Construyendo memoria histórica: refugios antiaéreos en Barcelona

Construyendo memoria histórica: refugios antiaéreos en Barcelona

Lucia Montobbio. Paso a menudo por la Plaça del Diamant, pero nunca me había preguntado qué eran aquellas dos entradas que se adentraban bajo tierra. Creía que se trataba de un parking. Hasta que la atravesé un sábado a las once de la mañana.

Un chico colgó paneles bien grandes, con fotografías de la Guerra Civil. Me detuve para leerlos y descubrí que aquellas escaleras subterráneas dirigían hacia un refugio antiaéreo. Me añadí a la visita.

En 1938 varias ciudades catalanas fueron bombardeadas por la aviación alemana e italiana. Barcelona fue una de las primeras ciudades europeas que sufrió ataques sistemáticos contra objetivos civiles. En occidente, fue una de las primeras veces que la guerra rebasaba el campo de batalla militar, e iba a atacar el ciudadano desprovisto.

Ante esto se empezó a inventar una defensa. El metro, por ejemplo la misma parada de Fontana, sirvió como refugio contra la metralla extranjera; también la planta baja o los subterráneos de las casas o inmuebles particulares, que asumirían esta nueva función.

Bombas llenas de metralla, bombas incendiarias, bombas de aluminio… alemanes e italianos probaron sus nuevas armas estrellándolas contra Barcelona. Los callejones fueron el campo de pruebas para sus inventos.

Esto también condujo a la construcción de una gran cantidad de refugios -se calcula que unos 3.300- escondidos bajo la ciudad. Juntas vecinales, sindicatos y organizaciones políticas se encargaron de cavar túneles y galerías para proteger a los ciudadanos.

El refugio de la Plaça del Diamant fue una iniciativa de los vecinos de Gracia (1937-1938). El entramado de túneles suma doscientos cincuenta metros. Las paredes, hechas de ladrillos, se extienden por el subsuelo de la plaza y de la calle de las Guilleries. Todavía se conserva el pequeño espacio destinado a hacer curas y servicios: uno para los hombres; el otro, para las mujeres. Se calcula que podía refugiar a unas doscientas personas a doce metros bajo tierra.

Antes de entrar todo el mundo debía tener claras algunas de las normas. Por ejemplo, la preferencia de las mujeres y los niños, el espacio que cada uno podía ocupar en el momento de sentarse (los bancos de ladrillo tienen marcado el cuadrado máximo que podía ocupar una persona, unos 40 cm), o la prohibición de hablar de política una vez dentro.

Hay muchos otros refugios que se pueden visitar: el refugio 307, el de la Plaça de la Revolució, el del Palau de les Heures, el de la Plaça Tetuan, el de las Casas Baratas de Horta, el de la calle Sardenya, o los búnkeres de la avenida del Tibidabo. Incluso el particular de la calle Fusina 6, que hoy en día es un bar de copas.

Las visitas, que deben llevar guía, se hacen por grupos, a las 11:00 y a las 12:30 horas los sábados por la mañana. El precio por persona es de 3 euros. Para visitas escolares, los alumnos deben pagar 6 euros cada uno y esto incluye también una charla previa. Puede contactar con los organizadores en el 93.211.49.73. El recorrido dura una hora aproximadamente.

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Os recomendamos este libro tan conocido de Mercè Rododera. Es un testimonio de los ataques durante la Guerra Civil de los que se ha hablado en el artículo. La vida de Natalia, la protagonista y narradora de La plaza del Diamante (La plaça del Diamant), cambia cuando conoce a Quimet: su nombre cambiará y pasará a llamarse Colometa, y su pequeña vida personal, llena de dolores de cabeza, se mezclará con los grandes eventos colectivos que sacuden la sociedad catalana: la República, la guerra, la posguerra.

También podéis ver la serie de televisión sobre la novela en la web de RTVE.

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Imagen extraída de: Universitat de Barcelona

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