¿Crear riqueza o repartirla mejor? Inequidad y desarrollo humano

¿Crear riqueza o repartirla mejor? Inequidad y desarrollo humano

José Eizaguirre“España ha dado un vuelco total a mejor” es el titular a toda página que presenta la revista Actualidad Económica en la última semana de marzo. La frase es de Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, que aparece risueño llenando la portada de la revista (y uno no sabe quién tiene más desvergüenza, si el autor de la frase o el editor de la publicación al destacarla de esa manera).

Precisamente el jueves de esa misma semana se presentó el estudio Análisis y Perspectivas 2014, de la Fundación Foessa, que, en línea con informes anteriores, denuncia que la pobreza sigue agravándose en España (aquello de “más intensa, más extensa y más crónica”). El trabajo revela que 11,7 millones de personas están afectadas en España por distintos procesos de exclusión social, un 60% más que en 2007.

Son las dos caras de la realidad, vistas desde lados distintos. “La estadística es la ciencia que, si yo me como dos pollos y tú ninguno, concluye que nos hemos comido un pollo cada uno”. Para quien le tocan los dos pollos (o varios millones de pollos, en algunos casos), la situación es inmejorable. A quien no le llega ni una uña, no puede decir lo mismo. Es el eterno debate entre los partidarios de, sobre todo, crear riqueza y los de, sobre todo, repartirla. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando, nos dice el papa Francisco en la Evangelii Gaudium (54). Después de esto, ¿cómo seguir defendiendo unas políticas económicas que, en la práctica, están haciendo crecer las diferencias sociales? Esas teorías jamás han sido confirmadas por los hechos. Más bien al contrario.

Leyendo la exortación apostólica, parece claro que para Francisco la cuestión de la inequidad es crucial: “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales” (202).

La palabra del papa no es la única voz de autoridad que en los últimos tiempos ha destacado esta cuestión. Los Informes de Desarrollo Humano del PNUD llevan tiempo resaltándola. El Informe de 2011 presenta estudios que muestran cómo políticas orientadas a una mayor igualdad, tanto entre países como al interior de ellos, se correlacionan con mayor desarrollo: “Este análisis pone de relieve las posibles ventajas de aplicar modelos de desarrollo que den prioridad a la desigualdad y no, o en menor medida, al crecimiento económico” (p. 48). Y el Informe de 2013, después de reconocer que en los últimos años la gran mayoría de países ha aumentado su Índice de Desarrolo Humano (IDH), añade una nota negativa:”Se trata de una buena noticia. No obstante, para progresar se necesita más que una mejora promedio del IDH. No es deseable ni sostenible que el crecimiento del IDH esté acompañado por una creciente desigualdad en los ingresos, patrones insostenibles de consumo, elevado gasto en defensa y escasa cohesión social” (Informe 2013, Resumen, p. 2) En este contexto en el que hay pollos para todos, en el que los bienes materiales que ahora mismo hay en circulación son suficientes para que todos vivamos con un mínimo de dignidad, ¿dónde hemos de poner más el acento, en la creación de riqueza o en su distribución?

Más allá de una cuestión ideológica o religiosa, es algo que cualquier persona sensata puede constatar, como ya apuntaba Pío XI en 1931: “Hágase que la distribución de los bienes creados se corrija y se conforme con las normas del bien común o de la justicia social; porque cualquier persona sensata ve cuán grave daño trae consigo la actual distribución de bienes por el enorme contraste entre unos pocos riquísimos y los innumerables necesitados”. (QA 58)

Dejemos las citas. ¿No es algo de sentido común, algo que cualquier persona sensata puede constatar? Cualquiera de nosotros podemos tener la experiencia de que para que una familia vaya a mejor todos sus miembros han de ir a mejor. ¿Cómo hablar de la prosperidad de una familia cuando uno de los hermanos es super-riquísimo y el resto pasa necesidad?

En este tema de Las desigualdades en el desarrollo humano se centra este año la campaña “Cuarenta días con los últimos“, promovida por los religiosos marianistas. Desde el Miércoles de Ceniza estamos recorriendo los países que están a la cola en los muchos y complejos índices de desarrollo humano que maneja el PNUD. De esta manera, a la vez que descubrimos esas otras dimensiones del desarrollo estamos conociendo quiénes son los más desfavorecidos en cada uno de esos índices. Además de poner la atención en los habitantes de esos países, los sábados están dedicados a mirar la realidad social en España. Hablando de inequidad, resulta inevitable hacerlo, ya que nuestro país es, según un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional, el país de la UE que más está aumentando la brecha entre ricos y pobres. Y, como otros años, la campaña incluye cada día una breve cita bíblica y una oración para ayudarnos a vivir este tiempo cuaresmal en el que acompañamos a Jesús en su subida a Jerusalén. La campaña “Cuarenta días con los últimos” puede seguirse en www.40ultimos.org y en redes sociales.

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