Entrevista a Teresa Forcades (II): “Activar la subjetividad política”

Entrevista a Teresa Forcades (II): “Activar la subjetividad política”

Cristianisme i Justícia(Entrevista hecha por Xavier Casanovas, Oscar Mateos, Santi Torres y Nani Vall-llossera). 

El poder ya no está en manos de los actores convencionales (el estado-nación o los partidos políticos) sino que es algo etéreo como por ejemplo “los mercados”. Aunque se pudiesen generar mayorías sociales, ¿cuál es el margen para recuperar espacio político y poder?

El poder real, ciertamente, no está en los representantes del pueblo pero el poder tampoco es algo etéreo. Desde el momento en que el capitalismo se ha quedado sin contrapoder a nivel global, se han firmado tres mil tratados internacionales, bilaterales o multilaterales auspiciados por la OMC. El capitalismo hiperregula, regula de forma severa pero lo hace en función de unos intereses muy particulares que son contrarios al interés general. Esta situación provoca que una multinacional pueda demandar a un gobierno democrático cuando el parlamento legisla en contra de los intereses de esta multinacional. Este es el problema principal ahora. No es un problema etéreo sino de voluntad política. Sin querer hacer simplificaciones: tenemos un elefante en la habitación, y no queremos ver el elefante. Pues debemos encararnos primero con el elefante, y cuando lo expulsemos, vigilar para que los nuevos elefantitos no crezcan demasiado. Actualmente a nivel mundial se están aprobando unos tratados que permiten a determinadas corporaciones tener un peso superior que el del poder democrático de algunos países.

En el caso de Europa, tienes unos tratados que anulan o limitan la capacidad decisoria de los parlamentos, y además tenemos un Tratado de Lisboa que juega el papel de “constitución” sin haber sido votada por la gente, y que en la práctica limita lo que un parlamento puede hacer. Tenemos, pues, una subversión de la democracia no etérea sino fáctica, con nombres y apellidos. A mí me gustaría poder decirlo muy claro y explicar la necesidad de anular todos estos tratados: no puede haber ningún tratado por encima de una decisión democrática, no puede haber ningún tratado con más peso que las decisiones de un parlamento. Esto no es ninguna novedad y ha sido objeto de análisis político y económico por economistas como Stiglitz y más nuestros como Arcadi Oliveres. Pero la voluntad política no existe, porque existe dependencia económica de los agentes políticos respecto estos poderes fácticos, y en esto la financiación de partidos tiene mucho que ver.

Hablas con frecuencia del capitalismo como un “gigante con pies de barro”. ¿Cuál es el significado de esta metáfora?

Sí, es una metáfora sacada de la Biblia (Dan 2, 31-35). Cuando lo ves desde abajo, su altura, el oro, su poder… te mareas, pero cuando miras hacia sus pies te das cuenta que se sostiene sobre barro. No puede explicarse esta situación sin hablar de una suma de alienación cultural y de fuerza represora. A lo largo de la historia se ha repetido la misma situación. Autores como Séneca, Cicerón… filósofos, pensadores, personas dotadas de una gran consistencia intelectual criticaron las ideas de la divinización del emperador, pero la mayoría de la población aceptó pasivamente este hecho que hoy nos parece absurdo. En la mente humana de personas inteligentes se dan a menudo unos mecanismos que bloquean la acción a favor de la justicia, porque aquello que deberías remover ejerce sobre ellas un temor reverencial. Este temor, hoy no lo tenemos por nuestros políticos. ¿A quién debemos pues esta reverencia? Creo que tal como denuncia el análisis marxista de la alienación, tenemos ese temor o ese respeto (que Marx llamó ‘fetichismo’)  respecto al dinero o al sistema económico: el sistema económico no se puede tocar. ¿Y quién ha dicho eso? ¿Quién ha hecho este sistema económico? Lo hemos creado nosotros ¿no?, pues si lo hemos hecho nosotros y nos gusta, mantengámoslo, pero si no nos gusta, ¡claro que hemos de cambiarlo! Sin pensarlo dos veces.

El filósofo de la liberación Enrique Dussel en su obra Las metáforas teológicas de Karl Marx, afirma que Marx recupera el concepto de “fetiche” de la Biblia, en concreto de los profetas del Antiguo Testamento. Un fetiche es algo hecho con manos humanas (la palabra fetiche proviene de facere en latín), algo ‘hecho’ que olvidándonos que es un producto nuestro, lo ponemos en un pedestal, le rendimos adoración y le permitimos que nos exija sacrificios humanos. ¡No, no hagas esto! Si quieres arrodillarte, hazlo ante el Dios vivo que te da vida y que no va a pedirte nunca sacrificios humanos, pero no ante un fetiche fruto de tus manos. Pues esta crítica que es la crítica de los profetas, Marx afirma que es lo que hemos hecho nosotros con el dinero y el sistema económico capitalista.  Algo que hemos creado nosotros lo hemos puesto en un pedestal, nos hemos arrodillado y estamos permitiendo que nos exija sacrificios humanos. En España hemos cambiado de la noche a la mañana la Constitución sin ningún tipo de referéndum para rendir culto al fetiche: hemos decretado que la deuda y los criterios de convergencia económica están por encima de las necesidades sociales. El mundo al revés. La buena noticia es que el sistema económico es “algo construido por manos humanas”, y por tanto, si superamos la dinámica fetichista, nos daremos cuenta de que depende de nosotros y no al revés; el sistema económico puede y debe cambiarse cuando excluye y perjudica a la mayoría de la población.

Para ello, insistes en tus escritos en “recuperar la subjetividad política”. ¿En que consiste esto?

Desde el principio de lo que conocemos como Historia hasta ahora, todos los cambios sociales que han buscado una mayor justicia social han sido cambios desde abajo. Es lógico, si tu tienes un sistema de desigualdad social con gente abajo y gente arriba, los de arriba ¿por qué han de querer cambiar nada? Puede ser que haya casos individuales de conversión del corazón, a veces pasa, personas de un ámbito privilegiado que se dan cuenta de que “esto no va”, pero a fin de convertirse en agente político de cambio, estas personas ‘de arriba’ deben sumarse a un agente que actúa desde abajo. Yo más que de recuperación prefiero hablar de “activación”, porque sólo se recupera lo que previamente se ha perdido y la subjetividad política no la puedes perder, es intrínseca a la persona, es lo que tu eres. Tampoco nadie te la otorga, sino que forma parte de tu ser persona, y para mí va ligada más que a la ciudadanía al hecho de “ser imagen de Dios”. Esta es mi forma de entenderlo, pero cada uno puede decirlo con su lenguaje, y hablar por ejemplo de “dignidad personal”. Solamente por un mecanismo de alienación puede quedar inactiva mi subjetividad política y dejo entonces de ser consciente de que la tengo. De ahí la importancia de activar esta subjetividad, y esto es lo que se percibe que está pasando en nuestro país: un proceso de activación de la subjetividad política. Los poderes fácticos se están dando cuenta de ello y no están tardando a responder, nunca se están quietos.

Pero aunque efectivamente, las personas se estén activando, la pregunta es como canalizar esto. Hay un malestar, una activación, pero que debido a la crisis de mediaciones como los partidos políticos o los grandes sindicatos a veces no tiene salida y simplemente se queda en esto. ¿Con qué instrumentos contamos para dar salida a esta activación del sujeto político?

Primero hay que decir que sí hay partidos que son canal de esta activación política hacia una ruptura, en Cataluña tenemos el caso de las CUP (Candidaturas de Unidad Popular). También hay sindicatos pequeños, y no tan pequeños, como es el caso del sindicato COBAS de Telefónica, que están realizando su lucha de una forma modélica. Hay movimiento. Es como el profeta Elías cuando dice “estoy solo, soy el único que no he adorado a los dioses baal”, pero cuando se activa se encuentra con siete mil más que se han mantenido fieles que le ayudan a hacer la revolución (cf. 1Re 19:14 vs. 1Re 19,18). Por tanto aquí ya hay gente que hace tiempo que está trabajando y que está trabajando bien. Para mí la canalización la he visto a través del Procés Constituent no sólo como movimiento en el que estoy comprometida sino como un tipo de propuesta que puede funcionar.

Creo que el Procés Constituent es un buen instrumento que se puede generalizar a otros contextos. Es una propuesta que en lugar de querer formar una macroestructura o un partido político que se quiera perpetuar en el poder, busca hacer posible una alianza estratégica de ruptura entre movimientos sociales muy diversos, partidos ya existentes y personas y colectivos que hasta ahora no se habían sentido llamadas al compromiso político. Esta alianza debe ser lo más amplia posible, porque si no es amplia no podrá ser mayoritaria. En nuestro caso también ha tenido un papel fundamental la coyuntura política y el deseo de independencia política por parte de Cataluña. Este deseo nos permite introducir un debate lo más profundo y amplio posible sobre las condiciones de convivencia y de organización política.

No es por tanto, extrapolable a otros lugares de España.

En el resto del Estado se ha de concretar en cada lugar. Hay que canalizar un malestar existente hacia una estrategia política viable. ¿Cómo? No hay fórmula igual para todos, hay que saber donde estamos. En el País Vasco será diferente que en Andalucía, o en Galicia o en Madrid.

En Cataluña debemos aprovechar este momentum de lucha por la independencia, que por otro lado es un momentum clásico. Cuando hay un incremento del malestar social, entonces este se desvía hacia una reivindicación nacionalista. Eso ha pasado a lo largo de la historia, y el caso que tenemos más reciente es el de la reunificación alemana. Cansados de años de régimen comunista oyendo hablar del “pueblo” sin que el pueblo real tuviera voz ni voto, el pueblo de la Alemania del Este salió a la calle gritando “Wir sind das folk”  (“nosotros somos el pueblo”) y no el Politburó. Ante esta ola de reivindicaciones que tenía el potencial de crear un verdadero estado social en la Alemania del Este, ante la amenaza que esto suponía para la conciencia dormida o la alienación de la parte capitalista, Helmut Kohl fue lo suficientemente hábil para manipular este “Wir sind das folk” hacia “Wir sind ein folk” (“nosotros somos un pueblo”). Por tanto, se dijo, que el grito de la Alemania del Este era para la reunificación. Y empieza entonces el nuevo discurso: privaticémoslo todo porque lo que importa es que “volvamos a estar todos juntos”. Y aquí el precio a pagar fue la privatización de todas las propiedades públicas de Alemania del Este que tras haber sido gestionadas por un comité central, habían empezado a ser autogestionadas de forma alternativa. Todo quedó interrumpido para conseguir que “por fin los alemanes podamos volver a reunirnos, curar nuestras heridas históricas, nuestras humillaciones seculares, etc.”.

En Cataluña puede pasar algo así. Hay gente que está por la independencia y por reforzar el nacionalismo dejando la cuestión social para más adelante, pero en cambio nosotros apostamos por reforzar un proceso constituyente que trabaje claramente por un nuevo ordenamiento económico, político y social. No podemos permitir que se separe la cuestión nacional y la cuestión social.

Teresa-Forcades-Monestir-Montserrat-Bayer_EDIIMA20130107_0068_13Imagen extraída de: Eldiario.es

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