Entrevista a Cristina Monteys: Diez años de un grupo de espiritualidad femenina

Entrevista a Cristina Monteys: Diez años de un grupo de espiritualidad femenina

Lucia MontobbioEn el momento en que entrevisté a Cristina Monteys hacía poco que se había celebrado el Día de la Mujer. Una ocasión perfecta para hablaros de una iniciativa recogida dentro de la Asociación UNESCO para el Diálogo Interreligioso (AUDIR). Un grupo de mujeres.

Hablo con Cristina Monteys, coordinadora de este grupo de espiritualidad femenina y también de la Oficina de Asuntos Religiosos del Ayuntamiento de Barcelona. Enseguida me puntualiza -y con razón- que hablar de una mujer no es lo mismo que hablar de un grupo de mujeres.

«Cuando se habla en general de las mujeres, creo que es mucho más adecuado hacer referencia en plural, es decir, hablar de “las mujeres”, con toda su diversidad y la complejidad que implica, y no de la mujer, que puede hacer pensar en una lectura esencialista y uniformizadora, como si ya todo el mundo supiera qué clase de cosa es una mujer», me explica; y continúa: «en cualquier caso, yo me siento mucho más cómoda y me resulta mucho más fácil identificarme con una referencia a las mujeres -si son muchas seguro que habrá un espacio para mí-, que a la mujer. ¿Cuál? ¿Yo u otra?».

La entrevista la he tenido que hacer por escrito. No ha sido posible cuadrar agendas. Pero nos hemos intercambiado correos electrónicos. Esto ha hecho que pudiera reformular las preguntas en plural, y que todo el grupo de mujeres revisara las respuestas que Cristina me había enviado. Este es el fruto de nuestra correspondencia.

¿Cuándo se constituyó el grupo de mujeres y por qué? 

El Grupo de mujeres tuvo su primer encuentro un día de octubre de 2003. La iniciativa de crear el grupo surgió en el marco del proceso de preparación del Parlamento de las Religiones del Mundo, que se celebró en Barcelona en julio de 2004. En este proceso de preparación, uno de los elementos fundamentales fue la dinamización del diálogo
interreligioso en Cataluña de cara a que el Parlamento fuera un acontecimiento realmente significativo, y que pudiera contar con una verdadera participación de personas sensibles, comprometidas con el diálogo y la construcción de la paz de todas las tradiciones religiosas
presentes en nuestro país. Así, en este mismo marco, AUDIR puso en marcha otros grupos de diálogo, de los cuales el nuestro no es el único que sigue funcionando diez años después.

El grupo comenzó con mucho empuje y algunos conflictos. Nuestro primer proyecto fue la organización de una mesa redonda sobre espiritualidad femenina que se hizo dentro del Parlamento de las Religiones, que superó todas las expectativas, tanto las de los organizadores como las nuestras. Al mismo tiempo, nos costó un cierto tiempo conciliar las diferentes visiones sobre el papel de las mujeres en las religiones, la espiritualidad femenina y las reivindicaciones de género. Mujeres diferentes, provenientes de contextos religiosos y culturales diferentes, pueden tener modos también muy diferentes de plantearse todas estas cosas y, sea como sea, cada una debe encontrar su propio camino, su propia manera. Por ello, ha sido necesario trabajar mucho la escucha, de modo que vamos encontrando como avanzar y crecer juntas, incluso cuando discrepamos.

Ya supongo que cada una tiene su punto de vista. Además de diversidad en vuestros planteamientos y caminos, también hay diversidad de religión, ¿verdad?

Sí. En la actualidad, el grupo tiene ocho miembros: tres católicas, una budista, una musulmana, una de la Asociación Espiritual Brahma Kumaris, y dos que, a pesar de tener raíces cristianas, han hecho camino por otras vías, sobre todo en la búsqueda de una espiritualidad femenina. Pero hemos conseguido lo más difícil en un grupo interreligioso: quizás empezamos con intención de «mostrar» nuestra diversidad, y había, podríamos decir, «una cata de cada casa». Con el tiempo, sin embargo, hemos olvidado las etiquetas y ya no interactuamos como representantes de una u otra religión, sino como un auténtico grupo de espiritualidad femenina, donde todas somos hermanas. El trabajo del grupo parte de nuestras experiencias y las compartimos desde lo que somos y que es significativo para cada una de nosotras. No se trata de «el Corán dice», o «el budismo dice», o «Jesús dice», sino de «yo, que soy musulmana, budista, cristiana…, lo vivo así… Mi tradición me dice esto…».

¿Qué papel crees que tienen las mujeres en las religiones?

Institucionalmente, mínimo, es cierto. Pero, esto no quiere decir que no tenga ninguna importancia, sino al contrario. Las mujeres hemos trabajado, desde siempre, en los márgenes de todos los ámbitos de poder y en la base de todas las formas de organización [véase Dialogal número 44 ]. Sin embargo, hoy, estos márgenes son fronterizos, mediadores, hacen redes, crean intersticios… Y la base es un espacio donde aprender a compartir desde la horizontalidad y el reconocimiento. Y cada día es más necesario que las mujeres jueguen fuerte, con un papel relevante en su mundo y en sus vidas. El patriarcado es un sistema que se basa en relaciones de dominación y sumisión , que deshumaniza y que acabará por convertir las religiones en algo obsoleto. Ahora bien, nuestra participación, en realidad, depende más de nosotras que de nadie. No se trata de llorar por lo que no podemos hacer, sino de reconocer y valorar lo que las mujeres hacemos y somos, nuestro patrimonio y sabiduría espirituales, y avanzar por nuestro camino con confianza.

¿El papel de las mujeres ha de cambiar? Y si así es, ¿hacia dónde?

El horizonte con el que trabajamos en el grupo no es tanto cambiar el papel de las mujeres en las religiones, sino buscar, explorar, aprender maneras de que, entre todos, mujeres y hombres, seamos capaces de crear relaciones, espacios y comunidades basados ​​en el reconocimiento de la dignidad de todas las personas, sean cuales sean su situación y sus opciones personales. La experiencia de las mujeres de ser los márgenes y la base puede hacer aportaciones importantes en este proceso. Al mismo tiempo, las mujeres también debemos cambiar, debemos reconocer y transformar en nosotras mismas aquellas actitudes que dificultan este cambio y potenciar y amar todo aquello de lo que somos capaces para ofrecer a los demás.

¿Cómo se consigue este cambio?

¡La pregunta del millón! El trabajo que hacemos en el grupo intenta orientarse en esta dirección a través del trabajo en círculo y las relaciones horizontales no jerárquicas, el escuchar sin juzgar en un espacio donde todos tienen cosas valiosas que decir, el reconocimiento y el respeto, la práctica del silencio, la conexión con el cuerpo y con las emociones, la celebración, la creación de cosas bellas, el compartir una comida, la solidaridad con quien sufre… y, sobre todo, haciendo lo que queremos hacer.

¿Qué acciones realizáis como grupo?

Nos reunimos una vez al mes, siempre con un tema que hemos decidido previamente sobre la mesa, sobre la cual exploramos las diversas perspectivas que cada una aporta, junto con la sabiduría y las enseñanzas de las diversas tradiciones. Se trata, sobre todo, de un proceso de aprendizaje en torno a las actitudes y habilidades que nos ayudarán en el proceso de transformación personal y global en que nos hemos embarcado. En cada encuentro intentamos dedicar un rato largo a la meditación y a compartir lo que haya surgido de la meditación que cada uno ha hecho en casa desde la última reunión. También tenemos mucho interés en explorar maneras diferentes y creativas de expresar y compartir este trabajo y este proceso. Por eso, de vez en cuando (y menos a menudo de lo que quisiéramos), intentamos propiciar espacios de encuentro con otras mujeres. Por ejemplo, este año hemos montado un taller sobre espiritualidad femenina y transformación social, que se hizo en el marco del Foro Catalán de Teología y Liberación, y el año pasado organizamos un encuentro de mujeres alrededor del mismo tema, aprovechando la visita a Barcelona de la maestra budista norteamericana Karma Lekshe Tsomo.

Gracias Cristina.

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