicos, episcopalianos. El 56, cuando yo llegué y acompañé a estos jóvenes como consiliario, los contactos entre cristianos ya funcionaban.

La raíz del movimiento ecuménico es la reconciliación y la paz; en nuestra casa no se inició por motivos específicamente teológicos o confesionales. La máxima herejía cristiana es la guerra, es el odio, es la destrucción del otro. Por lo tanto es lógico que estos jóvenes que trabajaban por la paz, por la reconciliación con el otro, comenzaran a trabajar en este aspecto.

Entonces ya existía el CICF (Centro de Influencia Católica Femenina) donde empezamos a reunirnos para informarnos sobre qué era eso del ecumenismo, porque nadie sabía nada. A base de una minibibliografía nos fuimos enterando de quiénes eran los protestantes, presentados por ellos mismos, quienes eran los anglicanos presentados por ellos mismos, que había a nivel internacional institucionalizado que trabajara en la dirección de un diálogo de colaboración, de proyección cristiana reconciliada.

Poco a poco fuimos formando el primer grupo interconfesional del estado Español. Esto para los protestantes fue el cielo abierto, tras verse perseguidos, maltratados, escarnecidos por los siglos de inquisición. Durante una temporada muy larga hicimos el esfuerzo de conocernos mutuamente, íbamos a orar con los protestantes de la calle Tallers, de la calle Aragón. Fue divertido y gratificante, un conocimiento directo y mutuo. A partir de ahí hicimos un poco de misioneros. Primero fuimos a Valladolid, después a Salamanca, de aquí a Madrid con la misma misión apostólica: presentar el ecumenismo. De modo que el movimiento se iba desplegando”.

Orientación e información ecuménica

“En el 59 llega el anuncio del concilio. El papa Roncalli venía un poco tocado por este tema: el diálogo interconfesional. Todavía no teníamos ni personalidad jurídica ni sede, ni nada. Se nos ocurrió publicar una hoja para ir informando a la gente que se iba uniendo a nosotros. La hoja se llamaba Orientación e información ecuménica. Firmaba yo. Si alguien quería contactarnos tenía que escribir a Salvador de las Borges (mi nombre de fraile entonces). Publicamos dos números.

Al tiempo de la convocatoria del concilio todo el mundo tenía la palabra ecumenismo en la boca. Se convocó en Madrid un ciclo de conferencias. De entre el público, de repente, una voz dijo: ‘¿Cómo es que la única expresión de auténtico ecumenismo en España, que es esta hoja que se llama Orientación e información ecuménica, se publica sin censura eclesiástica?’. Esto fue suficiente para que hubiera una denuncia. Me llamaron al obispado porque era el único que aparecía en la publicación con nombre y apellidos, y me dijeron que tenía que pedir la censura. Le dije al señor obispo que la hoja saldría igualmente, con o sin censura, porque no entraba en las publicaciones que la necesitaran. El obispo quedó sorprendido. Yo había estudiado un poco la cuestión jurídica. Una publicación privada y que se distribuía a mano no necesitaba pasar por la censura. Entonces se quedó callado, abrió un cajón, sacó un escrito, y dijo: ‘Oiga, ¿sabe qué? Seamos claros: la revista se suprime y punto ‘.

Esto nos dio mucho nombre y fama. Enseguida la revista Herder Korrespondenz publicó un número monográfico sobre la situación de los cristianos en España. Se bombardeó un punto del régimen: ‘La base y fundamento del estado es la religión católica’. Yo estaba fichado, denunciado, amenazado”.

La fundación del Centro Ecuménico de Cataluña

“El año 84 un grupo interconfesional de ortodoxos, católicos, protestantes… constituimos el Centro Ecuménico de Cataluña. A partir de ahí, conseguimos unos estatutos mínimos: asamblea anual, reuniones mensuales… En base a 500-700 inscritos iniciamos nuestra singladura. La cuota era voluntaria, de 5 y 15 euros anuales. Estas cuotas nos permitieron comenzar con una programación y apostar así por un trabajo serio.

Básicamente hacemos 4 acciones: la promoción de la semana de oración del mes de enero y de todo el año: rogamos por la unidad y la diversidad siguiendo la línea iniciada por el abad Couturier y, ahora asumida por el Consejo Mundial de las Iglesias y por el Vaticano. También publicamos los materiales de esta oración. Creo que el único acto racional que hace el hombre es la oración. Porque lo pone en tensión positiva con el absoluto de Dios. Ama el hombre y la creación. Profundiza la vida, su fe, a partir de la raíz de su identidad cósmica.

Reencuentros ecuménicos: cuando terminaba la semana de oración, de enero, vimos la necesidad de encontrarnos para evaluar el proceso. Esto ha llevado a que nos formemos como cuadros, como gente sensibilizada, formada, motivada. Nos hemos ido haciendo presentes en todas las comunidades cristianas. La oración está hoy en todas las comunidades cristianas.

Rompemos con el centralismo barcelonés: la junta (14 personas), para evitar que toda su acción se centre en Barcelona, se traslada una vez cada año a una ciudad de comarcas. A partir de aquí hemos peregrinado a todas las ciudades importantes de Cataluña: Reus, Tortosa, Lleida, Berga, Figueres, Manresa, Vic, etc. Estos encuentros son efectivos, muy gratificantes; tocamos la realidad y juntos nos esforzamos por mejorarla, unos y otros reconciliados”.

¿Qué representa actualmente el Centro Ecuménico?

“Lo que tiene de importante el Centro Ecuménico de Cataluña es el núcleo, la junta directiva. 10 o 15 personas de confesión cristiana diferente. Hay un bautista, dos evangélicos, un ortodoxo y católicos. Nos reunimos cada mes, llevamos todo lo que captan nuestras antenas. Contribuimos a mantener viva la llama de un cristianismo ecuménico, una conciencia abierta y responsable que se esfuerza por responder a la oración de Cristo, que todos los suyos seamos uno para que el mundo crea (Jn 17,21)”.

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Imagen extraída de: TV3.cat

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