Fernando López: "Necesitamos simplificar la vida para ser felices"

Fernando López: “Necesitamos simplificar la vida para ser felices”

Voces. Lara Bonilla [Diari ARA] Lo que pasa a miles de kilómetros de nuestra casa tiene que ver con nuestro estilo de vida. Nos lo recuerda el misionero jesuita canario Fernando López, integrante de un equipo itinerante que recorre el Amazonas acompañando a los pueblos indígenas en la defensa de sus derechos. 

Habla con pasión de América Latina, donde llegó hace treinta años siguiendo su compromiso social. Desde hace más de dieciséis años defiende desde la selva amazónica los derechos de las comunidades indígenas.

En su primera misión, en Paraguay, llegó como laico tras estudiar físicas en Sevilla, donde tenía a su novia.

Los cinco años de noviazgo fueron fundamentales y mi vocación misionera se construyó con ella. Nos planteábamos ir de voluntarios a África una vez casados, pero cuando nos preguntábamos por cuánto tiempo yo sentía que era un proyecto de vida. Y habría sido una irresponsabilidad que yo asumiera mujer e hijos con esta opción de vida. Ella me ayudó a entender lo que significa amar y, con dolor, lo que significa la renuncia.

Ya como jesuita, en 1998 se incorpora a la misión del Amazonas, donde comienza un proceso de adaptación.

El primer desafío fue la desaceleración interna. El estresarse por desaceleración. Me tuve que deconstruir para entrar en las dinámicas indígenas, que van a otro ritmo. Ellos dedican tres o cuatro horas a actividades productivas y luego se dedican a jugar con los niños, a hacer artesanía, a bailar… A vivir, ¡que no es poco! Y aquí toda la vida exprimidos de sol a sol y, al final, no nos llevamos nada al otro mundo. Hemos de cuestionarnos algunas cosas que nos presentan como el paradigma de la felicidad.

¿La crisis puede ser la excusa para hacerlo?

Bendita crisis, porque con todas las cosas buenas que Occidente ha aportado, en alguna nos hemos equivocado. Hemos tocado fondo, y no sólo económicamente, sino también con el proyecto de vida y de planeta, que hemos puesto en peligro. Si aquí no cambiamos la lógica de consumo, el Amazonas y sus pueblos seguirán siendo depredados. Una selva sin la otra no tienen solución. Nos hemos de ayudar. La deforestación, los problemas petrolíferos y económicos del Amazonas, los indígenas asesinados… son también nuestro problema. Cada vez que un pueblo indígena desaparece, la humanidad se empobrece.

Formamos parte de un todo.

Debemos tomar conciencia de que las empresas que hay allí están para sustentar el modelo de vida de aquí, y que los indios están haciendo la guerra allí para preservar el planeta. Porque si el Amazonas se deforesta, el equilibrio sistémico del planeta está en peligro. Formamos parte de un todo pero cada uno vive en su burbuja, como si fuéramos seres independientes del agua que bebemos o del aire que respiramos. Hemos perdido la conexión y la vida sólo es posible si cuidamos la casa grande, y eso los indígenas lo tienen muy presente.

Aquí la ecología se limita a reciclar vidrio y papel.

Siempre pongo la imagen de una mujer indígena con su hijo amamantando una cría de jabalí. La primera vez que lo vi, en Paraguay, pensé: “¡Qué salvajes que son!” Ahora comprendo que el salvaje soy yo. Es impresionante el sentido de conexión y reciprocidad con el medio que los pueblos indígenas tienen. No talan dos árboles si sólo necesitan uno. Y nosotros hemos roto ese sentido de reciprocidad. Nos hemos embriagado con la parte técnica y hemos mercantilizado y deshumanizado las relaciones humanas. A los pueblos indígenas les cuesta entender que lleguen las empresas y allí donde hay árboles vean dinero, donde hay agua vean dinero…

Aquí nos hemos acomodado.

Cuando vengo de allí percibo aquí una parálisis social. No puede ser que sólo una parte del mundo empuje. Como explica Boaventura de Sousa, si queremos universalizar el estilo de vida de los EEUU y Europa necesitaremos tres planetas, y sobran dos terceras partes de la humanidad, y esto es inviable. Una segunda dinámica posible es que hubiera una guerra o un desastre natural, pero eso sería terrible. Y la tercera dinámica, que es por la que yo apuesto, es tomar conciencia de que nos necesitamos todos y que necesitamos un paradigma más austero. Necesitamos simplificar la vida para ser felices. Y para ello es preciso que la ecología sea el referente en cualquier proyecto político, económico y cultural, y no como ahora, que manda la dictadura del capital. El Papa está preparando una encíclica sobre ecología y sería muy significativo que se pudiera lanzar desde el Amazonas.

Usted viene de una experiencia eclesial latinoamericana muy diferente, supongo, de la europea.

Tengo la impresión de que la Iglesia en Europa vive acomodada e instalada, como la propia sociedad. La experiencia con los pueblos indígenas ha sido un despertar en mi propia experiencia de Dios. Yo también estoy deconstruyendo mi imagen de Dios y construyendo otra a partir de los procesos chamánicos. He tenido experiencias espirituales muy significativas: tres dentro del espacio cristiano y una dentro del espacio chamánico. Y es la que me ha hecho conectar corazón con razón. Y nunca ningún indio me ha intentado convertir, no son colonizadores.

¿Y la Iglesia católica lo es todavía?

Estamos avanzando pero hay de todo. Debemos ser humildes y reconocer que nos hemos equivocado. Nos ha tocado amansar a los indios y blanquearlos para que después el sistema llegue a civilizarlos, que es deshumanizarlos. Y debemos reconocer ese pecado, este error histórico. Y se está haciendo. Es admirable la cantidad de religiosos y laicos asesinados en América Latina por, como dice Pere Casaldàliga, plantarse y asumir las causas y consecuencias de los indios. Hay una dimensión política del compromiso espiritual y ecológico.

Fernando López

Imagen extraída de: Diari Ara

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